Melvin Escobar
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Se viene la etapa del año en que la mayoría de las personas dedican buena parte de sus recursos a realizar compras para las comidas especiales, ropas nuevas, electrodomésticos, juguetes y cualquier otra clase de artículos que esté a la venta, porque nuestra realidad como consumidores nos dicta que no somos dueños de nuestras decisiones, alguien más decide por nosotros, la oferta decide por nosotros, es decir, que somos capaces de comprar todo cuanto se nos ofrece, con la única limitante del poder adquisitivo de cada individuo.

Ya lo ha dicho el pensador austriaco Ivan Rech, “en una sociedad de consumo hay inevitablemente dos clases de esclavos, los prisioneros de la adicción y los presos de la envidia”.  Es preciso apuntar eso sí, que no todas las compras tienen los motores mencionados,  es indudable que hay compras verdaderamente necesarias.

Por otra parte, en el caso específico de los electrodomésticos, el consumidor debe hacer su elección no solo tomando en cuenta el precio, sino el riesgo que implica la compra, por ejemplo, no es lo mismo comprarle a un proveedor que nos otorga mayores beneficios en cuanto a garantía o servicios posventa se refiere.

El consumidor es la medida

Se ha dicho mucho sobre la denominada soberanía del consumidor, en realidad podríamos decir que es esa la condición anhelada. La soberanía del consumidor se refiere a la libertad y poder de decisión que debería tener el mismo, no obstante, para que tal situación se concrete, es indispensable un mercado en el que fluya la información transparente.

En sentido contrario, nos encontramos con que es el mismo empresario interesado en vender y persuadir el que la difunde, por eso no podemos creer que todo sea cierto.

Ante la situación planteada, el consumidor debería aspirar a ser la medida, a ser más exigente, tiene que hacer pesar su demanda, como individuo y como grupo. En principio, si se piensa adquirir un electrodoméstico, lo más recomendable  es buscar un establecimiento que brinde cierta seguridad,  procurar el denominado comercio formal que presenta ciertas características, por ejemplo facturas con número RUC,  certificado de garantía, posibilidad de otorgar un servicio responsable  posventa, a veces esto se puede observar a simple vista, es fácil advertir cuando un establecimiento no tendrá posibilidades de reparar o responder por un bien que ha salido dañado o con algún defecto.

Promociones engañosas

En varias ocasiones, hemos tenido la oportunidad de recibir ofertas  promocionales que realmente no constituían una promoción, recuérdese que esta debe estar revestida de excepcionalidad y temporalidad, así por ejemplo, no puede llamársele promoción a la oferta que un empresario hace de un determinado bien por el simple hecho de que este se encuentre a menor precio, hay que revisar el resto de las condiciones. En innumerables ocasiones he conversado con consumidores que expresan que adquirieron un bien en promoción y esta consistía en un menor precio, no obstante, el bien se adquiría sin garantía a pesar de ser nuevo. Sobre el particular, tratándose de bienes nuevos libres de defectos debería venderse con garantía y, por otra parte, no se trata de una verdadera promoción, esa práctica merece más la denominación de una venta en liquidación, sea por rotación de inventario,  o  por algún defecto del bien. Utilizar el término promoción sin que exista es una práctica prohibida y sancionada por la Ley 842.

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