Manuel Coronel Novoa*
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La respuesta corta a esta pregunta es: Sí SE PUEDE! Aunque todos sabemos que el contexto histórico ha cambiado, no perdamos el tiempo en que si Cuba necesita/debe o no, y cuando,  entrar a los organismos financieros internacionales porque esa es cosa de los cubanos y de nadie más. De lo que yo me ocupo en este sucinto,  a la luz de las cartas constitutivas, normas, y procedimientos de los multilaterales, es de hacer un ejercicio teórico para despejar la incógnita de cómo hacerlo si el caso se presentara.

El Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) son parte del sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y el Banco Inter Americano de Desarrollo (BID) es parte del sistema interamericano representado por la OEA. Cuba no es miembro de la OEA  pero si miembro de Naciones Unidas y todas las agencias de su sistema (la OMC, OMT, FAO, UNESCO, WHO) por lo que – paradójicamente- le sería más fácil entrar al BM y al FMI, que son multilaterales globales,  que al BID, que es un banco de desarrollo de su propia región.  

Veamos. Para un país aplicar a ser miembro del BM tiene como requisito su membresía en el FMI.

Esto implica que el primer paso es aplicar al FMI.  OK. Qué requiere un país para entrar al FMI como miembro pleno? Simple mayoría de votos, es decir, 51 % del poder de votación  de la Asamblea General de Accionistas.  En el caso del FMI, ésta se llama “Asamblea de Gobernadores”. En ésta Asamblea están representados 188 países miembros que son dueños del 100% de las acciones.

Como en todo banco, en el FMI hay dueños con más acciones que otros. Al día de hoy, Los mayores accionistas –en orden descendente y números aproximados- son: EE.UU dueño del 16  %, Japón del 6  %, Alemania del 5.6 %; Francia, Igual que Inglaterra del 4 %, China del 3.7 %, Arabia Saudita del 2.7%, y Rusia del 2.3 %.  Estos 8 accionistas hacen el 45 % del poder accionario, y por tanto del voto. Los otros 180 países somos cola de león y representamos el restante 55 % del poder accionario.

Independientemente que las relaciones entre Cuba y EE.UU estén en su mejor momento,  la ley Estadounidense, Helms-Burton de 1996, obliga al secretario del tesoro de ese país a votar en contra de la admisión de Cuba en cualquiera de los organismos financieros internacionales en los que EE.UU tiene presencia. Mientras esta anacrónica ley siga vigente – y es bien probable que así sea por al menos un par de años más- , una aplicación de Cuba a la membrecía del FMI debe dar por descontado ese 16 % del poder de voto estadounidense y trabajar con el 84 % restante. En teoría, con solo obtener el 51% de los votos de entre los restantes 187 miembros Cuba tendría su membresía. Pero en la práctica lamentablemente no es así.

Debido a su peso geopolítico, por un lado, y su –aunque cada vez más debilitado- poder económico, por el otro,  EE.UU en el FMI, históricamente, ha sido capaz de sumar a su 16% del poder de voto el 35 % restante -que saca de entre sus aliados- para obtener el 51 % de mayoría simple y poder así apoyar o bloquear iniciativas según sus intereses. El Sr. James Boughton, exfuncionario y reconocido historiador del FMI, en un reciente artículo publicado en el periódico canadiense “The Globe and Mail” nos explica la peculiar relación entre los intereses de EE.UU y la dirección del FMI: “Un ejemplo notable se dio cuando Polonia al tratar de re-ingresar al FMI en 1981 se encontró con la implacable oposición de la administración Reagan, y la propia gerencia del FMI decidió ni siquiera llevar la aplicación a la junta directiva. El caso no se llevó a voto en la directiva sino hasta que el Gobierno de los EE.UU revirtió su curso y dio su señal de apoyo”.   Polonia ingresó al FMI con el beneplácito de EE.UU finalmente en 1986, una vez que el cambio político liderado por Lech Walesa en ese país se había consolidado.  Esta cita del Sr. Boughton resume el poder de EE.UU de bloquear a los países que aplican a la membresía del FMI y que no cuentan con su beneplácito previo, ni siquiera dejándolos llevar el caso a la Asamblea de Accionistas para su consideración.

En la práctica, mas allá de si estas reglas no escritas nos agradan o no, la aprobación del ingreso de Cuba al FMI por parte de la Asamblea de Accionistas requeriría entonces del compromiso de EE.UU de: 1. No aplicar el precedente de Polonia,  dejando que la propuesta llegue a la Asamblea de Accionistas; y 2. Una vez depositado su voto en contra (por ley) , asumir una postura neutra de dejar-hacer dejar-pasar absteniéndose del “lobby” político  con sus aliados y dejando que el 84% de acciones restantes, en manos de los otros 187 países dueños decidan soberanamente sobre la membresía de Cuba.  Hecho esto, lo demás estaría resuelto. Cuba contaría con facilidad con el 51% de los votos. Sabemos esto porque los países miembros del FMI son los mismos miembros de Naciones Unidas,  y en esta última, el apoyo al levantamiento del bloqueo a Cuba  ha sido consistentemente abrumador. En la última votación, efectuada el 27 de Octubre del 2015, de 193 miembros de la Asamblea General de la ONU, 191 votaron a favor del levantamiento del embargo a Cuba, solo con EE.UU e Israel en contra. Si este escenario se repitiera en el FMI. El voto favorable a Cuba alcanzaría el 83.12 % del total!

Una vez Cuba en el FMI, su membresía en el BM cae por si sola. En ambas instituciones, Cuba, como miembro pleno, compra (o paga)  su respectiva asignación de acciones (o cuota) en proporción al tamaño de su economía; se integra a una de las 25 sillas de los directorios ejecutivos de ambas instituciones – podría integrarse en cualquiera de las 3 sillas latinoamericanas-; y pasaría a ser elegible a préstamos y asistencias técnicas para su desarrollo.

La institución que queda pendiente es entonces la del BID,  cuyo convenio constitutivo parece establecer que la membresía en la OEA es prerrequisito para ser miembro. Esto es un obstáculo para Cuba que es refractaria a la OEA. Sin embargo, de acuerdo a la misma carta constitutiva,  las reglas de elección de miembros se pueden cambiar con  2/3 del poder total del voto de los países miembros del BID. EE.UU es dueño de menos de 1/3 por lo que no podría bloquear una reforma que abra una hoja de ruta de integración de Cuba al BID sin necesidad de entrar a la OEA, que es lo que Cuba necesitaría.

Cierro mi artículo recordándoles que Cuba, aparte de estar entre los 5 países con mejores indicadores de desarrollo en América Latina- según el último informe de desarrollo humano de la ONU- tiene una economía de respetable tamaño. Su PIB de 87,130 millones de dólares  es del tamaño de las economías de Guatemala y El Salvador combinadas. Más aún, debido a su PIB per cápita de más de US$ 6,000 dólares (a la par de Ecuador y Colombia), Cuba es catalogada por el Banco Mundial como un país del rango alto de mediano ingreso.

*El autor es economista y es asesor del director por Brasil en el FMI y representante de Nicaragua. Sus artículos contienen sus propias opiniones y no reflejan ni las del FMI ni la de los gobiernos que representa.

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