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Según usted, ¿cuál es el precio más importante de la economía?  

Para algunos es la tortilla, o el gallo pinto, o la energía, o el transporte o el combustible. Sin embargo, el precio más importante es el precio de la divisa, todavía el dólar para la mayoría de nosotros. El precio de la divisa está determinado por la tasa de cambio entre esta y nuestra moneda local; y normalmente, de este precio se desprenden todos los demás. Esto es especialmente cierto si la economía es “pequeña”, porque no influye en los precios internacionales y además es “abierta”, porque es altamente dependiente de insumos importados.

Muchos “expertos” podrán decir que no todos los bienes y servicios que producimos y consumimos son importados o exportados, lo cual es cierto; pero todos los bienes y servicios en una economía pequeña y abierta, sean transables, como las exportaciones y la importaciones, o sean no transables como los bienes inmuebles y muchos otros servicios, son afectados por la tasa de cambio.

¿Y cómo se determina el precio de la divisa, es decir, la tasa de cambio?

Los regímenes cambiarios pueden ser fijos, ajustables periódicamente, como el caso de las minidevaluaciones, fluctuantes dentro de ciertos márgenes o totalmente libres; y cualquiera de ellos puede funcionar eficientemente, si se cumple con la regla fundamental que debe regir a la política cambiaria:  si no queremos crear distorsiones en los precios que fomenten la especulación y si queremos promover el crecimiento sostenible, necesitamos que funcione el “principio de la paridad cambiaria”; es decir, que el ajuste a la tasa de cambio sea lo suficiente para compensar el exceso de la inflación local sobre la “mundial”, o sea, la de nuestros socios en el comercio internacional. Si el ajuste cambiario es mayor al diferencial de inflaciones, la divisa se vuelve muy cara y en caso contrario se vuelve muy barata.

Si la divisa se vuelve muy barata, es decir, si el ajuste cambiario es menor que el diferencial de inflaciones, nuestras exportaciones se volverán muy caras en el mercado mundial y nuestras importaciones se volverán muy baratas en el mercado local; lo cual es insostenible en el mediano plazo, ya que se agotarán las reservas internacionales, provocándose una crisis de confianza, lo cual es perjudicial para la economía nacional.

Por lo tanto, a primera vista se plantea un conflicto entre los exportadores y los importadores, pues los primeros desearían una divisa cara para mejorar sus ingresos y los segundos una barata para mejorar sus costos. Sin embargo, esta visión no es adecuada, ya que se concentra únicamente en el corto plazo.  

Por ejemplo, si la divisa se encarece demasiado, es decir, si el ajuste cambiario es mayor que el diferencial de inflaciones, las utilidades del sector exportador y del sector que compite con las importaciones, mejorarán sustancialmente, pero el resto de los sectores económicos se verán perjudicados, llegándose a afectar el clima de negocios y, por lo tanto, la seguridad de la inversión que, a nuestro juicio, es más importante que la misma rentabilidad.   

Por otro lado, si la divisa se abarata demasiado, es decir, que nuestra moneda se vuelve muy cara, las utilidades del sector importador mejorarán sustancialmente, pero el sector exportador, incluyendo al turismo de todo tipo, generador de las divisas, y el sector que compite con las importaciones, se verán perjudicados y ello, eventualmente, nos llevará a una crisis cambiaria que nos afectará a todos por igual.

Por lo tanto, lo recomendable es mantener una tasa de cambio que compense el diferencial inflacionario, pero que sea lo más estable y predecible posible. Para ello la inflación doméstica debe ser lo más baja posible, para que los ajustes cambiarios requeridos también sean lo más pequeños posibles.

Pero para mantener una baja tasa de inflación doméstica, necesitamos que el sector público sea financiado sanamente y de ser posible reduzca o elimine los déficits fiscales; que el crédito total, en el largo plazo, crezca más o menos al ritmo que crece la economía nacional y el mismo se le otorgue solamente a sujetos de crédito; y por último que la política salarial, especialmente la política de salarios mínimos, guarde relación con los niveles de inflación y con la productividad de la mano de obra.

Finalmente, es importante que la política cambiaria sea una política conocida y estable; y que preferiblemente esté basada en criterios automáticos y no esté constantemente al arbitrio del funcionario público.

La automaticidad genera confianza, la confianza genera inversión, y la inversión genera crecimiento económico, y el crecimiento económico genera empleo y bienestar.

Ahora, cuando nos encontremos y le pregunte cuál es el precio más importante de la economía, ya sabrá cuál es la respuesta.

Y recordemos que estos temas serán analizados en la maestría que será ofrecida por el Ibesi y la CCSN.  


nramirezs50@hotmail.com

 

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