Steven Ambrus
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A lo largo de las últimas tres décadas, Chile se ha situado a la cabeza de América Latina y el Caribe para promover un aumento del ahorro nacional. A comienzos de la década de los ochenta, el país lanzó una reforma de las pensiones que introdujo el ahorro obligatorio mediante un sistema gestionado por el sector privado, y ha implementado numerosas medidas que han hecho crecer su tasa de ahorro. Se llevaron a cabo privatizaciones, se implementaron reformas en la banca, en los impuestos y en los mercados de capital con el fin de aumentar la productividad. Y la tasa de ahorro del país aumentó en 11 puntos porcentuales entre 1985 y 2012 en comparación con el período 1960-1984.

Por lo tanto, parecía pertinente que el 14 de junio, cuando el BID lanzó su publicación insignia de 2016, Ahorrar para desarrollarse: Cómo América Latina y el Caribe puede ahorrar más y mejor, lo hiciera en Chile, un país que ha dado grandes pasos para convertir el ahorro en una prioridad nacional. La publicación se centra en una de las preocupaciones del BID, a saber, la amenaza demográfica que planea sobre el futuro de la región. En unas pocas décadas, el número de personas en la fuerza laboral disminuirá drásticamente en comparación con el número de dependientes que no trabajan. Con tasas de ahorro nacionales bajas, la región se encuentra mal preparada para atender a los cuidados de salud y a las necesidades de la jubilación de lo que será un grupo de personas en edad avanzada que irá creciendo. La publicación se enfrenta a esa coyuntura analizando qué se puede hacer en la región para aumentar el ahorro a nivel de los hogares, de las empresas y del Gobierno. Aborda las medidas que habrá que tomar para que el sistema financiero sea más eficiente y capaz de financiar mejoras de la productividad. Sondea la manera en que los inversores institucionales, como los fondos de pensiones, las aseguradoras y los fondos soberanos podrían invertir en proyectos de infraestructura e impulsar el producto y el ahorro. En resumen, formula recomendaciones detalladas sobre cómo preparar a la región para aquel momento inevitable en que habrá de estrellarse contra el muro demográfico. Como país que ya ha tenido en cuenta muchos de esos problemas y ha pasado a la acción en algunos aspectos, Chile es un lugar ideal para comenzar ese viaje.

Desde luego, Chile tiene un largo camino que recorrer. Puede que el país tenga una tasa de ahorro nacional por encima del 17.5% regional promedio y un sistema financiero más desarrollado y sofisticado. Sin embargo, como mencionaba Eduardo Cavallo, coeditor de la publicación en una entrevista en CNN, Chile está rezagado con respecto a la región en cuanto al porcentaje de la población que usa el sistema financiero para ahorrar. Puede que Chile tenga fondos de pensiones muy bien provistos, equivalentes a más del 60% del PIB. Sin embargo, todavía tiene que avanzar para convertir la infraestructura en una clase de activos, o grupo de valores capaces de recibir inversiones de los fondos de pensiones. Estos podrían invertir hasta el 7% de sus carteras en infraestructura e impulsar la inversión en ese sector en un espectacular 4% del PIB. Sin embargo, actualmente, la inversión pública y privada en infraestructura se sitúa por debajo del promedio regional. Y mientras no haya instrumentos para canalizar efectivamente los ahorros hacia la infraestructura, es probable que ese sector siga en condiciones de desventaja.

La clave en Chile, como en el resto de la región, consiste en crear un círculo virtuoso en el que más ahorro genere más fondos prestables, sistemas financieros más grandes y más eficientes, una mejor canalización de los recursos y una mayor productividad. Esas medidas generarían un aumento del ahorro y la rueda seguiría girando, generando más desarrollo con una mayor inclusión social.

De manera crucial, esas medidas también permitirían a la región ahorrar lo suficiente para ocuparse de su población que envejece a medida que transcurre el siglo. Comprender eso y convertir el ahorro en una política de Estado prioritaria, como ha hecho Chile, es un comienzo necesario.

*Esta columna fue originalmente publicada en el blog  Macroeconomía y Finanzas del Banco Interamericano de Desarrollo BID.

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