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El Congreso de EE.UU. logró a última hora y de manera inesperada a finales de año sacar adelante uno de los principales reclamos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la reforma del sistema de cuotas para otorgar mayor peso político a las economías emergentes en la institución financiera internacional.

Desde 2012, la directora del Fondo, Christine Lagarde, no había dejado pasar la oportunidad de instar primero y criticar después a EE.UU., por su retraso de cara a la propuesta de reforma interna del organismo para reflejar el ascenso de potencias emergentes como China, la India o Brasil en la economía global.

A la par, estos países, centrados en torno al grupo de los Brics (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica), elevaron el tono de sus quejas a Washington por su incapacidad para ratificar una reforma de la que EE.UU. había sido impulsor.

De hecho, en los últimos dos años y ante la parálisis, los emergentes decidieron lanzar varias instituciones alternativas al FMI o el Banco Mundial, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), impulsado por Pekín; y el Nuevo Banco de Desarrollo y el Fondo de Reservas de los Brics.

El pasado viernes 18 de diciembre los congresistas estadounidenses aprobaron un gran paquete presupuestario para el año fiscal 2016 por 1.15 billones, entre cuyas provisiones incluyeron la sorpresiva luz verde a la reforma del FMI.

China con más poder

Los principales beneficiados tras la reforma interna son China, que pasará a ser el tercer país en representación frente al actual sexto puesto y se colocaría por delante de Francia, Alemania y el Reino Unido; la India, que ocupará el octavo en comparación con el undécimo actual; y Brasil que será el décimo, cuatro puestos por encima.

Por su lado, la cuota de EE.UU. en el FMI seguirá siendo mayoritaria, mantendría su capacidad de veto y solo se vería reducida ligeramente, desde el 17.69% actual hasta el 17.40%, seguida por Japón que mantiene el segundo lugar.

Los menos favorecidos, las economías europeas “avanzadas”, que verán disminuir también su representación, o “sillas”, en el Directorio Ejecutivo del organismo, el órgano de 24 miembros de gestión cotidiana.

Impacto

Lagarde rápidamente celebró en un comunicado la decisión como un paso hacia un FMI “más moderno y representativo”.

“Mejorará la gobernanza del Fondo al ofrecer un mejor reflejo del creciente papel de los dinámicos países emergentes y en desarrollo en la economía global”, afirmó Lagarde.

Hace unos meses las perspectivas eran mucho más sombrías. En la última Asamblea Anual del organismo, celebrada en Lima en octubre, pocos de los asistentes se mostraban optimistas sobre la reforma del sistema de cuotas, estructura base del Fondo y que decide el poder de voto de cada uno de sus 188 países miembros, y se plantearon la búsqueda de escenarios alternativos.

“El mundo llevaba esperando por la ratificación necesaria de EE.UU. desde al menos 2012. Este retraso ha costado muchísimo a EE.UU. en términos de su credibilidad y liderazgo global”, explicó Edwin Truman, investigador del centro de estudios Peterson Institute y exsubsecretario del Tesoro de Asuntos Internacionales bajo la Administración de Bill Clinton, en una conferencia telefónica.

Como consecuencia, Truman remarcó que “Washington ya no se ve como un negociador confiable en cuestiones del FMI”.

La reforma, a la vez, conlleva duplicar los fondos disponibles de la institución para prestar a países en crisis hasta los 755,000 millones de dólares.

No obstante, la concesión republicana en el Congreso llevó consigo ciertas condiciones: el legislativo deberá aprobar cualquier participación de EE.UU. en préstamos extraordinarios del FMI más allá de 2022 y el representante en el organismo deberá informar al Congreso de su votación a favor de un crédito de gran volumen.

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