Manuel Coronel Novoa*
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Comenzamos con esta definición intuitiva del crecimiento potencial de un país, la cual viene siendo más o menos así: Es la tasa de crecimiento económico máxima que el país puede alcanzar. Una cosa es lo que un país crece y otra lo que un país puede crecer. De forma similar el PIB potencial es entonces la cantidad máxima de bienes y servicios que la economía del país puede producir operando con mano de obra, capital, y tecnología, a plena capacidad y de acuerdo con sus realidades de desarrollo.  En mi experiencia, este es el concepto intuitivo que a usted y a mí nos resultaría compatible con lo que -hemos aprendido -significa “potencial”.  De hecho, esta es la percepción predominante entre empíricos y autodidactas. Es un concepto vernáculo, pero un excelente punto de partida. Lamentablemente, el concepto no funciona si nos complicamos la vida con la rigurosidad de las llamadas ciencias económicas.

El concepto de “crecimiento potencial” ya en un ámbito más riguroso comienza donde termina nuestro amigable concepto vernáculo. Solo hay que agregarle tres cosas: el comportamiento histórico del crecimiento del PIB del país, el comportamiento de la inflación, y la evolución de los factores de producción: Mano de Obra, Capital, y Progreso Tecnológico en el largo plazo.

Habiendo dicho lo anterior, hagamos el intento de definir el crecimiento potencial de un país con el que nos podemos ir más tranquilos.  El crecimiento potencial sería la tasa de crecimiento que llevaría la economía a plena capacidad de producción manteniendo un nivel de inflación constante.  Es decir, una tasa que acelere el crecimiento de la economía (el PIB) sin que esta se sobrecaliente.

El “crecimiento potencial” de un país es un concepto econométrico. Es decir, es un parámetro no trivial que no se observa sino que se estima utilizando métodos estadísticos para la economía. Sin entrar en detalles técnicos, esta estimación resulta de una tendencia o patrón de largo plazo del comportamiento del crecimiento económico combinado con métodos de pronósticos. 

El resultado no siempre es obvio o necesariamente intuitivo.  La debilidad de estos métodos –sin entrar en detalle- estriba en que el comportamiento pasado (histórico) de la economía tiene mayor peso que los cambios estructurales que se dan en el presente o en el pasado muy reciente. Hay un sesgo hacia atrás.

Pero bueno, cual es la utilidad práctica de este concepto? Resulta que el concepto y la estimación econométrica de crecimiento potencial son relevantes porque los hacedores de política (Autoridades monetarias y fiscales) utilizan la diferencia entre el PIB potencial y el PIB observado para determinar si la economía necesita estímulo o necesita freno con políticas monetarias y fiscales expansivas o contractivas. Habrá años en que el crecimiento estará por encima del crecimiento potencial y la economía se sobrecalienta,  y habrá otros en los que el crecimiento estará por debajo y la economía se enfría.  La diferencia es conocida como brecha de crecimiento (en inglés, la lingua franca de nuestros días: Output-gap).  A más largo plazo, el PIB potencial es también una útil herramienta que nos indica la necesidad de ampliar la capacidad productiva de un país a través de reformas.

Ahora aterricemos el concepto. El FMI estima el crecimiento potencial del PIB de Nicaragua en 4% (Johnson, Christian.

Ensayo FMI 2013. Documento público). La estimación –que utiliza series hasta el 2010- me pareció correcta. Sin embargo, a la luz de nuevas evidencias y de posibles nuevas tendencias en la serie de crecimiento en los años subsiguientes, dicha estimación está a mi juicio desactualizada y se ha quedado un tanto corta. Los datos utilizados por Johnson en su estudio presentado en 2013 tienen ya cinco años de rezago, precisamente es a partir del 2010  que Nicaragua promedia un crecimiento del 4.7% anual, superando su potencial en cuatro de los últimos cinco años. Veamos: En 2011, creció en 6.2%; en 2012 en 5.1; en 2013 en 4.5; y en 2014 en 4.7%. El crecimiento proyectado del 2015, según el FMI es no menor al 4%. Pero durante estos años que Nicaragua ha crecido por encima del 4% potencial estimado por el FMI, ¿se ha acaso sobrecalentado la economía?

La respuesta es no. Veamos los datos: la inflación estable de Nicaragua es de 7%. El 5% del deslizamiento del Córdoba-que todos conocemos-, más el aproximado 2 % de la inflación que importamos del dólar.  Ahora comparémosla con el comportamiento observado de la inflación en el periodo en cuestión: En 2011 fue del 7.95 %; en 2012 de 6.6; en 2013 de 5.7; en 2014 en 6.5; y en 2015 se proyecta en cerca de 4%. Nótese que la inflación observada no ha estado por encima de la inflación estable excepto en 2011 debido a los entonces elevados precios del petróleo.

Los dos párrafos anteriores indican que el crecimiento promedio en los últimos cinco años (incluyendo un conservador 4 % para 2015) fue de 5% sin que la economía experimentase sobrecalentamiento inflacionario. Con esto fundamento mi modesta tesis que el crecimiento potencial de Nicaragua ya no puede seguir siendo de 4% como lo estimó el FMI en el 2013. Sino que es un tanto más. ¿Cuánto más?  ¿4 ½?  ¿5? Quizás los investigadores independientes y/o las universidades pueden contribuir con una estimación econométrica rigurosa.

¿Por qué es esta corrección relevante en el largo plazo? Porque un punto porcentual tiene un impacto acumulativo importante: veamos. Un crecimiento de largo plazo (potencial) de 4 porciento duplicaría nuestro PIB en aproximadamente 18 años; mientras una economía que crece a 5% lo duplicaría en unos 14. ¡Son cuatro largos años de diferencia!

*El autor es economista y es asesor del director por Brasil en el FMI y representante de Nicaragua. Sus artículos contienen sus propias opiniones y no reflejan ni las del FMI ni la de los gobiernos que representa.

 

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