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Darling Pérez Zeledón desde la sombra de unas hojas de plátano inspecciona que el zarandeo de abono orgánico se realice bien.

De pronto pone la mirada en las mujeres que llenan con buena tierra las bolsitas que luego colocarán en hilera a un lado de la parcela, que han acondicionado para desarrollar la escuela de campo, la cual tiene como eje central la puesta en práctica de cultivos agroforestales en la zona de amortiguamiento de la Reserva de Biosfera de Bosawas.

Minutos antes de llegar al punto práctico, los representantes de las 30 familias campesinas de Waspuko Abajo, comunidad ubicada a aproximadamente a 30 kilómetros de Siuna, Caribe Norte de Nicaragua, recibieron una clase teórica en una casa de madera, a orillas del río del mismo nombre. El discurso exhortó a la conservación del medioambiente y cómo los cultivos agroforestales contribuyen a crear una armonía entre la sobrevivencia humana y la naturaleza.

“No solo ganado”

Darling, la joven de 20 años, propietaria de 20 manzanas de tierra, es la voz más preparada para hablar de este tipo de sistema.

Dice que forma parte de la Red de Promotoras Productivas del Instituto Para el Desarrollo y la Democracia (Ipade) y que desde hace dos años han introducido nuevos cultivos a su finca, como cacao, plátano y árboles frutales. “Con los sistemas agroforestales hemos aprendido a preservar las fincas, yo me siento muy orgullosa, ahora. Gracias a los programas del Ipade pude reforestar las tierras y cuidar las fuentes de agua”, explica.

Esta comunidad de Siuna es la puerta de entrada a Bosawas. 

Desde que se llega a El Hormiguero, el puerto de montaña que se ubica ocho kilómetros antes, se percibe la magnitud del avance de la frontera agrícola. 

Donde había bosque ahora hay pasto. Ninoska Moreno, coordinadora del Ipade en Siuna, subraya que uno de los objetivos que esperan cumplir es recuperar las áreas degradadas y diversificar la producción en los campesinos y para ello se han establecido planes de desarrollo o de acción productiva.

Rigoberto Cano Sánchez, un campesino de 21 años que habita en la localidad El Torno, otro de los poblados beneficiados con los proyectos del organismo, ahonda sobre las afectaciones que han causado las actividades agropecuarias al decir que a través del tiempo ha visto cómo las montañas se han quedado “pelonas” y que el agua se va convirtiendo en un problema. 

“El cambio climático ha afectado al hombre y por eso mi papá ha pensado en sembrar productos que no dañen. Tenemos sembradas dos manzanas de repollo y una de cacao”, reflexiona mientras limpia las matas de repollo que se ubican al pie de una colina que en algún tiempo tuvo árboles.

Rigoberto pide que se cambie la mentalidad de los campesinos para no contaminar ni destruir, y por el contrario desarrollarse a la par de la naturaleza. 

“Mi familia siempre se había enfocado en el ganado y por tradición sembraba arroz, frijoles y maíz, pero para conservar el medioambiente ahora hemos cultivado plantas agroforestales”.

El programa que el Ipade ejecuta en el Triángulo Minero con el financiamiento de la Unión Europea y Diakonia atiende a 630 familias, entre estas 110 jefas de hogar y una red de promotores integrados por 75 jóvenes y 111 personas que conforman los grupos empresariales, integrados por indígenas y mestizos que habitan en la zona de amortiguamiento de Bosawas. En el caso de las comunidades El Torno y Waspuko Abajo las familias beneficiadas en los dos primeros años del proyecto fueron 210 y ya han visto los frutos al tener una manzana de cacao en sus fincas.

El papel de la mujer

La finca de Basilio Pérez Flores por este día fue la sede de la escuela de campo que ha reunido a los campesinos que habitan en Waspuko Abajo. 

Dos mujeres jóvenes llevan las riendas. Son Mildred González Gutiérrez y Darling Pérez Zeledón, quienes dirigen a sus compañeros como si de una orquesta se tratara.

Mildred es ingeniera forestal y técnica del Ipade, y es quien ha transmitido a los pobladores las bondades de humanizar el bosque con la introducción de huertos mixtos que incluyen cítricos, mangos, aguacates, plátano y el cacao. “Esta forma de cultivo es más rentable, la gente está consciente que hay una demanda de cacao”, expone.

Para este 2016 el Ipade favorecerá a 104 productores que pretenden establecer sus sistemas agroforestales, dejando de usar agroquímicos y utilizando prácticas agroecológicas. Con el fomento de los cultivos agroforestales y el proyecto, las familias beneficiadas se han convertido en una barrera natural para evitar el ingreso de más personas a Bosawas.

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