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Los fraudes electrónicos pueden costar millones de dólares a los bancos. Operados por bandas internacionales, estas estafas tienden a aumentar con el desarrollo de la tecnología y la falta de concientización de sus usuarios. Para prevenir un contagio al sector bancario nicaragüense, un total de 800 funcionarios y colaboradores de los seis establecimientos miembros de la Asociación de Bancos Privados de Nicaragua (Asobanp) siguieron esta semana un seminario contra “el fraude bancario y el cibercrimen”.

“Hablar de más”

Según el especialista mexicano Carlos Ramírez, uno de los conferencistas, existen dos tipos de dificultades: los riesgos operacionales y los tecnológicos. Para realizar los fraudes, algunos estafadores buscan simplemente datos en las redes sociales y registran un perfil de la persona hasta, por ejemplo, conseguir hacerse enviar una tarjeta de crédito a nombre de otro. “Sigue siendo más común que hablemos de más que nos vengan directamente a robar datos. Hay muchos pillos con las orejas bien puestas”, recuerda el criminólogo especializado en prevención del fraude, análisis de inteligencia y seguridad corporativa. 

Por cada dólar perdido, se gastan cuatro para descubrir el ilícito, analizarlo, identificar quién fue el responsable y perseguirlo. En Estados Unidos existe una base de datos donde están registrados unos 2,800 estafadores. “Siempre son los mismos”, subraya el experto en informática Iñaki Domaica. Se calcula que la mitad de estas llamadas es realizada por un top 10 de timadores. Algunos pueden realizar hasta 180 llamadas por mes. Para hacer frente, algunos bancos han desarrollado una tecnología de biometría vocal con análisis de metadatos que permite identificar a las llamadas fraudulentas.

Riesgo tecnológico

Teresa Montealegre, directora ejecutiva de Asobanp, recuerda que Nicaragua está atravesando un cambio cultural con la modernización de la economía. Los mismos bancos están desarrollando tecnología que permite acceder a su cuenta a través de cualquier dispositivo electrónico. “Esto también significa nuevos riesgos a nivel de seguridad. Queremos concientizar a nuestros empleados para que ellos eduquen a los clientes a nunca transmitir información sensible”.

Pero el enemigo no siempre viene del exterior. Muchas veces, son los propios empleados quienes roban a su empresa o blanquean dinero. Para Carlos Ramírez, las empresas deben desarrollar protocolos que permitan a los empleados denunciar los fraudes, eventualmente saltándose su jerarquía directa (whistle-blowing, según el término inglés). “Hay que atender la inquietud del personal y garantizarle confidencialidad. A veces se crean dilemas entre el respeto de las reglas internas y el interés público”.

“El desarrollo de la tecnología también significa nuevos riesgos a nivel de seguridad. Queremos concientizar a nuestros empleados para que eduquen a los clientes”, dijo Montealegre, directora ejecutiva de Asobanp.

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