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El arte de transformar los desechos de aluminio en relucientes utensilios de cocina le ha  permitido al rivense Francisco Hernández montar su propio  negocio familiar.

Este hombre, habitante del barrio La Puebla, asegura que desde 1991 se percató que los desechos de aluminio como latas de cerveza y bebidas que muchos  arrojan a las calles o cestos de basura, tienen  valor económico al ser reutilizados como materia prima para la elaboración de ollas, pailas, peroles y cucharones.

“Esto lo aprendí a través de un amigo  de Chinandega  que se llama Alonso Antonio Hernández, y juntos iniciamos el negocio  en 1991 y  semanalmente lográbamos exportar a Costa Rica entre 90 y 120 utensilios de cocina, y hasta agentes vendedores, porque la venta de estos productos era una fiebre en ese momento”, explicó.

Recuerda que las buenas ventas se mantuvieron hasta el 2008, y para cumplir con los pedidos Hernández reciclaba  200 libras de chatarra por día, pero asegura que a raíz de  la crisis mundial la comercialización de los productos se redujo drásticamente en Costa Rica.

“Por esta razón ahora procesamos las 200 libras de aluminio al mes para la  elaboración de 25 a 30 ollas o peroles que comercializamos en el mercado nacional entre C$150 y C$800, dependiendo del tamaño”, comentó.

Proceso

Entre las piezas con mayor demanda, Hernández  aseguró que  se encuentran los peroles utilizados para hacer nacatamales, sopa o para preparar grandes volúmenes de comida y pailas para hacer carne a la plancha.

La fabricación de estos utensilios de cocina inicia con la captación de los desechos  de aluminio,  los cuales son acopiados en la casa de habitación de Hernández.

En el patio de la casa los materiales son fundidos, y una vez que el metal se trasforma en líquido se derrama en los diversos moldes ardientes que hay sobre el suelo y una vez que las altas temperaturas lo endurecen se extraen para limpiarlos y pulirlos y con el visto bueno de Hernández, quedan listos para ser  comercializados.  

De acuerdo con Hernández, el proceso de fundición tarda una hora, mientras que el de endurecimiento de las piezas apenas es de 5 minutos.

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