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Tras 22 años de haber sido constituida por cinco organizaciones (UNAG, Fondilac, Expica, Unileche y la Asociación de Criaderos de Ganado Puro), la Comisión Nacional Ganadera de Nicaragua (Conagan) presenta una radiografía ampliada de este sector de la producción nacional que viene presentando índices de crecimiento sostenido y que ahora se prepara a conquistar nuevos mercados internacionales, partiendo de la calidad de los productos derivados de la ganadería y una estrategia que persigue el fortalecimiento de la cadena de valor para alcanzar los objetivos propuestos.

Al respecto, el doctor Ronald Blandón Bustamante, gerente general de Conagan, nos hace una retrospectiva de cómo hemos venido creciendo, los desafíos y las oportunidades que tenemos como país para colocar nuestros productos, crecer y mejorar las condiciones de la ganadería nicaragüense.

¿Cómo está nuestra ganadería nicaragüense?

Para iniciar, debemos remontarnos tiempo atrás para conocer más sobre lo que se ha venido haciendo. Para los años 60 y 70, se dio en el mundo una alta demanda de carne y llegaron a tener unos precios extraordinarios como los que tuvimos hace dos o tres años. Eso empujó a que los gobiernos en ese tiempo trajeran genética de Estados Unidos, principalmente el brahman. Hubo un programa argentino que fue facilitado también por el gobierno de ese entonces que se llamaba Latino Consult y era un programa que traía a expertos de ese país a trabajar con los productores y adoptar tecnologías de punta que hoy todavía la seguimos usando como la colocación de cercas eléctricas, el pastoreo rotacional, los abrevaderos; hubo ese repunte donde los ganaderos nuestros, incluyendo nuestros abuelos y padres, conocieron esa tecnología.

Después vino la parte de los años ochenta, en la que tuvimos bastantes dificultades para trabajar en el campo, porque no había tranquilidad para poder producir y comercializar nuestros productos. Fue en ese momento que perdimos el mercado de Norteamérica como parte del obstáculo comercial que hubo en esa época y dejamos de posicionar en Estados Unidos algunos cortes especiales que se vendían en ese tiempo.

En los noventa, cuando se acaba la guerra civil y vuelve la paz en el campo, los productores nicaragüenses, principalmente la juventud que le gusta la ganadería, comienza a impulsarla nuevamente. Nicaragua tiene una vocación ganadera inmensamente rica y eso es lo que ha propiciado que los ganaderos de esa época, aun sin un apoyo sustancial en cuanto a asistencia técnica y financiamiento, han hecho crecer la ganadería y los ingresos les han permitido venir capitalizándose. 

Hoy en día, ha llegado la normalidad y ha habido un repunte en la apertura del comercio internacional con la celebración de tratados comerciales con Estados Unidos, con la Unión Europea, la unión del comercio centroamericano. O sea, cuando se te abren las puertas del comercio y hay oportunidades donde colocar tu producto es lo que empuja a la gente a producir.

¿Se puede considerar que hemos alcanzado un buen nivel de productividad?

Creo que Nicaragua se ha convertido en el mayor productor de carne y leche, yo diría que es La Pampa de Centroamérica, aunque en productividad no hemos alcanzado los niveles de algunos países como Costa Rica, que produce más por unidad animal, pero creemos que tenemos todo el potencial para producir de una manera más sostenible.

Nosotros en Nicaragua, cuando comparamos la producción tanto de carne como de leche y vemos los mercados internacionales donde vendemos, vemos que la producción de carne puede ser de unas 110,000 toneladas al año, realmente cuando lo comparamos con las grandes potencias que exportan es realmente mínimo.

¿Hay alguna estrategia para ser competitivos?

Dentro de nuestra estrategia, no creemos que vamos a competir por volúmenes, tenemos que competir con algo especial y eso es lo que tenemos que sacar a luz, decir cuáles son las cualidades especiales de nuestra carne y estamos con un experto del programa Agricultor a Agricultor para ver las particularidades que tiene la carne bovina nicaragüense. Es un trabajo de mercadotecnia y de valor que deben tener nuestra carne y nuestra leche de aquí a futuro. Nuestra estrategia está apuntada a nichos de mercado que puedan tener un valor diferenciado, a ese pequeño volumen que tenemos. Y qué las va a diferenciar, que nuestra carne sale de ganados que están a cielo abierto, a base de pasturas naturales y todas esas cosas las tenemos que ir reuniendo para que salga una imagen que cuando un cliente norteamericano vea esa caja y compruebe el sabor, la terneza, entonces nosotros podremos decir aquí estamos y estamos cumpliendo con esta Nicaragua agropecuaria.

¿Cómo lo van a conseguir?

A través del fortalecimiento de la cadena de valor. Este trabajo no solo debe ser del productor, sino de la cadena de valor, de la asistencia técnica que tengan, de los agroservicios que tenga este productor, de los centros de acopio, las industrias que tienen mucho que ver en esto, todos apuntando a esa estrategia; necesitamos que todos estemos enrolados en una estrategia de 15 a 20 años, donde el productor no sienta que “mi cliente es el matadero y a él le vendo mi novillo”, sino que “mi cliente es el consumidor final”, que todos estemos apuntando hacia ese consumidor.

Si no estamos conectados en esa cadena de valor, perdemos la noción de cuál es nuestro rol en cada parte de la cadena. Ese es el gran desafío que tenemos y vamos a marcar pauta durante este congreso, el VII Congreso Nacional Ganadero hacia eso, para que los productores vayan ubicándose, sientan que su finca es realmente valiosa y que su producción no es para el matadero, sino para ese consumidor.

¿Ya se está poniendo en práctica?

Sí. Estamos dando grandes pasos ahorita con un proyecto piloto que es de producción de terneros gordos, terneros de calidad. ¿Cuál es la diferencia que tiene ese proyecto? Es muy simple y que por ser simple puede ser aplicado por cualquier productor, le estamos enseñando a ese productor cómo hacer que su ternero cuando nace hasta el año de edad que en vez de que llegue a 130 kilos alcance 200 kilos, eso significa que recibirá un pago mayor.

La verdadera importancia de este proyecto es que contempla algo muy peculiar para la cadena de valor y es lo que se llama negocio inclusivo, esto es que el ganadero hace una relación directa con el matadero, sin intermediarios, hay una relación directa con la industria, lo que significa que, por primera vez en la historia, hay un contrato entre la industria y el productor para la producción y comercialización de esa materia prima.

Se llama negocio inclusivo, porque el productor se siente parte de esa cadena y que su objetivo es entregarle a la industria un ternero de calidad. El matadero tiene la obligación de agarrar esa buena materia prima de calidad, darle los mejores valores agregados que tenga y trabajar con la otra parte de la cadena, que es la inteligencia de mercado, de imagen.

No nos podemos quedar haciendo la parte tradicional de lo que hacía mi abuelo, mi abuela, mi papá, que era vender y ya está. No, yo me tengo que sentir orgulloso de que esa materia prima que estoy produciendo, la otra parte de la cadena, que es el matadero, me le va a dar un buen procesamiento, va a ir bien empacada y me sentiré satisfecho que en Europa o Estados Unidos no se estará consumiendo esta carne como simple carne para hamburguesas, sino para un corte especial.

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