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Nicaragua tiene todas las condiciones para producir todo el año y de manera muy eficiente, pero tiene poca infraestructura de riego y sigue dependiendo mucho del invierno, aseveró Santiago Jaramillo, ingeniero agrónomo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y del Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego (FLAR).

“En secano (o sea la siembra durante el invierno) no somos competitivos. Siempre que dependamos del agua de lluvia vamos a estar a la merced de que una inundación o una sequía podría entrar durante la época de nuestros cultivos y los resultados productivos no serán los mejores”, dijo Jaramillo, durante una exposición sobre la tecnología de cosechas de agua en el III Congreso Nacional Agropecuario.

Jaramillo explicó que es muy difícil ajustar las tecnologías en la siembra de secano, para producir más, porque si bien es cierto que los productores podrán elegir buenas semillas para sembrar o el mejor plan de fertilización, si falta la lluvia o hay un exceso en determinado momento, el resultado en los rendimientos de todas maneras será negativo.

En cambio, si en Nicaragua se incrementara la producción con sistemas de riego, se podrían incrementar significativamente los rendimientos agrícolas, y siendo un país agrícola, habría trabajo en este sector todo el año, destacó el experto.

Jaramillo aseveró que si en la agricultura se sigue apostando por el secano, Nicaragua jamás será competitiva. “No hay futuro en el secano”, expresó.

Condiciones ambientales

A las condiciones antes mencionadas de la siembra de secano hay que agregar que en ese periodo hay bajísimos niveles de radiación solar, un elemento muy importante para incrementar los rendimientos agrícolas.

“Si comparamos la radiación solar de Nicaragua en la época lluviosa versus la época seca, en la época lluviosa solo tenemos de 450 a 500 calorías sobre centímetros cuadrados por día. Pero si cambiamos la fecha de siembra y el único requisito es tener riego, podríamos estar capturando en noviembre o diciembre radiaciones de 750 a 800 calorías sobre centímetros cuadrados por día”, explicó el experto.

Jaramillo destacó, por ejemplo, las excelentes condiciones agroclimáticas del occidente del país.

Cambiar fechas de siembra

El CIAT y FLAR pusieron en práctica un proyecto de cosecha de agua, cofinanciado por el Fondo Común para los Productos Básicos en Nicaragua y México, durante cuatro años, de 2008 a 2012.

La idea del proyecto es cambiar las fechas de siembra y garantizar la producción de manera continua en todo el año, con una tecnología totalmente renovable. “Es decir que si sembramos en noviembre, sesenta días después, en la etapa reproductiva de los cultivos, coincidiríamos con el pico más alto de radiación solar y nos permitiría aumentar el doble, y muchas veces el triple, los rendimientos agrícolas”, sostuvo Jaramillo.

El consultor insistió en que “el problema es que sembramos en la época lluviosa, y cuando hay agua no hay luz y cuando hay luz no hay agua”.

“Por experiencia de FLAR, la fecha de la siembra es uno de los factores que pueden ayudar a incrementar los rendimientos agrícolas. Por lo menos en el arroz puede incrementarse entre una a dos toneladas con solo cambiar la fecha de siembra para que la etapa reproductiva coincida con los niveles más altos de radiación solar”, comentó.

Sistemas

Santiago Jaramillo comparó los distintos sistemas de riego que se pueden usar en el mundo.

Los distritos de riego, que estuvieron en boga en los años ochenta, dijo, han quedado bastante obsoletos. Aseguró que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Banco Mundial (BM) lo han demostrado en sus estudios.

Los distritos de riego son grandes reservorios de agua, de los que se abastecen varios agricultores.

Esa característica convierte a ese sistema en una desventaja. Jaramillo explicó que en la agricultura de precisión los productores deben aplicar agua al cultivo en el tiempo preciso establecido, pero a través del distrito de riego cada productor “debe esperar que el vecino termine de regar para que a él le llegue su turno”.

Otra desventaja es que muchas veces los que están más cerca tienen más disponibilidad de agua, que los que están más largo del reservorio.

Sobre el otro sistema de bombeo y pozos, Jaramillo dijo que no es un sistema de riego renovable, ya que depende de una fuente externa de energía (combustible o electricidad).

Entre tanto, las cosechas de agua “tienen un costo relativamente bajo”, porque solo se requiere captar el escurrimiento de agua de lluvia que pasa por la finca, aseveró Jaramillo.

Dijo también que el mantenimiento es bajo, ya que por lo general solo se requiere una limpieza por acumulación de sedimentos cada dos años con una retroexcavadora.

“La cosecha de agua es una tecnología que no es nueva. No vinimos a validar su calidad en Nicaragua. Tomamos la experiencia de Brasil, en Rio Grande do Sul, donde hay más de 550,000 hectáreas que cada finca tiene su reservorio y tienen los niveles de producción más altos de América Latina”, contó el experto.

El proyecto mencionado de cosecha de agua en Nicaragua se desarrolló simultáneamente en México, Costa Rica y Nicaragua.

Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), llamado Innovaciones de Impacto, el proyecto dio los siguientes resultados: “Para el caso del maíz, los rendimientos aumentaron de 2.8 a 8.5 toneladas por hectárea; para el caso del arroz, hubo un aumento promedio de 3.5 a 8.8 toneladas por hectárea, y en el frijol se obtuvieron incrementos de 0.7 toneladas adicionales por hectárea, respecto a los rendimientos tradicionalmente obtenidos por los agricultores en secano”.

El proyecto se desarrolló en cuatro departamentos: Nueva Segovia, Madriz, León y Granada, en los que primeramente se hicieron 18 reservorios. Posteriormente, con fondos de otros organismos se desarrollaron más 75 obras, afirmó el experto, sin mencionar sus nombres.

Jaramillo concluyó que dadas las condiciones de Nicaragua, la tecnología de cosecha de agua tiene que ser masificada a nivel del pequeño productor y no dejar que quede solo a nivel de los grandes productores. “La idea es que expandir el uso de esa tecnología y que haya líneas de créditos abiertas para que los productores que quieran aplicar para construir su reservorio puedan hacerlo”.

Oportunidad

Según Jaramillo, Nicaragua tiene mucha agua de lluvia disponible, entonces se preguntó ante los productores que lo escuchaban: ¿Por qué Nicaragua insiste en la siembra de secano?
“Nicaragua tiene 196 kilómetros cúbicos por año en disponibilidad de agua renovable, pero más del 90% (185 kilómetros cúbicos por año) se convierte en escorrentía superficial que la estamos viendo pasar durante el invierno y no hacemos nada por construir ninguna infraestructura para captar esa agua de lluvia y utilizarla en la producción competitiva de alimentos.

Agregó que, el país tiene 38,787 metros cúbicos per cápita por año de agua de lluvia.

“Pero si hacemos la comparación de esa cantidad de agua en forma de escorrentía, nos daremos cuenta que este país tiene ocho veces más agua que China, sin embargo, la diferencia es que en ese país asiático el 80% de la producción es completamente de riego y en Nicaragua, con todo ese potencial de agua renovable, sigue su producción en secano”, explicó el experto.

Según el IV Censo Nacional Agropecuario (Cenagro 2011), en Nicaragua solo casi un 5% de las áreas de siembra cuenta con sistemas de riego.

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