Germán Retana
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Los días finales de su brillante carrera deportiva, el legendario basquetbolista Kobe Bryant aceptó una solicitud de Isaiah Thomas Junior para conversar unos minutos. El joven basquetbolista le preguntó al experimentado Bryant cómo lograba evitar las distracciones. La respuesta motivó que el muchacho expresara: “Esta es la mejor conversación que he tenido en mi vida.” ¿Qué dijo Kobe y cómo podría ser emulado en las organizaciones y proyectos personales?

Así narra Isaiah el consejo recibido: “Él me contó la historia sobre cómo un león busca su alimento. Sea lo que sea que va a cazar y comer, ¿sabes cuántos mosquitos se posan en los ojos del león y cuántos insectos hay en su cuerpo? El león está tan concentrado en la zebra que no se deja distraer por nada más. Él dijo que si te distraes por las cosas pequeñas, entonces no estás tan concentrado como creías. Me sugirió que yo fuera como un león y esto lo recordaré por el resto de mi vida.”

Esa simple, pero profunda lección de uno de los mejores basquetbolistas de todos los tiempos, explica el éxito de deportistas, empresarios y personas que exceden sus objetivos. El famoso escritor de ciencia ficción y bioquímico Isaac Asimov afirma con humor: “Nada altera mi concentración. Podrías hacer una orgía en mi oficina y yo no miraría. Bueno, quizás una vez.” Fijar la mente y todos los sentidos en las metas relevantes, en las obras trascendentes y en las prioridades ineludibles, permite enfocar recursos y energías de manera sabia y eficaz.

Los leones no tienen la velocidad ni la resistencia para perseguir a sus presas durante muchos minutos. Necesitan acercarse sigilosamente a ellas y deben atacar con precisión, de lo contrario podrían pasar hambre. Su mente necesita estar en control absoluto para disminuir errores. Curiosamente, pasan en pie apenas unas cinco horas y duermen o descansan durante el resto del día. De igual modo, la preparación integral y profunda de quienes aspiran a alcanzar propósitos elevados requiere una concentración a prueba de distracciones que resten posibilidades de éxito. 

Los leones no tienen la velocidad ni la resistencia para perseguir a sus presas durante muchos minutos. Necesitan acercarse sigilosamente a ellas y deben atacar con precisión, de lo contrario podrían pasar hambre.

El uso del celular al conducir vehículos; la adicción a las redes sociales mientras se es alumno en el aula; las preocupaciones excesivas por asuntos cuya solución es lejana, y el prestar atención a la gradería cuando se está en competencia deportiva, son apenas algunos ejemplos cotidianos de distractores que conducen a accidentes, fracasos, padecimientos y derrotas, respectivamente. Sin concentración, ni siquiera se captan las oportunidades que otros aprovechan con contundencia.

Según una popular metáfora africana, un sabio anciano narraba a unos niños que en cada ser humano habitan dos leones en pugna, estos se atacan y luchan por dominarnos y ser el más fuerte. “Uno es majestuoso, tiene ira, arrogancia, rencor y resentimiento. El otro es imponente, brillante, seguro y generoso. Presten atención esta noche, porque ambos lucharán dentro de cada uno de ustedes”, les dijo el anciano. “¿Cuál vencerá?”, preguntó uno de los niños. El anciano le respondió: “¡Vencerá únicamente aquel que tú alimentes con tu mente!”

La concentración no se orienta solamente a no dejarse inmutar externamente por nada ni por nadie, sino también a reconocer dentro de nosotros esas dos fuerzas que cohabitan. Una nos paraliza; la otra nos permite afianzar bondades, talentos y premisas que definen rutas y destinos de equipos, empresas y personas. ¿A cuál de los dos “leones” está usted alimentando?