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“No nos importan los precios del petróleo”, dijo recientemente el príncipe heredero sustituto Mohamed bin Salmán de Arabia Saudita a Bloomberg, una agencia noticiosa. “Treinta o 70 dólares, es lo mismo para nosotros”.

Esos comentarios de parte del hombre que hala las riendas en la potencia petrolera más grande del mundo deberían ser tomadas con desconfianza. Los bajos precios del petróleo cuestan al país miles de millones de dólares, amenazan a su calificación crediticia y están convirtiéndolo de acreedor en deudor: esta semana se preparaba para recaudar 10,000 millones de dólares en bancos mundiales.

Sin embargo, la afirmación no es totalmente hueca. Arabia Saudita está decidido a no dar ninguna ayuda a los productores de costos más altos, pese al daño que los precios bajos producen en sus propias finanzas. En una reunión el 17 de abril en Doha, la capital qatarí, Arabia Saudita bloqueó un acuerdo entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo y los productores no miembros de la OPEP, como Rusia, para apuntalar los precios petroleros mundiales, congelando la producción al nivel de enero.

Fantasías -Mohamed Bin Salmán-

De cualquier manera, la idea de que ese acuerdo hubiera podido entrar en vigor era una fantasía. Como señaló Carole Nakhle de Crystol Energy, una firma consultora, Rusia está bombeando a niveles récord y no había manera de vigilar su cumplimiento de un congelamiento. Irán, que está prometiendo elevar su producción a los niveles previos a las sanciones, ha desechado como “ridícula” la idea de que tomaría parte.

Mohamed aparentemente obligó a sus negociadores a evitar un acuerdo aun cuando estaban a punto de firmarlo, insistiendo en que el reino congelaría su producción solo si Irán estaba dispuesto a hacer lo mismo. Algunos participantes se enfurecieron ante su comportamiento. La delegación saudita “no tenía autoridad para decidir nada”, dijo enojado el ministro del petróleo de Venezuela, Eulogio del Pino.

Durante décadas, la política saudita ha sido dirigida por negociadores hábiles como el ministro del petróleo Alí al-Naimi. Ahora está bajo el poder del príncipe de 30 años de edad, quien cree que los bajos precios del petróleo ayudarán a su campaña de reforma económica en el país y debilitarán a Irán, el archirrival de Arabia Saudita.

Geopolítica

“Durante años, nos han dicho que a la política petrolera saudita la guían las consideraciones comerciales y económicas”, dijo Jason Bordoff del Centro sobre la Política Energética Mundial de la Universidad de Columbia, en Nueva York. “Sin embargo, lo que sucedió en Doha parece haber tenido una gran dimensión geopolítica enfocada en aplicar presión sobre Irán”.

  • 600 mil barriles por día ha caído la producción petrolera de esquisto.

Fortuitamente para los precios del petróleo, la debacle de Doha coincidió con el inicio de una huelga de tres días en Kuwait que temporalmente hizo mella en la producción de petróleo crudo del emirato. Sin embargo, eso subrayó cuán ridículo era en primer lugar el esfuerzo por imponer un congelamiento: los precios bajos del petróleo ya están afectando a la oferta mundial.

La huelga en Kuwait fue resultado de recortes salariales en el sector público provocados por los magros ingresos petroleros. Schlumberger, una importante empresa de servicios petroleros, dice que está reduciendo la actividad en Venezuela porque la compañía petrolera estatal escasa de fondos del país no ha pagado sus cuentas. Los operadores petroleros dicen que ya no pueden conseguir cartas de crédito para comerciar con Venezuela. También les preocupa el riesgo de contraparte de tratar con países dependientes del petróleo como Nigeria.

El esquisito 

El congelamiento real, dijo John Castellano de Alix Partners, una consultora de deuda, está teniendo lugar en Estados Unidos. Los productores de esquisto, que pidieron prestado fuertemente para incrementar la producción en los años de auge, probablemente acudirán en tropel al tribunal de bancarrotas este año en cantidades incluso mayores que en 2015, predijo. El 14 y 15 de abril, respectivamente, dos de esas compañías, Energy XXI y Goodrich Petroleum, solicitaron la protección del Capítulo 11.

Incluso aquellas empresas aún en operación no tienen dinero para invertir en mantener la producción. Como resultado, la producción de esquisto ha caído en 600,000 barriles diarios desde su nivel máximo el año pasado, según la Agencia de Información Energética, un organismo oficial.

Eso, más que cualquier postura de la OPEP, es lo que está apuntalando a los precios del petróleo.

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