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Cuando éramos chavalos y estudiamos en la secundaria del colegio Pedagógico, llegamos a creer que los mejores profesores, los más profundos en su área, eran aquellos a los que nada le entendíamos, ya que eran demasiado elevados para nosotros, que no éramos lo suficientemente inteligentes para poder comprenderlos. Afortunadamente, un buen tiempo después, un tío materno, el doctor Leopoldo Sánchez, que era médico y le gustaba la docencia me dijo: “Noelito, quien más domina una materia, más sencillamente la explica y la mejor forma de aprender es enseñando”.  ¡Qué alivio!

Albert Einstein pasó mucho tiempo trabajando para hacerse entender por el hombre común, ya que usted puede tener la mejor idea del mundo, pero si no la puede realizar, de nada le sirve y para poder realizarla, primero debe poder comunicarla.

Como decía Gregory Berns, “una persona puede tener la idea más grande del mundo --completamente nueva y diferente-- pero si esa persona no puede convencer de ello al resto de la gente, de nada le sirve”.

Y como dice Peter Drucker, “en cuanto usted empieza a ascender en la actividad a la que se dedique, su efectividad dependerá de su habilidad de comunicarse con otros de forma escrita o verbal”.

Steve Jobs es famoso no solo por sus grandes inventos, sino también por sus excelentes presentaciones cada vez que anunciaba un nuevo producto, ya que en lugar de brindarle información sobre el producto, le contaba una historia y, por medio de ella, le vendía un sueño. En ese sentido, cada vez que mi padre quería decir algo, ya que era una persona inteligente e informada, siempre iniciaba la conversación diciendo, “te voy a contar un cuento…” y posiblemente por esta razón, siempre nos recordamos de las famosas historias de mi padre.

Sin embargo, incluso cuando realizaba mis estudios doctorales en la universidad de Yale y a pesar que tuve el honor de recibir clases de muchos premios nobel --recuerdo que James Tobin recibió el Nobel durante el semestre que me enseñaba el curso de moneda y banca-- con frecuencia me sentía frustrado la forma de enseñar.  Pero por otro lado debo reconocer que cuando me relacioné con las escuelas de negocios, mi experiencia fue bastante diferente, reconociendo que el “sigma”, es decir, la variación de que nos habla Jack Welck, era importante entre los profesores. 

Algunos eran realmente excelentes.

Por eso no me extraño cuando asisto a conferencias y presentaciones impartidas por excelentes profesionales, que dominan el tema a la perfección y por eso asisto, pero donde la “entrega”, el “delivery” como dirían mis colegas, deja mucho que desear.

Mi abuelo y luego se lo escuché a Ronald Reagan, siempre me decía que un buen mensaje tenía tres partes:  la introducción, donde decís lo que vas a decir; el mensaje, donde decís lo que ibas a decir y la conclusión, donde decís lo que dijiste.

A todos nos da miedo hablar en público y dicen que para algunos el sentimiento es muy similar al que se experimenta frente a la muerte. Por ello es importante reconocer este hecho y antes de dar un mensaje debemos asegurarnos de dominar bien el tema, visitar el lugar donde brindaremos el mismo y llegado el momento, asegurarnos que los detalles logísticos están en orden y conversar con algunos de los primeros asistentes para perder un poco el miedo y focalizar mejor el contenido.  Eso siempre produce buenos resultados.

Recordemos que la regla fundamental de un mensaje exitoso es que debe darle respuesta a la pregunta que está en la mente de todos los asistentes:  ¿y cuál es mi beneficio?

Por ejemplo, si usted muy gentilmente nos invita al lanzamiento de un nuevo producto y el conferencista se dedica a explicarnos los grandes avances tecnológicos del mismo y a brindarnos solo información, sin decirnos en qué nos puede  beneficiar el mismo, tenga la seguridad que su iniciativa ha sido un fracaso espectacular.

Por favor, no sobrecargue a la audiencia con información, aunque sea relevante, no abuse de las estadísticas sin un sentido específico, no ofenda a la audiencia con un gran número de “filminas”, ni con filminas con un gran número de mensajes, ni de mensajes con un gran número de palabras. Eso nunca funciona: “y ahora, analizaremos la quinceava causa de los problemas que estamos enfrentando…” debemos focalizarnos y reconocer que, casi siempre, menos es más!  no actúe con prisa, pero sea breve que se lo agradecerán.

Su titular se debe referir a la idea principal que usted quiere dejar en la mente de su audiencia, por lo tanto, debe ser breve, memorable, apasionado y debe ser escrito en la forma que nos enseñaron en primer grado --sujeto, verbo y complemento; luego utilice metáforas y analogías y por favor no trate de transmitir más de tres mensajes fundamentales--. Pero además, nunca elabore una filmina como si está escribiendo un memorándum.

Y si le interesa más el tema le recomiendo los siguientes libros, “The presentation secrets of Steve Jobs”, “Fire them up!”, “Resonate”, “Slide:ology” y “Presentationzen”.

No olvide que estos temas los analizaremos en la maestría del Ibesi y la CCSN.  nramirezs50@hotmail.com

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