Germán Retana, profesor de liderazgo de INCAE Business School.
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Hay un refrán que reza: “¿Dime de qué hablas y te diré cómo eres?” Así son también los equipos de trabajo. Si las conversaciones giran alrededor de sus problemas, debilidades y carencias, entonces, la energía se enfocará en la corrección de esas debilidades y en el restablecimiento de equilibrios; corriendo el riesgo de obsesionarse con las dificultades y dejar de lado las oportunidades. ¿Qué sucede cuando se opta por el camino contrario?

Desdichadamente, en algunos equipos y organizaciones sus líderes se concentran en señalar defectos, en criticar la escasez de recursos, en externar lamentos y nostalgias. Consecuentemente, se generan actitudes defensivas en el interior de estos equipos, pues todos saben que en cualquier momento les achacarán errores. Incluso, hay relaciones que se afectan porque se inculpan unos a otros. Los diálogos en una organización así son tensos, quejumbrosos y contagiados de amargura, mal humor y negativismo. Esos líderes en ella lucen emocionalmente desgastados debido a la constante frustración que experimentan, al reparar únicamente en los defectos de todo y de todos.

Si las conversaciones, en cambio, se encauzan hacia la consecución de una visión optimista del futuro, hacia la maximización de las cualidades actuales y hacia el uso inteligente de los factores positivos que ya se poseen para potenciarlos, la atmósfera de trabajo se impregnará de optimismo, sin perder la sensatez. Esta modalidad conocida como “indagación apreciativa” procura el conocimiento cada vez más profundo del potencial de sí mismo, del equipo y de la organización.

Indagar es adoptar una actitud exploratoria de capacidades y posibilidades, descubrir talentos y recursos de valor, estudiar a fondo lo que está bien para mejorarlo. Es poseer la avidez que tienen los niños por aprender, pues nunca cesan de preguntar los porqués y los para qués. Las personas líderes que llevan equipos a la cumbre se concentran en elevar los atributos colectivos e individuales, saben que duplicarlos es más efectivo que luchar contra los defectos.

Los indagadores ven más allá de lo visible, sueñan con metas elevadas y estimulan cambios, equipados con preguntas que guían sus conversaciones hacia: (a) qué y cómo es la organización ahora, lo sea, descubrir fortalezas, (b) lo que se podría ser: soñar, (c) diseñar lo que se debería ser, y (d) desplegar lo que se hará para concretar el futuro deseado.

El término apreciativa se refiere a que esa indagación valora positivamente, en el equipo y en sus miembros, atributos tales como: habilidades, prácticas, tradiciones, conocimientos, relaciones internas y externas, innovaciones, recursos, prestigio y experiencias, entre otros. La conversación interna gira en torno a competencias distintivas, posibilidades visionarias y tendencias aprovechables para crear algo innovador y difícil de imitar.

En la indagación apreciativa, el tema es siempre el futuro, el anhelo, lo favorable. No se trata de olvidar las debilidades, pero se parte del principio de que, al potenciar las fortalezas, la dinámica del equipo crece, la integración se acrecienta, los talentos se complementan y toda situación se analiza mediante preguntas inteligentes, orientadas a cambios positivos.

Todo depende de qué se converse en estos equipos: presente y pasado por corregir o futuro por construir a través de la maximización de las fortalezas. ¿De qué se habla en su organización?.

 

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