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Restaurante Vivian empezó en 1978 como una pequeña enramada con una caseta de Coca Cola —frente al mar— que era operada por doña Viviana Lugo de Sandino, que heredó la buena sazón y aprendió de su abuela doña Felipa Villalta de Lugo, quien a su vez transfirió sus conocimientos y habilidades a doña Haydée Lugo, la fundadora del reconocido restaurante Las Lugo, según doña Viviana, mientras recorre con su mirada el actual restaurante Vivian.

¿Cómo empezaron?

"El lugar era feo, no tenía ningún tipo de condiciones. El menú era comida corriente, cervezas, sopa de mariscos, mariscos que era consumida por los sanjuaneños, en ese tiempo no llegaban extranjeros a San Juan del Sur y no había inversión", refirió.

Doña Viviana contaba con el apoyo de su esposo, don Francisco Sandino, y su entonces pequeña hija Viviana. Y el pequeño emprendimiento fue mejorando hasta que el maremoto de 1992 les arrebató todo, por lo que tuvieron que empezar de nuevo, algo que para un matrimonio de la tercera edad era un desafío que no querían tomar. Esta tristeza y desilusión los fue apagando y provocó que su hija menor Viviana, ya para entonces graduada como contadora pública autorizada, tomara la decisión de renunciar a su trabajo en Managua para cuidar a sus padres e invertir su liquidación en levantar el negocio.

Luego empezó a contactar a los bancos para la búsqueda de créditos que le permitieran enderezar el barco y fue el extinto Banic quien le hizo su primer préstamo. Ya en este punto la Alcaldía de San Juan del Sur les había dado la concesión del terreno para el restaurante y fue cuando doña Viviana Lugo cedió su derecho a su hija Vivian Sandino para que llevara su pequeño emprendimiento hacia un nuevo estadio de desarrollo. 

El segundo empuje

Viviana empezó de cero, haciendo de cocinera, cajera, compradora y tenía un ayudante de cocina que a la vez era mesero y bartender.  Poco a poco fue ganando clientela y creciendo y en esa medida su personal de cocina se amplió a 6: bartenders, meseros y hasta una cajera, llegando a ser 12 personas.  

Pero no toda era color de rosa, faltaba financiamiento para las micro y pequeñas empresas turísticas, ya no solo eran los sanjuaneños quienes frecuentaban su pequeño negocio, ahora eran personas de otras latitudes. La capacitación y hablar inglés eran parte de las necesidades más grandes que tenían. Con el tiempo, visión, apoyo de entidades e inversión propia han venido superando estas barreras.

Gracias a préstamos e inversión propia lograron mejorar su oferta, atraer nuevos mercados, capacitar a sus colaboradores para que estuvieran a la altura de las expectativas de los clientes, pudieron contratar asesoría de profesionales de la cocina para que "sin perder nuestra sazón y toque criollo mejoráramos la presentación de nuestros platillos", pudieron estandarizar sus recetas, un elemento importante en la industria de alimentos y contar con un sistema de trabajo de cara a garantizar la calidad en servicios y productos.

Crecimiento 

Después de años de esfuerzo y trabajo "lograron un crecimiento increíblemente". El sueño iniciado por sus padres y que fue arrasado por el maremoto de 1992,  resurgidos de las cenizas, es hoy en día una empresa sólida "que cuenta con sistemas de inventario, contabilidad, estrategia de mercadeo y publicidad que nos han llevado a alcanzar nuevos mercados, sin descuidar a los sanjuaneños, que son nuestros clientes más fieles".

¿Ustedes generan empleos locales?

"Nos satisface que nuestros colaboradores son sanjuaneños que gozan de las prestaciones sociales, que por ley tienen derecho, y vamos aún más allá preocupándonos por ellos y sus necesidades sobre todo de educación, salud y crecimiento personal".

"Somos una empresa sensible al tema ambiental, pues sabemos que el atractivo turístico de San Juan del Sur son sus costas, por esto ponemos nuestro granito de arena apoyando las acciones de reciclaje, cuidando el gasto del agua.

Mi consejo para los emprendedores de hoy es que luchen, establezcan metas, que cumplan sus propósitos, que en la vida siempre hay que tener sueños que realizar", dijo.

Doña Viviana dice que de su madre aprendió el arte de la cocina, heredó su cuchara y amor por la cultura y gastronomía nicaragüense, y es algo que continúa en el restaurante. 

"Mi padre era carpintero, fabricante de lanchas de madera, que emprendió un sueño con mi madre y yo continué. De él adquirí la fortaleza, la cual me ayudó a levantar este negocio de la nada, aprendí a tomar decisiones, a pensar con la cabeza y no con el corazón.Y  cuando uno decide algo hay que llevarlo hasta el final", destacó.

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