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En 2010 más de 20 pequeños productores de la comunidad rural La Camarona, en Nandaime,  Granada se reunieron en un viejo ranchón para impulsar un banco comunitario de semillas. En ese año, el planteamiento de los campesinos fue que los granos criollos eran la mejor opción debido a que tienen la ventaja de adaptarse a los distintos climas del país, por tanto, empezaron a organizarse y establecer contactos con sus pares de otras zonas del país para asegurar la producción de granos básicos.

Amy Cerda, agricultora de Nandaime, explica que las semillas criollas son más factibles porque son las que más cerca tienen y por las que no tienen que pagar. “Uno de los mejores beneficios es que han existido por muchos años, desde nuestros antepasados, se adaptan a los problemas del clima, plaga y sequía y garantizan una producción rápida, además que son menos costosas que las semillas mejoradas o híbridas”, explica la productora que ayer participó en el Encuentro Nacional de Bancos Comunitarios de Semillas Criollas y Acriolladas, realizado en Managua.

Según Harold Calvo, coordinador de la Alianza Semillas de Identidad, en Nicaragua hay 408 bancos comunitarios, los cuales contribuyen al rescate, promoción, multiplicación  y resguardo de semillas criollas y acriolladas como estrategia de seguridad alimentaria y economía familiar. Calvo también explicó que una agricultura agroecológica es más amigable con el medio ambiente, sana y permite recuperar las fuentes de agua y los suelos dañados por la aplicación, durante muchos años, de agroquímicos.

A través de los bancos comunitarios de semilla han logrado identificar más de 50 variedades de frijol, más de 80 variedades de maíz, cuatro variedades de sorgos y cuatro de arroz, que se adaptan a las diferentes condiciones y pueden cultivarse tanto en el Pacífico como en el Norte de Nicaragua. De acuerdo a los productores, actualmente tiene garantizados granos para la siembra de primera y postrera.

La iniciativa de Alianza Semillas de Identidad nació en 2008. "Eran pocas organizaciones las que estábamos en la alianza y eran pocas familias campesinas las que estaban produciendo con semillas criollas”, comentó Calvo. Con el tiempo, esa organización ha demostrado a las familias agricultoras que las fincas agroecológicas tienen mayor resistencia al lavado del suelo, porque tienen mayor capacidad de infiltración de agua, y las que tienen mayor diversidad de plantas y cultivos además son más resistentes al cambio climático, por su microclima.

Producción

El ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional Agraria  (UNA) Norman Cruz Bella, comentó que históricamente la producción de granos básicos ha estado a cargo de los pequeños productores, aunque el rendimiento suele ser bajo. Ante esto, Cruz señaló que el Estado aún no les ha enseñado a mejorar sus propias semillas para hacer cruces que conduzcan a la variabilidad genética y así producir más.

“Al productor se le debe enseñar cómo mejorar las semillas, ellos saben hacer muchas cosas en el campo, pero no conocen ese proceso. Los productores tienen las variedades y solo hay que ayudarles a mejorar su rendimiento en la producción, el elemento importante es que las semillas criollas son adaptadas a condiciones climáticas agroecológicas, y de acuerdo a su medio de manejo ellos hacen producir, pero es bajo”, explicó.

Los pequeños productores argumentan  que no usan semillas híbridas porque no obtienen el mismo rendimiento que con las criollas debido a que no se adaptan a las condiciones climatológicas. Al respecto el ingeniero Cruz, aclara que el problema no es la semilla híbrida, sino que los campesinos no tienen recursos para hacer rendir esa producción. “El proceso productivo es una cadena, si tienen semillas de mejor calidad, necesitan tecnología, más recursos, si tengo buena semilla, debo tener buen suelo”, agregó.

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