Noel Ramírez Sánchez
  •   Managua, Nicaragua  |
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El hecho que el FMI haya decidido cerrar sus oficinas “debido al éxito que el país ha tenido en cuanto a la estabilidad y crecimiento económico” es una noticia positiva.  Sin embargo, la “mayoría de edad” nos obliga a ser mucho más responsables, ya que no habrá quien nos esté llamando al orden y, por lo tanto, esta decisión no nos debe llevar a bajar la guardia, sino a subirla. Es similar a lo que ocurre cuando los hijos se independizan de sus padres y la madre ya no estará esperándolos, para abrirles la puerta y ver en qué estado llegan. 

Por otro lado, debido a que la primera responsabilidad de la dirección superior de la empresa es conocer el entorno económico y político en el que opera, es necesario conocer cuál es el papel de esta institución multilateral.  

Cuando el fondo vino a Nicaragua, después de los 80, el país estaba sufriendo una gran recesión en la producción, una gran inflación, un empobrecimiento masivo, un excesivo nivel de endeudamiento externo y una estatización de la economía nacional. Afortunadamente, posteriormente, todos los gobiernos que se sucedieron a partir de los 90, incluyendo el gobierno actual, reconocieron que tenían que negociar diversos “programas económicos” con el FMI y los cuales tenían como prioridad fundamental la reducción de los déficits del sector público, con el fin de alcanzar la estabilidad monetaria que es una condición necesaria, aunque no suficiente, para el crecimiento económico y la generación de empleo. Afortunadamente se reconoció que el FMI no era el enemigo, sino el aliado y un aliado indispensable en esos momentos.

Estos programas de “estabilización económica” promovían la reducción del gasto público, especialmente el gasto corriente, y el incremento en la recaudación fiscal, pero reduciendo los aranceles a las importaciones, para impulsar la apertura de la economía nacional y su incorporación a la economía internacional, ya que una economía “pequeña” como la nuestra no podía crecer aislándose del resto del mundo. Asimismo, estos programas le permitieron al país alcanzar la condonación de la pesada deuda externa, cuyo servicio —el pago del principal y los intereses— era un obstáculo para el crecimiento, ya que las divisas las utilizábamos para pagar dicha deuda, en lugar de financiar nuestras importaciones, pero también nos permitieron el acceso a recursos externos “concesionales”, es decir, baratos, provenientes de los organismos multilaterales, tales como el BID y el Banco Mundial, ya que no teníamos acceso, ni estábamos en condiciones de recurrir al mercado financiero internacional. Simultáneamente, la condonación de la deuda nos permitió utilizar el “alivio” obtenido para financiar programas para combatir a la pobreza.  

De igual forma, estos programas de “estabilización económica”, promovidos por el FMI eran acompañados de “programas de ajuste estructural” promovidos por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, cuyo objetivo era promover la transición de una economía estatizada a una de mercado. Estos programas de ajuste estructural apoyaron reformas en el tamaño y funciones del estado, con programas de privatización y reformas en sectores clave de la economía nacional, tales como el sector financiero y los servicios públicos. Estos programas de reforma también eran acompañados de préstamos y donaciones del BID y el Banco Mundial, que tenían por objeto financiar el crecimiento económico y el fortalecimiento de las reservas internacionales, garantía de la estabilidad económica. 

Sin embargo, es importante enfatizar que el principal beneficio que obtuvimos del FMI y sus programas de estabilización fue la “certificación de buena conducta” que nos brindaba el fondo, lo cual nos permitía obtener recursos concesionales de los organismos multilaterales y el apoyo de grupos de países donantes; ya que el apoyo financiero directo del FMI no era lo más importante, pues cuando el fondo nos brindaba algún apoyo financiero era para depositarlo en las reservas del Banco Central y fortalecer el nivel de las mismas. Además, los programas con el fondo daban confianza a la inversión privada, tanto nacional como extranjera, ya que el fondo garantizaba que estábamos siguiendo una política económica responsable.

En consecuencia, nuestra relación con el fondo fue muy positiva, ya que nos ayudó a volver a encontrar el sendero de la estabilidad y el crecimiento económico, pero recordemos que esto no lo obtuvimos de la noche a la mañana. Por eso esta decisión del fondo, que como hemos dicho es positiva, no nos debe llevar a dormirnos en los laureles y bajar la guardia, sino todo lo contrario y especialmente ahora que no tendremos al FMI como carta permanente de garantía.

Cuando escuchamos la noticia por medio de “El Nuevo Diario”, inmediatamente me puse a pensar en mi nieto menor, Noel Ernesto, quien tiene 15 meses de edad y está empezando a caminar, pero cuando se suelta de su madre, si quiere correr, se cae.

Por favor, no se olvide la maestría del Ibesi y la CCSN y si está interesado, comuníquese con la Cámara de Comercio y para preguntas y comentarios sobre este artículo, escríbame a: nramirezs50@hotmail.com

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