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Se vine el Black Weekend y muchos ya están preparados para comprar y aprovechar las rebajas que solo en esta época alcanzan cifras de locura. Para comprender un poco el placer de comprar conversamos con una psicóloga.

La felicidad es un asunto complejo, pero se ha demostrado que como cualquier otra cosa tiene su precio,  aunque  no produce ese tipo de alegría que nos hace despertar por las mañanas, sino más bien un sentido de plenitud, éxito y satisfacción con  la vida en general.

Comprar es como tener un orgasmo, asegura la doctora Karla Angulo, psicóloga clínica. “La persona libera la tensión y puede entrar en un estado de completa relajación y satisfacción, ya que tenés en tus manos algo que estabas anhelando”, subraya.

Y es que el solo hecho de consumir produce felicidad y logro instantáneo. Ir de compras, que nos llame la atención un objeto,  tocarlo y hacerlo propio genera adrenalina, es más, si nuestro cerebro interpreta que la oferta es adecuada, justa o atractiva, como suele suceder en las rebajas, el circuito de la recompensa se activa en el cerebro, de esta forma las emociones influyen directamente sobre la conducta, guiando las decisiones de compra, independientemente de la clase de producto que tengamos frente a nuestros ojos, ya que lo importante es comprarlo,  produciéndose el placer.

En cambio, cuando el precio se juzga excesivo, el proceso cerebral es distinto, puesto que otras áreas  tales como la corteza prefrontal se activan, que se encuentra asociada con el análisis de riesgos, incertidumbres y ganancias y pérdidas.

Polos opuestos

“El mayor gozo se produce cuando la persona ha venido recogiendo para ese gasto, siente una liberación, se desestresa, aunque hay que tener en claro que esto va en dependencia del carácter y la personalidad de cada quien”, agrega Angulo.

Hay que tomar en cuenta  también que las conductas al hacer las compras va en dependencia de los géneros. Mientras que el cerebro femenino  va orientado al entorno, las conexiones entre los artículos y cómo estos van a satisfacer las necesidades de su familia, el hombre está más enfocado en entrar, encontrar el objeto deseado y salir.

No se puede negar que a los dos géneros les gusta comprar, pero diferentes cosas.  Las compras de las mujeres van orientadas a su familia, su comunidad o  dar beneficios  a las personas que dependen de ellas, buscando así argumentos racionales y emocionales al obtener un producto, tales como la historia completa del producto, qué hay detrás de la marca, de qué está hecho, en cambio, los hombres se encuentran satisfechos solo con la información racional que  necesitan adquirir, aunque esto tampoco significa que él no es un consumidor demandante y exigente, solo que ella es mucho más detallista.

Debemos considerar también que antes de realizar una compra debemos invertir en productos que generen productividad y satisfaga todas las necesidades y no solo tomárselo como un pasatiempo loco que lo dejará con las billeteras vacías.

 

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