Galileo Solís
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los gobiernos centroamericanos han venido incorporando de manera progresiva, en sus planes y en su discurso, la importancia de la innovación como componente esencial del desarrollo económico y social. Pero, para aprovechar este potencial, las intenciones tendrían que convertirse en acciones más tangibles. Para apuntar a implementar políticas de innovación que funcionen, quisiera insistir en desmitificar algunas ideas que considero clave en el entorno de Centroamérica:

1 – La innovación es para que los países ricos gasten lo que les sobra

Entre los economistas existe consenso en que las actividades de innovación tienen retornos altos, principalmente por el impacto positivo en la productividad. Finlandia, Irlanda, Singapur y Eslovenia son países pequeños con poblaciones menores a 6 millones de habitantes, pero que dedican más del 2% de su PIB a mejorar sus capacidades de innovación. El resultado, que no debiera sorprender, es que el ingreso per cápita de estos países se encuentra entre los 40 más altos del mundo. Entonces, no es que estos países invierten en innovación porque les sobran recursos económicos, sino que esos países son ricos como resultado de la inversión sostenida en actividades de innovación.

2- Apoyar la innovación tiene un costo muy alto

Apoyar la innovación es la típica situación en la que hacer tiene su costo, pero no hacer tiene un costo mucho más alto y puede ser muy difícil para las próximas generaciones retomar el ritmo del crecimiento. Además, las brechas con los líderes van aumentando a pasos agigantados. En América Latina, hay un importante rezago con respecto a los líderes mundiales y a los países mencionados en el punto anterior. El promedio del gasto de innovación en la región es de 0.70% del PIB, y Brasil, por sí solo, es responsable del 60% de ese gasto. Además, esa inversión es realizada casi exclusivamente por el sector público con una muy limitada participación del sector privado. Si nos enfocamos en Centroamérica, la situación nos deja con mayores preocupaciones.

El país que más invierte, Costa Rica, llega al 0.47% del PIB y Panamá le sigue con 0.20%. El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua invierten todos menos del 0.1%. ¿Y cuál es el resultado? Sumado a otros factores, todos estos países, excepto Costa Rica y Panamá, se encuentran más allá del puesto 100 en ingreso per cápita a nivel mundial.

3- No existen científicos e innovadores centroamericanos que se destaquen

A pesar de los indicadores desalentadores, existe mucha gente talentosa en Centroamérica que nos muestra que existe un potencial muy grande para lograr retornos económicos y sociales como resultados de la aplicación del conocimiento. Se pueden encontrar historias destacadas de gente que, con poco, hizo mucho. Algunos ejemplos son Franklin Chang-Díaz de Costa Rica, un físico y astronauta retirado que participó de siete misiones del programa de transbordador espacial con la NASA y hoy es un empresario de cohetes utilizando tecnología de plasma; Adán Ríos de Panamá, investigador médico y uno de los responsables de la creación de una de las tres patentes desarrolladas para vacunas preventivas contra el VIH en Estados Unidos; y Salvador Moncada de Honduras, un investigador médico del University College de Londres, reconocido por su estudio del óxido nítrico y sus efectos en el sistema cardiovascular.

Lastimosamente, muchos de estos centroamericanos dejaron sus países para alcanzar su potencial en lugares donde la importancia de crear las condiciones e instrumentos para apoyarlos es más clara para la sociedad, el Gobierno, la academia y el sector privado.

4- La ciencia y la innovación están desconectadas de los problemas sociales

Algunos de los innovadores citados arriba han utilizado la innovación y la tecnología como forma de atender los problemas y desafíos sociales, que abundan en Centroamérica. Una economía basada en la innovación no solamente puede mejorar la productividad y competitividad de las empresas sino que también puede promover una sociedad más equitativa. Esto es lo que se llama innovación social y hoy representa una gran oportunidad para gobiernos, organizaciones y empresas. Puede constituir un vehículo adecuado para solucionar desafíos asociados con la vulnerabilidad social y el limitado acceso a bienes y servicios públicos, involucrando a los mismos ciudadanos en la identificación y resolución de estos problemas.

En Centroamérica se evidencia una muy escasa inversión pública y privada en actividades de ciencia, tecnología e innovación; una desarticulación entre los sectores público, privado y academia; así como una todavía escasa, cultura innovadora de la sociedad en su conjunto, entre otros factores. Es crucial cambiar esto en un contexto en el que las economías se basan cada vez más en el conocimiento para impulsar la productividad y el empleo, y en el que las demandas sociales muchas veces requieren de soluciones innovadoras provenientes de la ciencia y la tecnología.

Si bien los gobiernos de Centroamérica han invertido en algunos programas intentando encender nuevas etapas en el desarrollo de sus capacidades de innovación, conviene plantear algunas preguntas al respecto: ¿Se tendrá conciencia del impacto que han demostrado este tipo de inversiones de manera consistente en otros países? ¿Cuál fue el tipo de implementación? ¿Qué tanto esfuerzo se dedicó en términos de inversión? ¿Se han ejecutado de manera completa y se han evaluado los resultados? Teniendo esto en cuenta, es hora de tomar decisiones para aumentar paulatinamente los recursos dedicados a mejorar las capacidades, la innovación y dar un giro concreto hacia la dirección adecuada.

Esta columna fue originalmente publicada en el blog Puntos sobre la i del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus