Melvin Escobar
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En cualquier mercado, hablar de competencia es referirse a la lucha natural que los empresarios desarrollan en aras de captar clientes, pero esta ha de respetar principios como la libertad de empresa, libre competencia y, además, la lucha debe hacerse dentro de pautas leales.

La normativa de competencia desleal impone a los competidores ciertas normas de comportamiento. 

Lo esencial en este caso,  no es el hecho que un competidor capte la clientela del otro, sino los medios que se utilizan para lograr tal fin.

La doctrina hace una distinción de los actos de competencia desleal, según el interés que preponderantemente se lesiona. Así los clasifica en actos desleales en contra de los competidores, de los consumidores y, por último, del mercado en general.

En Nicaragua, la Ley 601, Promoción de la Competencia, hace una enumeración de las prácticas consideradas desleales; sin embargo, esta enumeración es ejemplificativa, pues el artículo 23 de la ley dispone una cláusula de valoración abierta. Esta menciona que se considera competencia desleal todo acto o conducta realizados por agentes económicos  contrarios a los usos y prácticas honestas en materia comercial.

Sanciones

En caso que PROCOMPETENCIA o el ente regulador determinen que un agente económico ha cometido un acto de competencia desleal, se pueden imponer sanciones que oscilan entre veinticinco y ocho mil salarios mínimos. Sucede que muy pocas denuncias existen y, a veces, una vez abierto el procedimiento, el actor desiste del mismo, por lo que queda  impune el acto desleal.

Así, una vez descrito brevemente en qué consiste la normativa de competencia desleal, procedo a explicar dos de las conductas más comunes:

Actos de denigración

Es uno de los actos a los que se recurre para desacreditar el comportamiento de un agente económico y, en consecuencia, produce una mala imagen en el mercado.  El acto de denigración, salvo cuando se ha realizado a través de publicidad, es difícil de comprobar, pues, por lo general, quien habla mal de un tercero no lo ratifica por escrito.

Algunas de las afirmaciones cuyo objeto sea denigrar pueden ser: 1) Afirmar que el competidor es un mal pagador; 2) que no respeta las condiciones contractuales; y 3) que no cumple con las normas de almacenamiento o de transporte de alimentos para consumo humano. Es trascendental destacar que cuando las afirmaciones efectuadas pueden ser comprobadas, no constituyen un acto ilícito. La ley es clara en este particular,  pues considera un acto de competencia desleal prohibido hacer afirmaciones que menoscaben la reputación de un competidor, a no ser que estas resulten ciertas y comprobables.

Actos de confusión

Constituye un acto de confusión el riesgo de que el consumidor  no distinga con claridad la procedencia del servicio o producto, es decir, que por la forma en que se le muestra determinada prestación, este pueda confundir al empresario oferente, el establecimiento o producto. En ese sentido, la normativa de competencia desleal protege el interés del consumidor, procurando que este adquiera el producto que realmente desea, probablemente porque ya conoce sus características y calidad.

En ocasiones, cuando un competidor pretende aprovecharse de la buena reputación de la que gozan otros empresarios, bien puede utilizar colores y presentaciones parecidas, confundir signos distintivos, y cualquier otra forma de crear desorganización y confusión en el consumidor, con la intención de que este elija mal. En ese caso, se lesiona la libertad de elección del consumidor, de la misma manera que se perjudica al competidor titular del producto. En Nicaragua es una práctica bastante común; sin embargo, como ya mencioné, existen muy pocas denuncias.

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