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Por todos es sabido que el caballo es un animal que reparte todo su peso sobre cuatro extremidades que juegan una parte importante en el movimiento del animal, por ende, los cascos también son estructuras necesarias que proporcionan apoyo, tracción y absorción de impactos.

Los cascos están formados principalmente por tres partes:

–La pared: es la zona exterior. Su crecimiento es hacia abajo, desde la corona.

–La suela: es una parte ligeramente cóncava que cumple la misión de proteger el casco de posibles lesiones. Debemos tener mucho cuidado con ella puesto que es muy delgada.

–La ranilla: es un mecanismo amortiguador y antideslizante que facilita que el casco se extienda y se contraiga a cada paso. Resulta fundamental mantenerla en todo momento limpio para evitar problemas en el casco.

La córnea del casco no deja de crecer durante toda la vida del caballo (se calcula que aproximadamente un centímetro al mes de promedio), pero igualmente se va desgastando, sobre todo si el animal trabaja sobre una superficie dura, ya que se desgasta más. Por esta razón, es aconsejable para los caballos que trabajan en superficies duras utilizar herrajes  y prevenir un excesivo desgaste del casco.

Como ya hemos dicho, los cascos del caballo son una parte fundamental, puesto que son la base sobre la que el caballo se sostiene, y por tanto es conveniente mantenerlos sanos. Para un buen cuidado de los cascos es conveniente limpiarlos a diario como mínimo una vez al día y siempre antes del trabajo y después, consiguiendo así un casco seco y sano.

Hay quien afirma que si los cascos son duros y tienen buena forma con paredes fuertes y buenas ranillas, y si el animal pisa fuerte y recto, el herraje no es necesario. Sin embargo, a la hora de determinar la necesidad de herrar al caballo deberemos tener en cuenta el terreno en el que éste se mueve, el trabajo que realiza a lo largo de la jornada, el peso que soporta y su alimentación.

En este sentido, hay que considerar que los terrenos que no son excesivamente duros, conllevan que el animal no precise de demasiada protección ya que su desgate es menor que la de aquel que trabajan en suelos duros.

Cómo limpiar el casco del caballo

1º. Con un limpiacascos se eliminan los restos de barro y suciedad, desde el talón hacia la lumbre.

2º. La ranilla debe ser limpiada con esmero para retirar restos de piedras u otros objetos, ya que es una zona donde se acumulan las bacterias.

3º. Comprobaremos que no existe ningún corte ni grieta; así como el grado de sequedad del casco.

4º. Si se percibe un olor desagradable, es síntoma de infección. Debes limpiar muy bien y aplicar un producto específico como Nemo Hoofcare.

5º. Para finalizar, comprueba el estado de la herradura. Debe estar perfectamente fijada y sus remachas deben estar en su sitio.

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