Juan Sebastián Chamorro
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Este 30 de noviembre del 2015 el mundo entero pondrá sus miras sobre París, ciudad donde se reunirán los representantes de más de 190 naciones en el marco de la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21/CMP11). El resultado de la conferencia es crucial, ya que su objetivo es llegar a un nuevo acuerdo mundial, capaz de mantener el aumento de la temperatura global promedio por debajo de los 2°C en comparación con los niveles preindustriales y adaptar nuestras sociedades a las amenazas existentes.

Cuando en 1990 se publicó el primer informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), confirmando la existencia del calentamiento global y la responsabilidad humana en el fenómeno, muchos críticos intentaron negar la existencia del cambio climático o al menos la contribución humana al efecto invernadero. Hoy, 25 años más tarde, la evidencia empírica y científica nos muestra que es incuestionable que el mundo está al borde de una catástrofe climática y que existe la necesidad de actuar inmediatamente.

En Nicaragua, los impactos de eventos climáticos recientes como huracanes y sequías sobre los medios de vida de la población han demostrado la elevada vulnerabilidad del país ante el cambio climático. La ONG alemana Germanwatch enlista en su Índice de Largo Plazo de Riesgo Climático (CRI) a tres países centroamericanos entre los 10 países más afectados por el clima entre 1994 y 2013, posicionando a Nicaragua en el cuarto lugar. 

El cambio climático no se compara con ningún otro fenómeno a nivel mundial, porque por su naturaleza, no puede ser solucionado ni parcialmente, ni localmente. El cambio climático también evidencia lo que en la literatura se conoce como “la tragedia de los comunes” en relación con la atmósfera: las naciones no están dispuestas a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero por el miedo de que esto pueda reducir su crecimiento económico, pero los costos a la sociedad mundial a causa de la inacción serán exorbitantes y no existen mecanismos para internalizarlos. El cambio climático tampoco es un fenómeno justo, porque no se aplica el principio de quien contamina paga, sino que les afecta a todos los países.

Los países pobres son los más vulnerables ante los efectos del cambio climático, aunque los países desarrollados son responsables de la mayor parte de las emisiones históricas.

También es un fenómeno injusto para las futuras generaciones que tendrán que cargar con el costo social y ambiental generado por generaciones anteriores. 

Para Nicaragua es particularmente importante la adaptación al cambio climático, para la cual se requiere de cinco condiciones previas que el país debe de asumir de manera inmediata a fin de facilitar las acciones: contar con un sistema de información moderno y accesible a todos; contar con un alto nivel de concientización a todos los niveles sobre el tema; evitar la duplicidad de funciones y responsabilidades y definir un rector principal del tema; definir una política específica sobre el tema del cambio climático; y establecer una visión de administración del riesgo con especial énfasis en el uso de tecnologías que permitan predecir eventualidades y planificar acciones concretas.

Todas estas consideraciones son de vital importancia para la posición de Nicaragua ante la COP. Un país pequeño y tan vulnerable ante el cambio climático como el nuestro, necesita el apoyo técnico y financiero de la comunidad internacional para adaptarnos al fenómeno. Pero no podemos enfrentar el cambio climático apuntando hacia otros, sino adoptando una posición de ser parte de la solución. Esto significa que estemos dispuestos a seguir aumentando la resiliencia de nuestros ecosistemas, porque sirven de sumideros de carbono y de esta manera contribuyen a la reducción del efecto invernadero. El rol del sector público es crear un entorno donde las inversiones en la adaptación y mitigación del cambio climático sean lo suficientemente atractivas. 

Para el sector privado significa que debe entender el potencial de aumentar la eficiencia cuando se trata de reducir emisiones e integrar consideraciones de sostenibilidad y medidas de adaptación en la lógica y dinámica de sus empresas. El sector financiero deberá proveer nuevos modelos de seguros y créditos verdes, que premien las prácticas sostenibles. 

Transversal a todos los sectores, se deben fomentar medidas con suficientes cobeneficios para contribuir no solo a la lucha contra el cambio climático, sino también a la reducción de la pobreza y otras metas de desarrollo. A nivel internacional Nicaragua deberá evidenciar el valor de sus ecosistemas para la captura y almacenamiento de carbono y demostrar sus contribuciones en la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Convirtámonos en un ejemplo a seguir en la región, atrayendo la inversión climática y mandemos una fuerte señal al mundo de que no estamos esperando a que los demás empiecen a cambiar, sino que nosotros ya estamos en la lucha.

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