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En diciembre del año pasado, cuando Jeffrey Lansdale, rector de la prestigiosa Escuela Agrícola Panamericana Zamorano, de Honduras, se encontraba en Tailandia (Asia) comió mango todos los días.

Las preguntas que Lansdale se hizo fueron: ¿Cuándo en Honduras o Nicaragua hemos comido mango en diciembre? ¿Cuál es el secreto en Tailandia?

Y la respuesta él mismo la dio durante la exposición que brindó a un conglomerado de agricultores de Nicaragua, durante el III Congreso Nacional Agropecuario: “Ellos (tailandeses) utilizan riego y fertilizantes para estresar los árboles, para producir un poco más temprano o un poco más tarde y así poder tener mango todo el año. Es otro ejemplo, en el que la academia puede apoyar en lo que es la ciencia y la producción agrícola”.

“Si se fijan en el mapa, Tailandia está en el mismo nivel de la tierra que nosotros. La diferencia es que nosotros estamos en Centroamérica y ellos están en Asia. Tienen las mismas condiciones que tenemos en Centroamérica, pero ellos han aprovechado la academia y la tecnología”, sostuvo el rector del Zamorano.

Alianzas

Jeffrey Lansdale, sin embargo, considera que “es muy difícil cambiar culturas”.

“Y más complejo aún es cambiar la cultura de la pobreza”, continuó.

Para el rector del Zamorano, una de las formas de cambiar la cultura de la pobreza es el trabajo en alianzas.

Y más complejo aún es cambiar la cultura de la pobreza”.  Jeffrey Lansdale, Rector del Zamorano.

Recordó que “la academia representa una serie de oportunidades que muchas veces no se aprovechan en la agricultura”.

“Representamos asistencia técnica, representamos investigación —algo de lo que se carece en los países de Centroamérica es de información confiable, sencillamente no existe y las decisiones se toman de forma empírica—”, afirmó el rector 

Añadió que los aportes de la academia en investigación son a largo plazo. 

Por ejemplo, habló de la alianza entre el Zamorano y Universidad de Texas A&M en investigación de las propiedades curativas del mango.

Esa universidad estadounidense ha hecho estudios sobre el mango y lo que esa fruta representa para prevenir cáncer, desnutrición infantil, infecciones y otras enfermedades, contó.

“Lo que queremos es aprovechar la ciencia que se ha desarrollado en la Universidad de Texas A&M para traer la tecnología, porque lo que vemos en Honduras cuando es época de mango es que mucha de esta fruta se desperdicia. Lo vemos debajo de los árboles, cuando podría convertirse eso en una forma de crear microempresas y hacer llegar mango donde se pueda convertir en alimentos saludables para la niñez y otras personas”, reveló el rector del Zamorano.

Resistencia al cambio

Aseveró que el principal problema es la resistencia de los productores al cambio.

Para ilustrar la resistencia al cambio, el rector del Zamorano contó una experiencia que vivió a los 16 años.

En un pequeño poblado llamado Belmont, en Estados Unidos, cuando una familia decide construir una casa se convierte en una obra de la comunidad. Y cuando se va a colocar el techo de la casa, la comunidad se organiza, hacen una pausa en sus trabajos y conjuntamente ayudan al dueño de la vivienda. Unos llevan comida, otros las herramientas y todos trabajan en ese proyecto.

Sin embargo, dijo, “desafortunadamente” en Centroamérica cuando alguien comienza a construir una vivienda la respuesta de los vecinos es: “¿A quién le habrá robado este para construir esa casa?”.

“Esa es la cultura que debemos cambiar y optar por las alianzas”, insistió Lansdale.

Otros retos

La academia también tiene el reto de ver cómo aportar con innovación y tecnologías para contrarrestar el cambio climático.

Por ejemplo, ante la escasez de precipitaciones las universidades deben trabajar en investigaciones relacionadas con el riego, dijo Lansdale.

“En Honduras se nos está acabando el agua, y no solo en Honduras, porque si ven la tendencia en California se darán cuenta que allá está pasando lo mismo. Hace cuarenta años los pozos llegaban a 200 pies para lograr sacar agua para la agricultura, después tuvieron que profundizar a 400 pies, luego a 800 y hoy día están bajando a 1,200 pies en búsqueda de agua para riego”, manifestó el rector.

Por otra parte, Lansdale hizo ver que al cambio climático también se le pueden encontrar oportunidades.

Por ejemplo, expresó que “lo que antes era nieve en la Sierra Nevada de California ya casi ha desaparecido”.

Eso representa una oportunidad para Centroamérica, porque California alimenta a una gran parte de Estados Unidos y al ver su producción afectada por el cambio climático “definitivamente esos alimentos pueden llegar de Centroamérica”, subrayó el rector del Zamorano.

Concluyó con la importancia del cuido del medioambiente, porque sin este “sencillamente no hay agricultura”.

Sobre los ninis 

Jeffrey Lansdale, rector del Zamorano, hizo un espacio dentro de su exposición en el III Congreso Nacional Agropecuario de Upanic para hablar de los ninis, como se conoce a los jóvenes de entre 12 y 20 años de edad que no estudian, ni trabajan.

¿Qué representan los ninis para la sociedad?, se preguntó.

“Un joven que no estudia ni puede encontrar trabajo, obviamente representa problemas (violencia, maras, etcétera) para la sociedad. El enfoque en la educación debe ser entre sector privado y Estado, ver cómo responder a ese problema que encontramos en nuestros países”, sugirió Lansdale.

 

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