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Uno emprende por necesidad, afirma con mucha seguridad María Alejandra Rodríguez, quien el año pasado recibió el premio al Emprendedor de Oro en la UAM.  

Ella empezó trabajando con 100 dólares tras un crédito de una microfinanciera. Ocho años después de haber emprendido su negocio ferretero es para esta mujer de 51 años, una satisfacción enorme el poder compartir su experiencia de éxito con muchas mujeres y jóvenes universitarios.

De jovencita su negocio era palmear tortillas y venderlas pero  a los 23 años María Alejandra Rodríguez se dispuso a vender comidas, pan, de todo, “era una mujer de mercado, sin saber letras”, admite.

Vendiendo comida se dio cuenta que lo que se vendía en el mercado eran productos de ferretería, “era más rentable, entonces yo vi ahí una oportunidad de emprender un negocio. Y lo hice iniciando con un crédito pequeño que me dio Pro Mujer, era de 100 dólares, luego me fui metiendo más sin conocer el campo ferretero y al final mi negocio fue creciendo y creciendo y al día de hoy yo trabajo con esta organización con un crédito de  18 mil dólares”, cuenta. 

Experiencia

Esta jinotepina no tiene estudios y ni siquiera finalizó el tercer grado en la primaria pero sí asegura tener postgrados de la vida. 

“Ahora me presento en las universidades ante los jóvenes emprendedores y les hablo de cómo los sueños se pueden cumplir. Que ahora no solamente el estudio es para que salgan como su diplomado y que vayan a ser empleados, si no lo contrario, que ellos sean personas productivas creadoras de negocio, creadoras de cualquier cosa que vaya a producir ingresos en sus familias, para ellos o para las otras personas”, reconoce.

María Alejandra tiene siete colaboradores y cuenta que si ella se ausenta un día en su negocio, este avanza porque confía en sus trabajadores, “si no fuera por este negocio que emprendí los siete colaboradores que están conmigo no tuvieran alimento para sus hijos, y no llevaran la vida que llevan por el desempleo que hay. Así que cuando una persona sea varón o sea mujer emprende, hay otras familias que igual que ellas salen beneficiadas “.

Actualmente esta jinotepina alquila dos locales para sus ferreterías - Los Gemelos y El Castillo- en el mercado municipal de Jinotepe. 

Tras el préstamo su mayor garantía fue su solidez económica y la satisfacción de poder ver a sus hijos profesionales, es madre de tres hijos, la mayor se graduó en ingeniería y sus gemelos de 20 años, trabajan y estudian con ella. 

Los cambios que ha obtenido en su vida personal son muchos, destaca por ejemplo que antes no se daba el lujo de ir a sentarse a un restaurante con sus hijos o disfrutar con su familia un fin de semana en el mar y ahora sí se puede.

 “Antes era un desafío cada día el llevar el alimento a la casa, con que me quedara para la comida para mí era más que suficiente por eso yo digo y mi slogan es ahora no sobrevivo ahora vivo, porque hay personas que viven solo en la sobrevivencia en el día a día y ahora yo no vivo así, yo desde un día antes puedo planear qué es lo que yo voy a comer porque yo tengo con qué. A mí me ha beneficiado mucho porque solo el hecho de ver a mis hijos profesionales entonces eso ya es producto de mi solidez económica a través de un crédito pequeño, y que ahora se ha convertido en un gran capital”, reconoce.

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