Juan Sebastián Chamorro
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El mundo tiene un nuevo acuerdo para combatir el cambio climático: los Estados partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) se comprometieron a adoptar medidas urgentes y mejorar la cooperación, con el fin de limitar el aumento de la temperatura media global en 2°C por encima de los niveles preindustriales. Adicionalmente al nuevo acuerdo, los países estaban invitados a presentar sus Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC) de manera voluntaria y sin efecto sobre la negociación principal.  Pocos países, incluyendo Nicaragua, optaron por no presentar sus INDC, porque favorecen mecanismos que tomen en cuenta las “emisiones históricas” de los países.

Rara vez una conferencia ha recibido tanta atención por parte de los tomadores de decisión como esta, con una participación de 150 jefes de Estado que llegaron a París. Las expectativas ante la COP21 a nivel mundial eran muy altas y el objetivo del evento era muy ambicioso: 195 países debían llegar a un acuerdo sobre la forma de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y acordar cómo los países más afectados por este fenómeno puedan adaptarse al aumento del nivel del agua y a la desertificación. Otro tema controversial fue la identificación de los recursos financieros necesarios para la transformación hacia una sociedad con menos emisiones.  

Algunos temas difíciles se debatieron hasta el último día de la conferencia, entre ellos el nivel a alcanzar en el acuerdo, el apoyo financiero a los países del Sur y la distribución de la carga entre los países desarrollados y en vías de desarrollo. Los pequeños Estados insulares, declararon que un aumento más allá de 1.5°C los pondría en peligro por la subida del nivel del mar. Países emergentes, como China y la India, que temían por su crecimiento económico, estaban en contra de un objetivo demasiado ambicioso, pero debido a que ya están sufriendo las consecuencias de las emisiones excesivas que se manifiestan como el smog en las ciudades, mostraron finalmente el interés de llegar a un acuerdo. 

Otro de los resultados claves de París fue la Agenda de Acción de Lima-París, una iniciativa liderada por los gobiernos de Francia y Perú, Naciones Unidas y CMNUCC. Su objetivo es fomentar las acciones y compromisos de los actores no estatales para contribuir a la adaptación al cambio climático y a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Este programa de acción demuestra la voluntad de realizar acciones climáticas concretas, incluso antes de que el acuerdo de París entre en vigor en 2020. 

El sector privado mostró su compromiso con la lucha contra el cambio climático: 106 bancos y decenas de inversores se han comprometido a un importante aumento de créditos vinculados a la eficiencia energética en sus carteras; 64 directores ejecutivos de empresas que juntos representan ingresos anuales de US$1.9 billones se comprometieron a integrar el precio del carbono en sus estrategias empresariales a largo plazo; 115 empresas de todo el mundo se comprometieron a alinear sus objetivos de reducción de emisiones a la meta de menos de 2°C. Se lanzó la iniciativa “Misión innovación” de 20 países que acelerará la innovación global en energías limpias. La iniciativa se complementa con un esfuerzo del sector privado llamado “Coalición de la transformación energética”, en el que 28 inversores de 10 países, encabezados por Bill Gates, se comprometen a invertir una gran cantidad de capital privado en energía limpia.

Durante el evento de la COP21 también se hicieron importantes anuncios para diferentes sectores. Los anuncios relacionados al ámbito forestal, agrícola, agua y adaptación son particularmente interesantes para Nicaragua: para el sector forestal Alemania, Noruega y el Reino Unido anunciaron su objetivo común de proporcionar más de US$5 mil millones entre 2015 y 2020; para el sector agrícola destaca la iniciativa “Suelos para la seguridad alimentaria y el clima”, que tiene como objetivo proteger y aumentar las reservas de carbono en los suelos; y relacionado al agua se destaca el Pacto de París sobre agua y adaptación al cambio climático,, que representa más de US$20 millones en asistencia técnica y, potencialmente, más de US$1 mil millones de financiamiento. 

En el ámbito de la adaptación se anunciaron sistemas de alerta temprana para más de 50 países menos desarrollados y pequeños Estados insulares; el acceso de 400 millones de personas vulnerables a un seguro en 5 años; y la Unión Europea anunció la movilización de  125 millones de euros para los países afectados por “El Niño”. Los Estados Unidos se comprometieron a duplicar las inversiones de adaptación (US$430 millones en 2014) para el año 2020, en referencia a medidas tales como la construcción de diques, la reforestación y los sistemas de alerta meteorológica. 

Algunos científicos sugieren que el acuerdo alcanzado pudo haber sido más específico en cuanto a las obligaciones asociadas a la implementación de medidas de mitigación por parte de los diferentes países. El impacto de esta Cumbre se apreciará una vez que entren en marcha las acciones para concretizar los acuerdos alcanzados, como el objetivo de mantener el aumento de la temperatura media muy por debajo de 2°C y el apoyo financiero a la elaboración de políticas sobre el clima (US$100 mil millones cada año) de los países desarrollados a los países en desarrollo. Aparte de medidas concretas, la comunidad internacional deberá de seguir con la coordinación global y renovar sus metas de manera ambiciosa a más tardar en una década.

Si bien es cierto, que el acuerdo alcanzado significa un gran avance para la sociedad global y particularmente para países vulnerables como el nuestro, es tan solo un paso pequeño en una larga lucha por salvar nuestro planeta. 

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