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Fátima Carazo Toruño nació hace 32 años y creció en una comunidad llamada Salamasí, en el municipio de Yalagüina, Madriz. A poco más de 205 kilómetros de Managua. Entre las casas construidas de ladrillos y tejas de barro, reflejo vivo de un típico pueblo norteño. Proveniente de una familia luchadora, formó su carácter e idealizó un sueño: establecer su propio negocio.  

Con el paso de los años lo logró. Ahora es propietaria de Rosquillería Alondra, y piensa que las limitaciones no existen. El pasado cinco de febrero recibió el Premio Thriive al Emprendedor del Año con mayor impacto social, por haber logrado el crecimiento en su negocio y mostrar un impacto positivo en su comunidad.

¿Cómo inició su negocio?

Nuestra empresa es familiar. Empezó por tradición, mi mamá producía rosquillas y todos los derivados de ellas. Eso fue aproximadamente hace 30 años, pero siempre se quedó como una microempresa que se desarrollaba solo a nivel local. Entonces las circunstancias me han llevado a tener mi propio negocio.  

¿Se separó entonces de ella? ¿Y el negocio de su mamá?

Me separé porque quería tener el mío, ella ya tenía su tradición y no me parecía justo quedarme con su negocio. Entonces yo puse mi empresa y mi mamá siguió con la de ella. 

¿Actualmente cuántas personas trabajan con usted?

A diario trabajan 16, pero cuando hay pedidos especiales lo hacen 22 personas. 

¿Estos trabajadores son parte de su familia o vecinos de la zona?

En mi negocio solo trabajamos cuatro personas de la familia, y los demás son de la comunidad. 

¿Cómo inició a formar parte del programa Thriive?

Conocí este programa a través de otra empresaria que ya tenía conocimientos y me lo explicó y me dijo si tenía interés en participar. Como yo no había participado en otro proyecto, hice la gestión y el programa y sus donantes me clasificaron. 

¿Qué fue lo que recibió por parte de este programa para invertir en su empresa? 

Yo recibí 3,648 dólares para equipo y maquinaria que me ayudaría a avanzar con calidad e higiene. Lo que hice fui sustituir equipos que no estaban permitidos por el Ministerio de Salud, por unos que sí están aprobados. Lo que me llevó a obtener mi registro sanitario. 

¿Qué significó el estar nominada al premio del emprendedor del año con mayor impacto social y haberlo ganado?

Definitivamente estoy orgullosa. Son cinco años apenas los que llevo con mi negocio y eso significa que voy bien. El haber estado nominada a un premio donde había más de 65 empresas y ser la ganadora entre todas ellas, quiere decir que mi trabajo está dando resultados. Y eso me motiva a continuar luchando por mi familia, mi empresa y la comunidad, también a seguir siendo una fuente de empleo. 

¿Cómo ha sido el apoyo de su comunidad para lograr la sostenibilidad de su negocio?

La comunidad me ha apoyado mucho, los trabajadores siempre han puesto de su parte porque saben que es un beneficio para todos, no solo para uno. 

Fátima Carazo Toruño no pierde la idea de ampliar su negocio. Está segura de sí misma. Sabe que su familia, la comunidad y Nicaragua necesitan de personas emprendedoras que al igual que ella tengan un sueño, lo idealicen y lo hagan realidad. 

“Alondra” nombre con el que bautizó su empresa de rosquillas ya ha exportado hacia otros países como Estados Unidos en donde su marca ya se ubica en los principales anaqueles de tiendas y supermercados, lo cual le ha permitido incrementar sus ganancias e invertir para continuar creciendo.

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