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Las juntas directivas no están destinadas, únicamente, para almuerzos, dietas y conversaciones agradables.  Sin embargo, esto es muy común y por ello, Ram Charan, profesor de Harvard, las llama juntas “ceremoniales”.  La junta directiva es la máxima autoridad de la organización empresarial y sus funciones son: 1) el diseño y seguimiento de la estrategia competitiva de la empresa; 2) la selección del gerente general y su sucesor; 3) la remuneración del gerente general; 4) el desarrollo de los futuros líderes y 5) el control del “riesgo empresarial”, es decir, la presupuestación de capital, las fusiones y adquisiciones y la transparencia.

Consecuentemente, el director debe constantemente  hacerse las siguientes preguntas: ¿La empresa tiene la estrategia competitiva adecuada? ¿Tiene al gerente adecuado?  ¿Su compensación es adecuada? ¿Sus iniciativas “crean o destruyen valor” a los accionistas?  Como dice Ram Charam, la gestión de la junta directiva no se debe medir por los insumos, es decir, sus procesos, reuniones o publicaciones, especialmente, como dice Warren Buffett, cuando están llenas de fotografías y eventos sociales; sino por sus resultados, es decir, por el “valor incremental”, que con sus decisiones, aportan al accionista. 

Lo demás es pura poesía.

“Con respecto a la selección del gerente general, podríamos establecer una lista interminable de cualidades que este debería poseer y, como siempre es más fácil agregar que eliminar, al final no sabríamos las que son realmente clave para el éxito de la empresa”.

Con respecto a la estrategia, se deben preguntar: ¿En qué dirección va el negocio? ¿Cuál es su “posicionamiento” frente a la competencia y el entorno? ¿Cómo crecerá el negocio y cómo aprovechará las oportunidades que busca o se le presentan?  ¿Cómo vamos a ganar dinero con esta estrategia? Según algunos “expertos”, los directores no deben formular la estrategia, pero sí entenderla y ayudarle a la gerencia a verificar que es adecuada. Para no caer en una discusión estéril, lo importante es reconocer que la máxima autoridad de la empresa es la junta directiva y que una de sus responsabilidades fundamentales es aprobar la estrategia de la empresa.

Con respecto a la selección del gerente general, podríamos establecer una lista interminable de cualidades que este debería poseer y, como siempre es más fácil agregar que eliminar, al final no sabríamos las que son realmente clave para el éxito de la empresa. En este sentido Jack Welck, el legendario gerente de General Electric, nos dice que lo fundamental es que el gerente general tenga las habilidades, los valores y el comportamiento específicos para la “misión” de la empresa.  Si lo que necesito es un gerente general para administrar una cadena de hoteles, no lo buscaré entre los mejores cirujanos de corazón que existan en el mundo.  Esta selección es muy importante, ya que si nos equivocamos, es sumamente difícil corregir el error. No hay nada más difícil que despedir a un gerente general “mediocre”. Posiblemente despedir a un hijo sea más fácil, aunque siempre me han dicho que lo más difícil es despedir a un yerno.

Para concluir con este tema, solo nos basta decir que la remuneración del gerente general debe estar necesariamente ligada al bienestar de los accionistas (el rendimiento sobre su inversión) y, por lo tanto, al de la empresa.  Esto es obvio, pero casi nunca ocurre. Cuando a la empresa le va bien el  gerente general recibe un bono como premio y cuando le va mal, también recibe un bono para que no sienta mal y nos saque el hoyo en el que, probablemente, el mismo nos metió.   

Por otro lado, según Warren Buffett, los directores deben poseer las siguientes cualidades: 1. Capacidad empresarial; 2. Interés en el negocio y 3. Defender los intereses de los accionistas. Los criterios de Buffett hay que tomarlos muy en cuenta, porque su estilo gerencial consiste en “reclutar bien y gerenciar poco”.

La cualidad más importante es la “capacidad empresarial”. Los directores no deben escogerse por la simpatía o popularidad de que gocen en el medio, y tampoco se deben escoger para llenar una “cuota”; por ejemplo, “un director que use lentes”.  Se deben escoger por el conocimiento que tengan del negocio.

Los directores para estar “interesados” en el negocio, deben haber invertido una parte importante de su capital en la empresa. 

De esta forma, tienden a identificarse con los intereses de los inversionistas y serán independientes de la administración.

Los directores deben ser “independientes” de la gerencia. Sin embargo, independencia no significa simplemente ser un director “externo”, ya que muchas veces estos directores terminan siendo los más dependientes, pues desean congraciarse con la gerencia general, que comúnmente los recluta, y no con los accionistas, que son los verdaderos dueños y quienes realmente les pagan sus dietas, consultorías y beneficios.

Y para terminar, nuevamente les recuerdo que estos temas serán discutidos en la maestría del Ibesi y la CCSN.

 

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