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En la recién celebrada Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP21) en París, más de 170 países responsables del 95% de las emisiones de carbono mundiales, acordaron el pasado sábado 12 de diciembre de 2015,  en reducir las emisiones de dióxido de carbono de aquí a 2030. De manera preliminar, comentamos los desafíos cruciales de esta cumbre en la sección DINERO de El Nuevo Diario, el 4 de diciembre de 2015.  La gran pregunta es ¿logrará el acuerdo finalmente alcanzado frenar el cambio climático de aquí a 2030? Tras la fanfarria por el acuerdo de París, esta pregunta es clave de responder-

El pacto para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero es vinculante y persigue que el aumento de la temperatura media del planeta no alcance los 2 grados centígrados de aquí a finales de siglo. Los gobiernos se han comprometido a hacer todo lo posible para que ese incremento no rebase los 1.5 grados centígrados.

Según el acuerdo, todos los estados deberán rendir cuentas del cumplimiento de su parte del tratado, y deberán revisar sus contribuciones al alza cada cinco años. Para llegar a este punto, que abre una nueva era económica baja en carbono, han hecho falta 21 años de cumbres del clima y 12 meses de intensísimos esfuerzos diplomáticos. Los países desarrollados se han comprometido a entregar 100,000 millones de dólares anuales a los menos desarrollados para que financien sus políticas climáticas a partir del año 2020.

Según las optimistas declaraciones del presidente Obama, de los Estados Unidos, rotundamente nos dice que “…No nos engañemos, el acuerdo de París establece un marco duradero necesario para luchar contra el cambio climático. Este acuerdo representa la mejor oportunidad para salvar el único planeta que tenemos…”. Más precavidamente, China, a través de su delegado, Xie Zhenhua, puntualizó  que “el acuerdo no es perfecto y que ciertas áreas necesitan mejoras. Sin embargo, eso no impide dar un paso histórico.” Y más realistamente, el representante de la India, el ministro de Medio Ambiente, Prakash Javadekar, aseveró que “el acuerdo podría haber sido más ambicioso.”4 

Esta expresión del ministro de Medio Ambiente indio, resume la consciencia de que pese al avance con el presente acuerdo, este no es suficiente para frenar el cambio climático de aquí a 2030. De los pasos necesarios para poner fin a las emisiones de gases de efecto invernadero después de 2030, se han dado dos pasos adelante, y uno atrás. La radical descarbonización de nuestras fuentes de energía, que es el único camino para salvarnos de una catástrofe climática, sigue siendo la meta inalcanzada de este siglo.

Un gran avance es que, la consciencia sobre la gravedad del cambio climático, es ahora incuestionable. Hace una década, muchos escépticos dudaban que el cambio climático fuera una consecuencia de que, desde la Revolución industrial, los sistemas humanos erosionaron aceleradamente los sistemas naturales que sustentan la vida. Ahora nadie respetable duda, que estamos contaminando y destruyendo nuestro hábitat, y que el actual funcionamiento de nuestra red energética, como la actividad de la industria y el comercio bajo las reglas del “capitalismo salvaje”, minan inexorablemente nuestras condiciones elementales de vida y de toda la vida existente en el planeta.

Sin embargo, la reciente Cumbre de París, concluye sin haber hecho lo suficiente. Como dijo el Director Ejecutivo de Greenpeace: “…Este acuerdo no nos saca del agujero en el que estamos. La diferencia es que ahora es menos profundo y tiene algunos ganchos a los que nos podemos agarrar para que este movimiento siga creciendo en todo el mundo…”

El acuerdo alcanzado en París no deja de ser una declaración de intenciones de carácter universal. Un detalle revelador ha sido que en la redacción final del acuerdo, queda con carácter condicional la obligación de disminuir las emisiones de CO2, una petición de Estados Unidos que ha hecho campaña para que el texto no sea obligatorio.

Como señala Bjørn Lomborg, la anunciada oportunidad para salvar al planeta, simplemente no lo es. Haciendo una serie de estimaciones, Lomborg concluye que “…aún si tiene éxito, el acuerdo que se logre en París solo reduciría las temperaturas para 2100 en 0.05 °C. La suba del nivel del mar solo se reduciría 1.3 centímetros…” Lomborg, B. (2015)5

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