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Alberto Barrios, gerente administrativo y de finanzas de la empresa Transimport, dice que la única manera de lograr exportar a Estados Unidos es garantizando la calidad de los productos.

Transimport es una empresa que exporta pitahaya, frijol rojo, chía y moringa (marango) a Estados Unidos.

“El mercado norteamericano es muy exigente, por lo tanto, en todos nuestros procesos, tanto los de pitahaya como los de los otros productos nos esmeramos en brindar una calidad del 100%. De esa manera, hemos logrado mantener el mercado y cada vez va creciendo la demanda de nuestros productos. En el caso de la pitahaya no damos abasto a la demanda de ese mercado”, comentó Barrios.

La empresa tiene su propia finca de pitahaya, en La Concepción (departamento de Masaya), conocida como El Socorro.

“En el caso de la pitahaya, tenemos inspecciones periódicas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, tanto a la planta procesadora como a la finca, y también de la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos). Son visitas periódicas que nos hacen para asegurar que tenemos todo bien y nos hacen recomendaciones que tenemos que cumplir”, refirió. -El etiquetado es una norma para exportar a EE.UU-

La finca también está en constante supervisión de parte de las autoridades del Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria (IPSA) y del Ministerio Agropecuario (MAG), algo que considera importante para mantener la calidad.

Las exportaciones de frijol rojo y de marango de Transimport han ido creciendo en Estados Unidos, AFIRMÓ Barrios. “Comenzamos con un contenedor mensual y ahora estamos en dos contenedores mensuales y esperamos terminar en este año con tres contenedores mensuales”.

El etiquetado

Blanca Callejas gerente general de Jaleas Callejas, empresa de origen familiar ubicada en Granada, destacó que una de las mayores exigencias del mercado estadounidense es el cumplimiento en el etiquetado de los productos. 

La FDA exige que el etiquetado esté en inglés y que se ponga la tabla de información nutricional correcta.

“Nosotros nos fuimos a meter a toda las regulaciones que tiene la FDA, porque te definen hasta qué tipo de letras se tienen que usar (en el etiquetado), en qué tamaño de fuente se tienen que presentar y cómo debe ir explicada la información nutricional”, narró la empresaria.

Según Callejas, la mayor causa de rechazos de productos en Estados Unidos es la de errores en el etiquetado (80%).

“Por ejemplo, que no van en inglés, que los exportadores no le ponen al producto el nombre correcto, como se le conoce en Estados Unidos, entre otros. A un producto no se le puede poner en el etiquetado un nombre genérico, como rosquillas, porque con ese nombre también se podría llamar a una dona. Por poner ese nombre, la FDA lo podría rechazar”, ejemplificó Callejas.

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Callejas manifestó que sus plantaciones agrícolas (guayabas, piñas y mangos) cuentan con certificación de buenas prácticas agropecuarias (BPA), para acceder al mercado estadounidense.

La empresa, que vende mermeladas de guayaba, piña y mango, exportaba a Estados Unidos desde antes de que entrara en vigencia el DR-Cafta, pero tuvo que adaptarse a las nuevas normas.

“Cambiamos todo nuestro sistema de inocuidad y tuvimos que cambiar toda nuestra cultura desde la familia, porque antes creíamos que por ser los dueños del negocio cualquiera podía entrar a la planta sin tomar en cuenta las normas de inocuidad. Tuvimos que cambiar la mentalidad, desde los dueños y después la de los trabajadores, a quienes les explicamos que no es porque nosotros se lo imponemos, sino porque el mercado lo exige, el cliente lo exige y la ley lo exige”, subrayó Blanca Callejas.

Las exigencias del mercado estadounidense conllevan también a las empresas a hacer inversiones.

"Lo que más se requiere para la certificación es inversiones en la infraestructura (de la planta). Existen todo tipo de requerimientos. Por ejemplo, que las esquinas de las paredes sean redondeadas. Tuvimos que adaptarlas. Eso es para que no se pegue la suciedad. O por ejemplo, no usar cualquier tipo de grasa para limpiar la maquinaria, tiene que ser de tipo alimenticio”, contó la gerente general de Jaleas Callejas.

Exporta rosquillas

-Rosquillas hacia Texas y los Ángeles-Flora Ortiz, gerente propietaria de las rosquillas somoteñas Delicias del Norte, cree que para poder exportar a Estados Unidos es importante estar bien informado. Se refiere también a las normas del país norteamericano, entre las cuales está el etiquetado.

La empresa no ha tenido que hacer muchas inversiones en su fábrica, al tratarse de un producto artesanal, pero Ortiz destacó la importancia que tiene el uso de una bolsa de polipropileno laminada para empacar las rosquillas.

“En la bolsa tiene que llevar el contenido nutricional del producto y en nuestro caso eso lo hicimos en un laboratorio de Estados Unidos. Nos inscribimos en la FDA y en la bolsa hay que ponerle el contenido en inglés y en español”, dijo Ortiz.

Delicias del Norte tuvo que trabajar en mejorar sus procesos de producción.

“Somos una pequeña empresa. Hoy apenas somos 20 trabajadores y cuando comenzamos a exportar éramos diez. Antes la fábrica no cumplía con un proceso lógico de producción. Entonces, no podía certificarla en buenas prácticas de manufactura y esos eran cambios que debíamos hacer para entrar a ese mercado”, reveló Ortiz.

“También tenemos que tener nuestro propio medio de transporte y una caja membretada. Todo con el mismo fin de garantizar la calidad del producto”, contó la empresaria somoteña.

Hace años Flora Ortiz no conocía nada de esos requerimientos, pero hoy “si una planta no está al menos certificada en buenas prácticas de manufactura es difícil que pueda llegar a ese mercado y obtener los beneficios del DR-Cafta. Claro que vale la pena (el DR-Cafta)”, subrayó.

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Ortiz exporta a Los Ángeles 10 cajas (de 150 bolsas) de rosquillas mensualmente. Asimismo, comenzó a exportar a Texas, a un cliente que distribuye el producto también a través de supermercados.

Frutas deshidratadas

En el 2015, la empresa Burke Agro exportó casi 450 toneladas métricas de frutas deshidratadas y pulpa de frutas congelada a Estados Unidos.

“Procesamos fruta orgánica producida por 450 pequeños productores, organizados e entrenados por nosotros… Eso significa que transformamos alrededor de 1,000 toneladas métricas de fruta”, contó William Burke, presidente ejecutivo y fundador de esa empresa, ubicada en San Marcos, departamento de Carazo.

Burke, de origen estadounidense, contó que para esa empresa “realmente no fue un proceso muy complicado” entrar a Estados Unidos y gozar de los beneficios del DR-Cafta. Además, destacó que es “un proceso sin burocracia”.

“Como el DR-Cafta ya es ley y ya tiene muchos años, nuestros aduaneros en Estados Unidos saben cómo registrar cada importación cuando llega a puerto. Realmente no es muy complicado. Es un proceso sin burocracia”, remarcó.

Burke cuenta que vio mucha oportunidad para conectar a los pequeños productores a un “mercado sostenible” con productos con valor agregado y certificaciones como comercio justo. “Cuando Nicaragua aprobó DR-Cafta, yo sentí que era una ventaja para los productores.  Como yo vi que este mercado nicho para productos orgánicos estaba creciendo, Nicaragua estaba y, todavía está, bien posicionada para ser proveedora al mercado que tiene más demanda que suministro”, sostuvo el empresario. 

Colaboración de Ingrid Duarte.

Oportunidad para nuevos productos

POTENCIAL• Para Álvaro Cantillano, gerente de comercialización de la empresa Agroexport, Estados Unidos es un mercado estable donde los productos nicaragüenses pueden seguir creciendo, “y sobre todo es un lugar donde están bien claras las reglas del juego”.

Cantillano, un gran conocedor del mercado estadounidense, refirió que Agroexport cada año va adquiriendo nuevos clientes y aumentando los volúmenes de exportación. La empresa vende frijoles, productos congelados, rosquillas, chía y semilla de jícaro al país norteamericano.

“Nosotros estamos enfocados más al mercado nostálgico o étnico, que tiene un gran potencial, porque hay gente (en Estados Unidos) que te pide otros productos que aún no se están vendiendo, como atados de dulce, por ejemplo, que también se conoce como panela”, refirió el exportador.

Aunque esto le parece muy importante, Cantillano dice que lamentablemente no se puede exportar todo lo que sus clientes le piden en Estados Unidos, porque se necesita garantizar el abastecimiento de esos productos para comprometerse y no quedar mal.

“Hay clientes que piden hasta los pastes que se usaban antes (que crecen en bejucos), pero uno tiene que ir a buscar un suministro que sea estable, porque eso es bien importante. No se puede uno comprometer a hacer algo, si no se tienen los volúmenes ni el suministro estable. En ese mercado, de repente le pueden decir a uno mándeme medio contenedor de pastes y si no se tienen, uno hace el ridículo”, explicó el exportador.

Para poder vender a Estados Unidos, los exportadores tienen que tener segura una línea de suministro. “Para eso nos relacionamos con cooperativas, asociaciones de productores y les ayudamos con semillas e insumos para garantizar la producción”, expresó.

Agroexport exportaba unos 45 contenedores de productos al año cuando comenzó a vender a Estados Unidos, mientras que ahora exporta unos 120 contenedores al año, según Cantillano. 

Sus productos tienen como destino la costa este de Estados Unidos, en los estados de Nueva York, Texas, California y Florida.

“Al comienzo, cuando comenzamos, igual sentíamos que el mundo se nos venía encima, pero cuando ya agarramos el ritmo vimos que no tiene absolutamente nada de dificultad”, contó el exportador.

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