Noel Ramírez Sánchez
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Estimado lector, la semana pasada, en esta columna de “El Nuevo Diario”, empezamos a hablar de las fusiones y adquisiciones, y lo invité el jueves 21 julio, en Hispamer, a la presentación del libro, “Reflexiones para la alta dirección empresarial”.

Ahora, continuaremos conversando sobre el particular, porque en general, cuando se produce una adquisición y especialmente una fusión, los accionistas de las empresas adquiridas obtienen los mayores beneficios y los de las empresas adquirentes, normalmente resultan perjudicados.  Y para comprender por qué sucede este curioso fenómeno, consideraremos los siguientes elementos.

En primer lugar, para que los accionistas de la empresa adquirente reciban un beneficio, es decir, puedan crear valor con esta operación, es necesario algo elemental, pero que muchas veces y por distintas razones no se cumple, es decir, que el valor recibido sea mayor que el precio que se ha pagado.  Como diríamos, “esto es elemental, mi querido Watson”.

En segundo lugar y para ser un poco más específicos, para que los accionistas de la empresa adquirente reciban un beneficio, es necesario que el valor original de la empresa adquirida mas las “mejoras” que podamos realizar en dicha empresa, sean mayores que el precio de mercado más el “premio” que hemos decido pagar para quedarnos con la empresa que deseábamos adquirir. 

En tercer lugar y ahora, para simplificar la situación, si el precio de mercado original es similar al valor de la empresa adquirida, el beneficio del adquirente será igual al “premio” menos las mejoras que podamos generar, y que ahora llamaremos “sinergias”.  Creo que el mejor ejemplo de lo que es una sinergia lo brinda aquel pasaje de los evangelios, donde un hombre descubre un tesoro oculto en un terreno que no es de su propiedad y vende todo lo que tiene para comprar el terreno y así obtener para sí mismo los beneficios del tesoro, que de otra forma no podrá obtener en el plazo que el los necesita obtener.

En cuarto lugar y ahora para hacer más interesante el asunto y debido a que las sinergias no dependen únicamente de la empresa adquirida, sino que de la empresa adquirente la adquiera, el valor de la empresa adquirida será diferente para cada potencial adquirente y valdrá más para aquel adquirente que “crea” que puede generar más sinergias.

En quinto lugar y como consecuencia de lo establecido en el punto anterior, el premio que estemos dispuestos a pagar, al final dependerá de las sinergias que “creamos” que podemos generar.  Mientras más sinergias creamos que podemos generar, mayor será el premio que estemos dispuestos pagar.

En sexto lugar, como resultado del punto anterior y para no sufrir las consecuencias negativas que en general sufren los accionistas de las empresas adquirentes, debemos ser muy cuidadosos al estimar las sinergias potenciales, ya que esto nos permitirá ser muy cuidadosos con los premios que estemos dispuestos a pagar para obtener la empresa que deseamos adquirir.

En séptimo lugar y como consecuencia de todo lo anterior, debemos tratar de adquirir o fusionarnos con empresas que no tengan muchos “pretendientes” y si los tienen, que ojalá estos no crean que pueden generar tantas sinergias como nosotros y que actúen racionalmente, ya que de lo contrario, nosotros podemos llegar a ser víctimas de “la maldición del triunfador”, actuando irracionalmente y pagando un precio que no tiene sentido y que desde el inicio ha destruido la rentabilidad de la operación.

En octavo lugar, por lo tanto y si actuamos desde la perspectiva de la empresa que desea ser adquirida, además de buscar muchos pretendientes, debemos buscar al adquirente que crea que puede generar las mayores sinergias, ya que estará, incluso actuando racionalmente, dispuesto a pagar el mejor el precio.  Si solo yo poseo lo que la otra parte cree necesitar para obtener un gran beneficio, estaré en excelentes condiciones.

En noveno lugar, hay que tener presente, como ya lo dijimos la semana pasada, que las sinergias provenientes del ahorro en costos son menos valoradas que las provenientes de los incrementos en los ingresos, ya que su impacto es menor en el tiempo y muchas veces es un impacto de una sola vez.  Sin embargo, también debemos tener presente que las segundas son más difíciles de estimar que las primeras.

Pero al final, posiblemente lo más importante es tener mucho cuidado con esto de las “sinergias” y los “premios”.  Y de nuevo, posiblemente, el mejor consejo es el que recibimos la semana pasada de parte Ben Graham: utilice las sinergias como “margen de seguridad”.  Y no se olvide de poner en su agenda la presentación de nuestro libro el 21 de julio, ya que después de leerlo obtendrá unas grandes sinergias.  Ya don Douglas Carcache, sub-director de “El Nuevo Diario”, lo tiene en la suya.  nramirezs50@hotmail.com

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