Germán Retana
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El legendario campeón de boxeo Muhammad Ali decía: “Es la repetición de afirmaciones lo que lleva a creer. Y cuando el creer se transforma en una convicción profunda, las cosas comienzan a suceder”. Tanto en las empresas como en el deporte, lograr los resultados es el lenguaje que todos entienden, son estos los que alimentan la confianza para ir siempre por más y los que cohesionan voluntades para escribir nombres propios en historias y leyendas.

¿Cuál es, entonces, el camino para tener una organización que transpire convicción?

Primero, sus miembros necesitan creer con pasión en el propósito colectivo, en la misión y en las grandes metas. Deben vibrar al imaginarse triunfantes sobre el podio de los ganadores, en el cumplimiento de un sueño de trascendencia. Aquí emerge, pese a las adversidades y limitaciones de recursos, el combustible inexplicable: “Siempre le queda a cada uno la suficiente fuerza para luchar por lo que está convencido”, afirmó Goethe.

Segundo, creer en quienes ejercen el liderazgo. Vale poco albergar una ilusión como equipo, si quienes gestionan las decisiones para alcanzarla adoptan actitudes decepcionantes que aniquilan el sentido de pertenencia y la mística; si constituyen un freno a la innovación, a la espontaneidad y a la proactividad. Inspirar mediante el trabajo duro, intenciones sanas, aplicación del buen criterio, y ejercitar la equidad, el respeto y la justicia son cualidades cruciales para gozar de credibilidad ante decisiones difíciles e impopulares que pueden ser determinantes para mantener el rumbo hacia la meta.

Tercero, poseer una alta autoestima y ser realista al valorar el talento personal. Lo primero conduce a la ambición inteligente, lo segundo a la comprensión de que la aptitud “per se” no es suficiente, esta debe acompañarse de humildad y dedicación para alcanzar el mejoramiento continuo. La fortaleza mental es transcendental en el deporte, la cual se nota en la imponente “personalidad” asumida en el campo de juego. La firmeza es decisiva en los negocios, se manifiesta en la agresividad que impacta y amplía las áreas de influencia. Realmente es difícil ganarle a un equipo que “se la cree”.

Finalmente, es fundamental creer en los compañeros del equipo. Cuando nace el sentimiento de familia, las diferencias fluyen o se disipan, la sinergia de idoneidades individuales se multiplica, los competidores se sienten en desventaja; el ambiente de trabajo se inunda de una fuerza invisible e inexplicable, que se traduce en resultados y esfuerzos supremos. Los fracasos temporales en la ruta hacia el podio se afrontan con conciencia serena; todos caminan seguros en pos de su anhelo, saben que llegarán a su destino si no se detienen a tirar piedras a los perros que les ladren, como solía advertir Winston Churchill.

Personas y equipos con convicción sueñan con los ojos abiertos, no pestañean ni un instante al trabajar en pro de sus convicciones. Obtienen el respeto de todos por su adhesión irrestricta a sus anhelos y valores. Aunque en ocasiones estén perdiendo, tocando fondo o sean avasallados, siempre tienen presente la máxima de Víktor Frankl: “(…) al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino”.

¿Se podría argüir que usted y los miembros de su empresa o equipo poseen convicción?

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus