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Si las mujeres —que conforman el 43% de la mano de obra agrícola en los países en desarrollo— tuvieran el mismo acceso que los hombres a recursos productivos, el rendimiento en sus granjas podría aumentar hasta 30%. 

Por eso incorporar el enfoque de género es estratégico en el abordaje de la seguridad alimentaria y nutricional, el cambio climático y la gestión de riesgos, porque permite contemplar de forma distinta las necesidades e intereses de mujeres y hombres, para proponer soluciones realistas y reducir las brechas de desarrollo, avanzando así hacia la igualdad y equidad de género.

Esa fue una de las principales conclusiones que aportó el seminario web “El enfoque de género y la seguridad alimentaria y nutricional en un contexto de riesgos y cambio climático”, realizado en la sede central del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

Extensión agrícola 

Otras de las conclusiones fue que las mujeres reciben menos préstamos y por cantidades inferiores que los hombres, y que solo el 5% de las mujeres que forman parte de la fuerza de trabajo agrícola en los países de desarrollo tiene acceso a los servicios de extensión agrícola.

“Es trascendental que se conozcan las implicaciones y se entiendan las relaciones que existen entre las temáticas, para una mayor claridad de cómo hacer efectivas las acciones concretas del enfoque de género en esta relación entre agro y el clima, políticas públicas, proyectos e iniciativas de fortalecimiento institucional y de capacidades”, afirmó el secretario ejecutivo del Consejo Agropecuario  Centroamericano (CAC), Julio Calderón.

Conexión entre las áreas 

La especialista de género y desarrollo sostenible de PNUD, Yolanda Villar, y la oficial de género y pueblos indígenas de la FAO, María Acosta, fueron las ponentes encargadas de explicar y mostrar cómo se entreteje el enfoque de género en las áreas de seguridad alimentaria y nutricional, cambio climático y gestión del riesgo.

Compartieron ejemplos y lecciones aprendidas sobre cómo el enfoque de género se ha incorporado en políticas, proyectos, metodologías y en otras acciones específicas. “El enfoque de género contribuye a construir mayor capacidad de resiliencia frente al cambio climático y autonomía por el acceso y control de recursos, de la económica y de la toma de decisiones, para las mujeres y otros grupos sociales excluidos en razón de su condición socioeconómica, etaria o étnica”, comentó Villar.

La actividad fue dirigida a los grupos técnicos del CAC, a organizaciones de mujeres rurales de la región, a las unidades de género de los ministerios de Agricultura y a otros actores del sector agropecuario de las Américas, con el fin de sensibilizar y enriquecer sus conocimientos sobre la importancia de relacionar el enfoque de género con esos tres temas claves. 

En el evento se explicó que el sector agropecuario ha sido tradicionalmente el principal sustento del crecimiento económico del país. Actualmente genera más del 30% del Producto Interno Bruto, representa cerca del 70% de las exportaciones y es la principal fuente de empleo para la población en las zonas rurales. 

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