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Con la información financiera ocurren dos cosas: nos da miedo el tema y lo vemos de menos. Hay profesores a quienes les da pena decir que enseñan “contabilidad”.  Pero como dice el profesor José Nicolás Marín, “quien no sabe leer un balance y un estado de pérdidas y ganancias, nunca comprenderá el mundo de las finanzas”.  Y Warren Buffett afirma que, “si no entiendes la contabilidad, que aunque imperfecto es el lenguaje de los negocios, no debes invertir por tu cuenta”.  Pero como señala Jack Welck, “no necesitas hablar perfectamente el italiano, para pasar un buen rato en Roma”.  Pero lo mejor nos lo agrega Buffett, “algunos hombres leen Playboy, pero yo leo estados financieros. Pero, si el cálculo o el álgebra fuesen requeridos para ser un gran inversionista, yo tendría que regresar a vender periódicos”.  En realidad, solo necesitas sumar y restar; y cuando los financistas se ponen difíciles, necesitarás multiplicar y dividir.  Pero, ¡nada más!

La contabilidad no es exacta, aunque sus resultados estén certificados por firmas auditoras.  Existen normas que legitiman esa discrecionalidad. Lo fundamental es la consistencia, para no comparar peras con manzanas. Lo valioso es el análisis de las variaciones o desviaciones con respecto al pasado, a las proyecciones y a la competencia.

Este análisis solo requiere de tres piezas de información: el estado de resultados o pérdidas y ganancias, el balance o estado de situación y el flujo de caja o de efectivo (cash flow).  recuerden que solo queremos pasar un buen rato, ¡sin complicación!

El estado de resultados indica cuánto ganamos o perdimos, en un periodo semanal, mensual, trimestral o anual.  Partimos de los ingresos por ventas (que no son necesariamente ingresos de efectivo), restamos los costos directos de producir los bienes y servicios vendidos y obtenemos las utilidades brutas, que son cruciales, pues con ellas cubrimos los gastos de operación y de ellas salen las utilidades, si es que las hay. Luego restamos los gastos generales de administración, que no están directamente vinculados con la producción y venta de los bienes y servicios, y restamos los impuestos, para obtener las utilidades netas. En los gastos generales se incluyen la depreciación de los activos físicos y las amortizaciones de los activos intangibles, que no son desembolsos de efectivo, y por ello las utilidades obtenidas, no coinciden necesariamente con los ingresos de efectivo del periodo.

El balance indica cuánto tenemos y cuánto debemos y la diferencia es el patrimonio o valor en libros; nos indica la solvencia de la empresa, en un momento dado; y al compararlo a lo largo del tiempo, podremos ver si el patrimonio de los accionistas ha aumentado o disminuido.  Su análisis inicia por los activos, restamos los pasivos y obtenemos el patrimonio de la empresa. Existe una relación entre el estado de resultado y el balance, pues el capital actual es el capital inicial más las utilidades menos los dividendos distribuidos. Las utilidades retenidas financian el crecimiento de la empresa, pero solo se deben ordenar cuando su rendimiento dentro de la empresa (las utilidades netas divididas por el patrimonio) sea mayor que el rendimiento de las alternativas de inversión que tengan los accionistas.  Tenga cuidado cuando dentro de los activos aparezca el rubro de “goodwill”, ya que es el sobreprecio, en relación con el valor en libros, que usted como accionista ha pagado por las adquisiciones realizadas por la administración y muchas veces no tienen justificación. El balance permite descubrir oportunidades de inversión: si existen dos bancos de tamaño similar y uno genera el doble de utilidades, el otro puede representar una oportunidad para comprarlo y ponerlo “en orden”.  Este método de generación de riqueza, llamado “conversión de activos”, lo enfatizaban mucho los profesores de la universidad de Yale, Martin Whitman y Martin Shubik.

El flujo de caja es fundamental, ya que como las utilidades netas no constituyen, necesariamente, un flujo de efectivo, se pueden dar situaciones en las que existiendo utilidades, el flujo de efectivo es negativo; o donde el flujo de efectivo es positivo, a pesar de las pérdidas que se estén generando. En el primer caso, la empresa paga de contado a sus suplidores y vende a 30 días plazo. En el segundo caso la empresa, cuyos clientes le pagan de presente, paga a sus suplidores a 30 días. El flujo de caja posee tres componentes, el flujo operativo, del cual depende la rentabilidad del negocio en el largo plazo; el flujo de inversión para el crecimiento del negocio y el flujo financiero, compuesto por el financiamiento neto que recibe la empresa de fuentes externas a la misma.  La forma más común de elaborar un flujo de caja es agregarle a las utilidades netas la depreciación y la amortización, ya que no constituyen desembolsos de efectivo. Este enfoque solo tiene sentido cuando la empresa, para ser competitivas, no requiere inversiones posteriores a la inicial.  Pero como dice Buffett, “los gastos de capital, como las comidas, se pueden saltar algunas veces, pero si la práctica se vuelve permanente, eventualmente te mueres”,  y lo mismo ocurre con las empresas. Pero es más fácil suspender un gasto de inversión que una suculenta comida y especialmente si estas en una junta directiva, por eso Buffett habla de los “flujos de caja libres”, que se obtienen sumándole a las utilidades netas los cargos por depreciación y amortización, pero restándole los gastos de inversión necesarios para mantener competitivo el negocio.  Por tanto, busque negocios que requieran muy poca inversión de capital adicional.

Como pueden ver, solo sumamos y restamos y le recuerdo que estos serán los temas que discutiremos en la maestría del “Ibesi” y la “CCSN”. Para consultas:nramirezs50@hotmail.com

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