Donald José Porras Cárdenas*
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Se ha dicho, explicado y documentado hasta la saciedad, que tanto en Nicaragua como en países similares en niveles de pobreza y cifras de desarrollo, las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) resultan ser las organizaciones más capaces para adaptarse a los cambios socioeconómicos y tecnológicos, y para generar empleo rápidamente, por lo cual constituyen un importante factor de distribución de ingresos a las capas media y baja de la población, a la par que fomentan el progreso económico de toda una nación.

En Nicaragua existen más de 400 mil Mipymes que generan aproximadamente 2 millones de empleos, no hay municipio ni comarca en este país en que no haya una pulpería. Contribuyen con entre el 40 y el 50 por ciento de las exportaciones y el 65 por ciento de las importaciones. Son los mayores contribuyente del Producto Interno Bruto, generan más impuestos en municipios, departamentos, IR, seguro social, consumo de energía eléctrica, consumo de agua, consumo de telefonía convencional y celular, pago a instituciones, por permiso de funcionamiento de la Policía Nacional, impuestos a la alcaldías, etc.

A nivel de América Latina, por ejemplo, el 60 por ciento de los empleados trabaja para empresas de cinco o menos personas. Como información oportuna debe decirse que en Nicaragua se considera microempresa al colectivo de uno a cinco trabajadores, con un capital de 2 millones de córdobas y ventas anuales de un millón de córdobas.  

Pequeña empresa es un centro de trabajo de  seis a treinta trabajadores y ventas anuales de 9 millones de córdobas, en tanto que mediana empresa es la que tiene de 31 a 100 trabajadores, capital de hasta 6 millones de córdobas y ventas anuales de 40 millones. 

Por su parte, el Banco Central de Nicaragua (BCN) estima que casi el 90 por ciento de las empresas registradas en el país son Mipymes, y que si bien crecieron a un ritmo del 12 por ciento con respecto al año antepasado, en cambio, el nivel de salarios disminuyó casi en la misma proporción debido a distintas causas, por las cuales debe preocuparse y actuar la Confederación de Cámaras de Comercio de Nicaragua (CCCN) mediante su capacidad de incidencia en las políticas públicas.

La confederación, que aglutina en sus filas a un porcentaje abrumador de Mipymes, considera, por ejemplo, que en Nicaragua es de vital importancia mejorar la capacitación técnica y administrativa de los propietarios de  estos negocios para hacerlos más productivos, más competitivos, más exportadores, y con mayor  acceso a las nuevas tecnologías y al financiamiento, si bien debe reconocerse que tanto el gobierno actual como el mercado financiero han dado importantes pasos en ese sentido.

Es necesario, por tanto, destacar que los tiempos de tramitología se han reducido sustancialmente con respecto a los años recientes, y que ahora, en el caso de las nuevas Mipymes, solo se necesitan 13 días de trámites para convertir una idea de negocio en una empresa.    

Pero en materia de permisos operativos de trabajo todavía hay algunos obstáculos que ahora son factibles de ser reducidos o eliminados en el marco de las buenas relaciones existentes entre el gobierno y la empresa privada. 

Finalmente, aparte de las ventajas de las Mipymes como descentralizadoras de mano de obra en el mercado laboral nacional, la concentración de la renta y  la capacidad productiva desde un número reducido de empresas hacia otro mayor, y la reducción de las relaciones sociales a términos personales más estrechos, ya que sus orígenes como unidades familiares favorecen las conexiones laborales, la importancia de estos negocios como unidades productoras de bienes y servicios fortalecen el abastecimiento nacional.  

Por ende, justifican la necesidad de dedicarles espacio a su conocimiento y desarrollo, ya que, indudablemente, constituyen una parte sustancial en la casi totalidad de las economías de mercado como la nuestra. 

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