Noel Ramírez Sánchez
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Estimado lector, luego de saludarlo, deseo comunicarle que la presentación de nuestro último libro, “Reflexiones para la alta dirección empresarial”, se realizará el jueves 21 de julio, en “Hispamer”, a las 6:30 p.m.  Será un honor que usted esté con nosotros en esa oportunidad.

Como ya le he contado, cuando vivía en San José de Costa Rica y desobedeciendo a mi esposa Inelia, invertí en una pequeña empresa de “formularios continuos”, donde no conocía a los socios fundadores, no conocía realmente al gerente general, a quien según el balance y por medio del rubro que se llama “goodwill”, se le regalarían unas acciones que parcialmente yo pagaría por la labor “extraordinaria” que realizaría en el futuro, y no conocía el negocio. 

Como resultado me fue muy mal y cuando le comenté de la experiencia a mis colegas, su respuesta fue, “Noel, considera que lo que perdiste lo utilizaste en sacar un M.B.A. en Stanford, Wharton, Michigan, Yale o Harvard”.
Desafortunadamente todavía yo no conocía los consejos de Warren Buffett y Peter Lynch, ya que yo fui educado en la época en que lo que estaba de moda era el principio que “el mercado era eficiente” y que por lo tanto, el precio y el valor eran la misma cosa.  Inelia no estará de acuerdo conmigo, pero muchas veces no es bueno seguir la moda.  
Pero afortunadamente, usted que es un gran lector de “El Nuevo Diario”, no sufrirá lo que yo sufrí.  Además, por ser leal a “El Nuevo Diario” y a esta publicación semanal, le haré un obsequio “simbólico”.  Adquiera el libro “Value investing: from Graham to Buffett and Beyond”, de Bruce Greenwald, profesor de la universidad de Columbia, donde por unos us$30.00 dólares recibirá el contenido de su seminario sobre inversiones, que dura solo dos o tres días, y que hace algún tiempo ya costaba más de US$3.000.00.  ¡Aproveche esta oportunidad!   

Por lo tanto y volviendo a nuestro tema, cuando usted vaya a realizar una inversión, ya sea por medio de una “adquisición”, es decir, comprando una empresa, o por medio de una “fusión”, es decir, uniendo su empresa a otra, nunca cometa los errores que yo cometí.  Deseo aclararle que el término “fusión”, en el campo de las finanzas corporativas, nada tiene que ver con ese nuevo tipo de comida que se está poniendo de moda últimamente.  Esto me lo comenta mi nieta Daniella que está en Purdue estudiando “Administración en Hotelería y Turismo”, ya que yo todavía no lo he probado.  En otras palabras, invierta en negocios que conoce, con socios que conoce, con una gerencia que conoce y no pague más de la cuenta, ya que más del 50 por ciento del éxito de una inversión depende del precio al que se realiza la misma (pero no olvide que un precio bajo, no significa que algo sea barato), y el resto depende de los otros elementos que hemos mencionado.

En consecuencia, la diversificación por la diversificación, no tiene sentido y es mejor poner los huevos en una sola canasta ya conocida y darle seguimiento a la misma y a los huevos que están en ella.  Naturalmente, si usted no sabe lo que está haciendo, invierta en un fondo, cuyo costo de administración no se lleve la rentabilidad del mismo.  Tenga mucho cuidado con la alta dirección de las empresas donde usted ha invertido y no permita que la utilidades sean retenidas si el rendimiento dentro de la empresa no es aceptable y no permita que las mismas sean utilizadas para financiar diversificaciones que no saben administrar y por lo tanto no serán rentables y pondrán en peligro el negocio original.  Lo único que crecerá será el bono anual a la alta dirección, para mientras se presentan los problemas y luego el bono para despedirla.

Recuerde que el valor de la empresa aumenta solo si aumenta el flujo de caja libre (free cashflow) y que esto depende del rendimiento sobre la inversión, el costo del capital invertido y el crecimiento del negocio.  Por lo tanto, muchas veces, al realizar fusiones o adquisiciones, el crecimiento puede aumentar en el corto plazo, pero el rendimiento sobre la inversión puede caer de forma tal, que al final, en lugar de crear riqueza, la esté destruyendo.  De igual forma, muchas veces, al desinvertir y focalizarte en tu negocio fundamental, puedes reducir el crecimiento en el corto plazo, pero puedes aumentar el rendimiento sobre la inversión, de forma tal, que al final estas creando valor.

Y para concluir, cuando cumpliendo con los criterios ya mencionados, desee realizar una adquisición o una función, establezca un precio máximo y uno mínimo para negociar.

El precio mínimo debe ser el precio en valor en libros y teniendo mucho cuidado con el término “goodwill”.  El siguiente nivel de precio lo debe establecer  “descontando el flujo de caja libre”, pero sin asumir un crecimiento futuro. 

El siguiente lo debe establecer incorporando un “crecimiento razonable”, pero sin incluir las “sinergías” que usted pueda obtener si realiza esa operación.  Y finalmente, el precio máximo lo puede establecer “descontando el flujo de caja libre incorporando las sinergias” y el crecimiento sin sinergias que utilizo en el paso anterior.  Sin embargo, como le diría Ben Grahan, si puede, utilice el crecimiento y las sinergias como “margen de seguridad” y recuerde que las sinergías provenientes del ahorro en costos tienen menos valor que las provenientes del incremento en los ingresos.
Ponga ya en su agenda el 21 de julio y no se olvide de la Maestría del Ibesi y la CCSN.

El autor es Doctor en Derecho y Economía.

nramirezs50@hotmail.com

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