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SEGUNDA PARTE

La finca El Guasimal de 14 manzanas ya está certificada por UTZ Certifield y Starbucks C.A.F.E Practices como productor de café orgánico, afirma el propietario de esta propiedad  Pedro Antonio Vásquez Castillo, quien reconoce que dedicarse a  este tipo de caficultura no es fácil, pues por sobre todas las cosas que se deban hacer, pesa más “el cambio de actitud” en la persona. 

“Porque el café, ya no es como el que sembraban nuestros abuelos, que solo se chapeaba y se esperaba las buenas cosechas, y no habían enfermedades.  Ahora uno tiene que estar orientándose con ayuda de los técnicos para superar cualquier problema”, expuso. 

El Guasimal es parte de un grupo de 4 fincas modelos que atiende la Cooperativa Santiago en el marco del proyecto “Acceso a mercado sostenible y seguridad alimentaria” para 5 mil pequeños productores de café y cacao en Nicaragua. Los conocimientos de estos productores quieren irradiarlos al resto de la región. La finca tiene un moderno beneficio húmedo, con todo un sistema trazado para el manejo de la pulpa y las aguas mieles, cosecha de agua y producción de abono orgánico. “La tradición era que el beneficio tenía que estar en la quebrada, porque ella se encargaba de todo, de llevarse la pulpa y lo que fuera. Conocí la experiencia en Dipilto, y me dije: "Tengo que hacerlo, tenemos que evitar la contaminación de las aguas, porque más abajo todo mundo la ocupamos”, reflexionó. 

Mejores salarios

El beneficio está estructurado con todas las condiciones para la seguridad laboral. También dotado de material didáctico para capacitar a los corteros sobre cómo seleccionar el grano en la mata. También todos los días deben lavarse los sacos y canastos para volver a los plantíos. “Entonces les digo, le voy a aumentar 5 pesitos más para que solo me traiga el madurito. Yo pagué a C$ 45 la lata cortada”, señala.

Y promete a sus trabajadores un incentivo más, si logra vender el café orgánico a un mejor precio de lo normal.

¿Podrán sobrevivir los café orgánicos?

“Sí se puede —responde Leonel Valladarez Rodríguez, dueño de la finca Santa Prisca, situada a 1,250 metros de altura sobre el nivel del mar en Buenos Aires, Dipilto— El rollo es meterse con esta técnica. “Muchos dicen voy a hacer una finca orgánica’, solo llenan el papel, pero no trabajan en la tierra”, reprobó. Esta finca está certificada desde el año 2000 y produce 150 quintales.

Junto con sus hijos, este productor no detiene el ajetreo, mientras va explicando a El Nuevo Diario todo el proceso de actividades y técnicas que se aplican en la finca. 

Las plantaciones en las 14 manzanas de su propiedad están repletas del grano rojito de caturra, maracatú, sarchí, java y catuaí que pinta un grano amarillo. También están los catimor, pero con una mínima expresión.

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