Noel Ramírez Sánchez
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Aunque usted no lo crea, a estas alturas del siglo XXI, todavía existen economistas que sostienen que la estabilidad monetaria y la austeridad son obstáculos al crecimiento económico.  

Según estos economistas, la estabilidad monetaria y especialmente los programas de austeridad al reducir la demanda interna, limitan el crecimiento económico y por lo tanto, si deseamos crecer o acelerar el crecimiento, la solución está en abandonar los programas de austeridad o lo misma estabilidad monetaria y estimular la demanda interna.  

Que políticos inexpertos adopten estas posiciones, naturalmente es preocupante, aunque no tan sorprendente, ya que muchas veces por ignorancia o por mero cálculo político defienden esas doctrinas.  

El riesgo de caer en esta falsa dicotomía, de la estabilidad o el crecimiento, aumenta cuando los programas de austeridad no han sido acompañados de un programa de crecimiento “hacia afuera”, es decir, un crecimiento basado en las exportaciones, especialmente si se trata de una economía “pequeña”, si no han sido acompañados de programas sociales focalizados en los sectores menos favorecidos o si por haber sido mal diseñados o mal ejecutados, han durado demasiado tiempo. 

En estos casos, y si “abandonamos la estabilidad en busca del crecimiento”, si el país posee suficientes reservas internacionales o tiene acceso al endeudamiento externo, la estrategia funcionará de maravilla, ya que se aumentará el gasto público, aunque se aumente el déficit fiscal y se aumentará el crédito interno, y por lo tanto la demanda interna crecerá, acelerando el crecimiento de la economía nacional.  

Sin embargo, esta “luna de miel’ no durará toda la vida, como la que he vivido con Inelia, sino que durará solamente de uno a dos años, mientras se agotan las reservas internacionales y se agota la capacidad de obtener endeudamiento externo, ya que, agotada esta etapa, si continuamos en el mismo camino, lo único que crecerá serán los precios, es decir, la inflación y con ello la devaluación, ya sea en el mercado formal o en el informal o mercado negro o paralelo, y todo ello producto de la escasez de bienes y de divisas.

Sin embargo, el riesgo de caer en este falso dilema disminuye si el programa de ajuste se diseña, se vende y ejecuta correctamente al acompañarlo del programa de ajuste estructural consistente en el apoyo al crecimiento del sector exportador y se acompaña del programa social bien focalizado.  

Pero el riesgo también disminuye cuando la clase gobernante y dirigente pertenecen a una generación que ya han sufrido en carne propia de estos errores y han aprendido de ellos, ya que en este caso, de alguna forma estamos “vacunados”.  

Pero en esto de las vacunas, a veces no basta con ponérselas una vez y olvidarse del tema, ya que como dice el pediatra de mi nieto Noel Ernesto, periódicamente hay que estarlas “reforzando”.

El refuerzo de este tipo de vacuna es necesario, ya que, como me dice mi madre y me decía mi abuela materna, “Noelito, las modas siempre vuelven a estar de moda”.  

El reforzamiento periódico de estas vacunas nos permitirá evitar ser uno de esos países “péndulos” a los que les cuesta salir de la pobreza y del subdesarrollo. 

Ese tema es demasiado importante para nosotros, por lo que mejor termino aquí, ya que siempre “menos es más”.

Lo espero el jueves 21 de julio, en “Hispamer”, a las 6:30 de la tarde, ya que si usted es mi amigo y un asiduo lector de esta columna, don Jesús de Santiago lo dejará ingresar al elegante auditorio del “Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra”.

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