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El expresidente de la empresa brasileña que pretende construir la hidroeléctrica Tumarín en Nicaragua, Marcelo Conde, dice que este proyecto “no puede ser chivo expiatorio de la crisis brasileña”.

Conde, quien hace 16 meses dejó la presidencia de Centrales Hidroeléctricas de Nicaragua (CHN), habló con El Nuevo Diario desde Brasil, vía teléfono. Hasta hoy la inversión en Tumarín ha sido superior a US$60 millones, por lo que Nicaragua debería mantener ese proyecto energético “de magnitud ambientalmente favorable y socialmente justo”, enfatiza el empresario.

¿Hace cuánto se retiró del proyecto y por qué?

Dejé la presidencia en noviembre de 2014, después de más de 5 años. Concluí todos los acuerdos necesarios para arrancar con las obras siempre con el apoyo integral del Gobierno de Nicaragua y sus distintos poderes.

Se comenta en Nicaragua que el proyecto Tumarín está muy atrasado. ¿A qué lo atribuye?

En realidad, es un proyecto bastante grande y muy complejo en los campos ambientales, sociales e ingenieril. El proyecto, por estar en el centro del país en un área con poca infraestructura, fue necesario hacer carreteras, puentes, estudios sociales y económicos y de propiedad de la tierra. El tema de la financiación estaba bastante avanzado con el apoyo mayoritario del BNDES de Brasil, Banco de Financiación de Exportaciones Brasileñas. La crisis económica y política que Brasil está pasando influyó en la incapacidad de cumplir con la financiación pactada con BNDES, obligando a la búsqueda de otros agentes financieros, que no es un tema simple tomando en cuenta la actual coyuntura económica internacional.

¿Cómo influye el problema político de Brasil en la situación de Tumarín?

El tema político de Brasil y la grave crisis económica que estamos pasando por el momento no facilita una solución rápida a un proyecto de esta magnitud, de US$1,100 millones. Yo creo que Brasil tiene que buscar una salida política y económica pronto. Hay sobre todo una crisis de confianza con los dirigentes políticos en Brasil.

¿Existe el riesgo de que el proyecto se cancele?

No hay ningún motivo. Tenemos un aspecto real que es la bajada del (precio del) crudo a niveles imprevisibles, lo que disminuye el atractivo de cualquier inversión hidroeléctrica en este momento, sea donde sea, en África, Asia o en Nicaragua. Tenemos que mirar más adelante, un proyecto como Tumarín es algo para muchas décadas de producción. Es sensato y mejora al país y una acción objetiva sería posponer dos años el arranque de las obras y buscar optimizaciones de costes de ingeniería, sobre todo en el paquete de financiación y los seguros, montos muy altos que tienen que bajar. Tumarín, después de tanta inversión que se ha hecho en Nicaragua, superior a US$60 millones, no puede ser chivo expiatorio de la crisis brasileña, dejando a Nicaragua sin la opción de un proyecto energético de magnitud ambientalmente favorable y socialmente justo, sobre todo con la parte del Caribe del país, tan necesitada de inversiones y empleo.

¿Qué pasaría con las tierras y otras inversiones si el proyecto se cerrara por completo?

Las tierras y los derechos sobre las mismas fueron pagadas por CHN, de acuerdo con las leyes de Nicaragua, por lo tanto tienen que ser respetadas.

¿Cuán necesaria es la revisión de costos del proyecto?

El proyecto tiene que ser más competitivo en función de la caída del costo del crudo y del acero y la optimización de ingeniería, sobre todo la renegociación del paquete financiero y de seguros. Fijémonos que Nicaragua ha progresado mucho en los últimos años, mejorando el ambiente económico y de negocios que podrá traer baja de prima de riesgos.

¿Qué pasaría si los costos suben demasiado?

No subirán, tienen que bajar por lo que comenté anteriormente. Recuerden que Nicaragua ha progresado mucho en los últimos ocho años con la administración del presidente Daniel Ortega.

¿La baja de precios del petróleo quita competitividad a Tumarín o puede mantener sus ventajas?

Momentáneamente disminuyó la competitividad, pero ningún administrador público responsable puede dejar un país como Nicaragua expuesto a las subidas y bajadas del crudo, ni de percibir las grandes ventajas de un enorme proyecto hidroeléctrico en una área que necesita de agua, transporte, riego, renta y trabajo, como la Región Autónoma del Caribe Norte y Sur. Estoy seguro que un tiempo más en ajustes de producción y consumo pondrá de nuevo el crudo superior a US$70. Sobre  todo que muchos de los países productores están con crisis económicas muy serias, como Venezuela, Nigeria, Angola, Irán, Rusia e Irak. Estos países sumamente dependientes del crudo no soportan precios tan bajos.

¿Qué sugiere usted, a los inversionistas y al Gobierno de Nicaragua?

Conversaciones amistosas positivas que busquen soluciones para preservar el proyecto, mirando el porvenir de Nicaragua. No podemos dejar que los escépticos y los maldosos triunfen, ni que los intereses ajenos al desarrollo del país sean protagonistas. En lenguaje común, diría, bajemos el gas y busquemos una solución.

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