Germán Retana, profesor de liderazgo de INCAE Business School.
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A mayor confianza, mayor riesgo. En los ámbitos organizacionales, deportivos y personales se insiste en que quienes no arriesgan, se arriesgan, lo cual es cierto. La incertidumbre es parte del crecimiento y de la osadía que se requiere para procurar resultados superiores. Sin embargo, la insistencia en que los miembros de una empresa o equipo se atrevan a innovar, a improvisar y a aplicar su criterio, solo será efectiva si se ha sembrado antes un clima laboral de confianza que los inspire a dar pasos arriesgados y a asumir la corrección de errores para mejorar.

Merce Conangla y Jaime Soler, españoles y creadores del enfoque de pensamiento “Ecología emocional”, proponen algunas “leyes” que ilustran la relevancia de confiar en uno mismo y en los otros. Destaquemos cuatro que vinculan la confianza y el riesgo. Ley de la autonomía: “Ayúdate a ti mismo y otros te ayudarán.” ¿Quién correría riesgos al lado de alguien que no da su máximo esfuerzo y que no confía en sí mismo? Contrariamente, la persona que se esfuerza es un imán para quienes tienen en su ADN el sentido de la solidaridad y el deseo de sumarse a luchas ajenas.

Ley de la prevención de dependencias: “No hagas por los demás aquello que ellos podrían hacer por sí mismos.”

¿Trabajaría usted a gusto con un jefe que no le permitiera asumir riesgos ni responsabilidades? Si deseamos que los hijos o los colaboradores maduren, se apropien de responsabilidades y tracen destinos, se deben crear ambientes propicios donde intenten conseguir lo que anhelan y corran los riesgos inherentes. Al acrecentar la confianza en sí mismos, serán más atrevidos y audaces; su autoestima les permitirá ser interdependientes, en lugar de dependientes.
Ley del reconocimiento de la individualidad y la diferencia: “No hagas a los demás aquello que quieres para ti, pueden tener gustos diferentes.” ¿Disfrutaría de una cena con una persona que decide qué y cuánto puede usted comer y beber? El control excesivo por parte de los superiores induce miedo al error, inseguridad y tensión emocional; además, mitiga la creatividad y la productividad de los colaboradores. Estos, corren el riesgo de dejar de disfrutar sus vidas por estar sometidos al poder de un jefe que no valora diferencias, ni complemento de perspectivas, ni el desafío de ideas, como medios para alcanzar el mejoramiento continuo de la empresa.

Ley de la limpieza relacional: “Tenemos el deber de hacer limpieza de las relaciones que son ficticias, insanas y que no nos permiten crecer como personas.” ¿Puede usted tener calidad de vida sin calidad de relaciones personales, familiares y laborales? Sea cual sea la gravedad, “todo conflicto está a una conversación de distancia”, ya sea con uno mismo o con otros; es el gran paso hacia la solución o hacia la disolución de creencias que lesionan la autoconfianza y de vínculos tóxicos que merman la energía, la motivación y la paz interior.

Cuanto más confiemos en el talento propio, más nos atreveremos a usarlo; cuanta más confianza tengamos en la profesionalidad de los líderes y colegas, mayor será el disfrute y más altas serán las metas que se persigan y se alcancen junto a ellos. Las relaciones tensas no llegan lejos.

No hay retos sin riesgos, pero estos jamás sucederán sin confianza. Bien decía Ernest Hemingway: “La mejor forma de averiguar si puedes confiar en alguien es confiar en él.” Ese “él” es usted “arriesgándose” a confiar en sí mismo: primer requisito para poder hacerlo en los semejantes.

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