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El triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, significó para Jalapa el “¡boom tabacalero!”, pues además de la familia Somoza, ciudadanos cubanos llegaron al valle y realizaron fuertes inversiones en el rubro, lo cual transformó este municipio en una “colmena” que atrajo a centenares de obreros de la región de Las Segovias y de otras áreas del país. Y así inició el poblamiento de comarcas como San José, La Mía, La Limonera, Pasmata, Tauquil, Teotecacinte, entre otras, en cuyas inmediaciones se extendían las llanuras blancas por los tapados del cultivo de la hoja, ensombrecidas solo por voluminosos galerones para el secamiento y la clasificación.

“Es a partir de los años 60 −del siglo pasado−, que el tabaco pasa a ser un producto comercial, y quedan en el pasado las prohibiciones o las licencias para cultivarlo”, comentó Agenor Zeledón, abogado y ambientalista de Jalapa.Tabacal de Jalapa.

Reconoce el aporte económico y la generación de empleos que el tabaco ha significado desde esa época hasta el presente, aunque también señala el lado gris. “Con el ‘boom’ tabacalero llegó también el descombro, cortaron árboles para ocupar la madera en el tabaco, para elaborar los galerones, madera rolliza para los tapados y los llamados cujes para el secado”, enumeró. Y de esa manera inició el fin de los pantanos o los “reventaderos”, algunos con abundantes peces.

“EL ¡BOOM!"

Desde 1960 hasta 1980, el área de siembra de tabaco en Jalapa se mantuvo en el rango de las 400 manzanas, se lee en un documento de la Biblioteca Municipal. En el período de 1980-1990, de 680 manzanas; en el primer quinquenio de 1990, de 1,000; y el en segundo quinquenio de la misma década, escaló las 2,514. Después decreció drásticamente hasta cerrar en el año 2000 con 102 manzanas.

El vaivén de la oferta y demanda del tabaco decrece y se incrementa, a veces, de manera súbita.

Así como en el año en 2013, el repunte impuso un hito de 7,000 manzanas, según datos recientes brindados por el productor Juan Carlos Pozo. El promedio productivo es de 22 quintales por manzana. En ese año, el sector generó en el valle 7,500 empleos, de acuerdo a registros del Ministerio del Trabajo. En Jalapa existen 7 empresas privadas, dedicadas al cultivo e industrialización de la hoja, que también la llevan a las industrias de Estelí.

EL BLOQUEO

En los años ochenta, la producción de la amarga hoja respondió solo al consumo nacional, pues cesaron las exportaciones por el bloqueo económico que Estados Unidos impuso a Nicaragua.

Además, los empresarios cubanos habían emigrado con sus capitales a países vecinos.

La producción de la hoja fue retomada por empresas estatales, agrupadas en una corporación que se llamó Tabanic, que agrupaba a empresas como “Laureano Mairena”, de Jalapa, “Óscar Turcios”, de Estelí, Nicaragua Cigars, de Condega, Mérida, de Ometepe y “Edwin Chamorro", de Buenos Aires, Rivas, indica el libro “Auge Tabacalero: ¿espejismo en el desierto?”, de los autores David Orozco, Regis Mairena y Edwin Novoa.

Con los cambios políticos en el país, a partir de 1990, los obreros constituyeron la empresa Tainsa para asumir la producción del tabaco y su compleja comercialización en un mercado de monopolios. Al final, desembocaron en cooperativas que alquilan las tierras para el cultivo.  

A mediados de la década de 1990, por un incremento de la demanda mundial de tabaco, sobre todo del mercado de Estados Unidos, como principal comprador de Nicaragua, se registra un repunte histórico de la siembra de la hoja en Jalapa. Tal como lo indica el diagnóstico de desarrollo de Jalapa, la producción de tabaco llegó hasta 2,514 manzanas en 1997, con una producción de 45,252 quintales.

El tabaco de Jalapa es utilizado en la industrialización de puros como liga (mezclas), preferido por el sabor dulce y consistencia del producto. La variedad más popular en el cultivo es el Habano, y en proporciones menores, el Connecticut, Virginia y Burley.

LICENCIAS TEDIOSAS

A sus 83 años, María Ríos recuerda con lucidez cuando a sus 16 años se involucró como obrera en los tabacales de Jalapa, donde la práctica, a través del paso de los años, la especializó como selectora de hojas de la amarga planta, y trabajando en ella, dijo, fue que construyó su casa y se jubiló.

“Hasta antes de 1950, aquí solo se sembraba el tabaco bajo licencia. Era prohibido hacerlo libremente. Se sembraba el tabaco que era de aquí, el ‘chilcagre”. Después llegó, como en 1945, José Floripe, de la ciudad de Estelí, quien introdujo otras formas de cultivo y otras variedades como el Virginia y Burley. La mayor parte de tabaco se sembraba en Cofradía, ahora conocida como La Limonera”, rememoró.  El chilcagre, de la voz náhuatl “chilli”, picante; “agre”, agrio. Era tan popular su cultivo en este valle que también adoptó el nombre de “Jalapa”.

PARA EL MASTICADO

El lugar que menciona Ríos y que fue como el “ombligo” del "¡boom tabacalero!", está dentro del extenso valle de Jalapa, a escasos tres kilómetros del corazón de la ciudad, ahora abarcado por la frontera urbana con barrios populosos.

Un testimonio similar de Alfonso Irías Paguaga puede leerse en un documento elaborado para la Alcaldía de Jalapa en 1993, con referencia a los estrictos controles que las autoridades regían para el cultivo del tabaco, todavía en el año de 1939. “Los campesinos lo sembraban de forma clandestina en las comunidades para el consumo (propio)”, relató. Eran épocas en que los campesinos cultivaban algunas plantas en los patios de las casas para utilizarlas en el mascado (melenquear) o para elaborar artesanalmente cigarrillos que les llamaban “viejitas”.

En esas remotas épocas, los productores locales sembraban lotes de 8 manzanas (5.64 ha) y empleaban temporalmente a 25 personas, la mayoría mujeres y menores de edad. Los fardos de la hoja eran transportados en bestias de carga o en carretas de bueyes a la ciudad de León.

LAS REGULACIONES

La regulación de la siembra de tabaco data desde antes de la Independencia de Centroamérica. Una cita del escritor nicaragüense Sofonías Salvatierra, inserta en la Monografía de Nueva Segovia, escrita por Soriano y Guerrero, se refiere al prestigio de la hoja cultivaba en Nueva Segovia. En ese año, vino un oídor (magistrado) de la Audiencia de México a inspeccionar la Renta de Tabacos del reino de Guatemala, tanto en lo fiscal como en la calidad de la hoja para fines comerciales, “y al apreciar comparativamente los tabacos cosechados en Segovia y en Copán, el perito comisionado les dio igual valor…”, se lee. Tácitamente, se refería a Ciudad Nueva Segovia, hoy actual Ciudad Antigua, en cuyos alrededores se cultivaba el rubro.

Salvatierra también mencionó un conflicto suscitado en el año de 1812 entre las autoridades de León y tabacaleros segovianos, últimos que habían sembrado en grandes cantidades el tabaco, pero bajo una supuesta mal entendida autorización. Era de buena calidad y el producto fue calificado por las autoridades leonesas de “contrabando” y ordenaron destruir los plantíos, pese al ruego del obispo García Jerez, que recomendó comprárselo a los segovianos para evitar un alzamiento popular.

Después de la Independencia, la regulación de la siembra de tabaco por parte del gobierno continuó en todo el país. Por ejemplo, un acuerdo del 25 de abril de 1867, el gobierno desaprobó para ese ciclo, la siembra de tabaco en todos los departamentos del país, debido a la alta existencia del producto en almacenes. Solo Masaya quedaba autorizado a sembrar hasta un millón de plantas como una forma de mantener el empleo para una población que había sufrido una peste. Y de manera enfática se refería para la zona norte: “El presente año de 1867 no habrá siembra de tabaco de ninguna clase en ninguno de los departamentos de la República, inclusive los de Matagalpa i Nueva Segovia”, se lee textualmente con la ortografía clásica de entonces en el Suplemento del Libro Octavo de Código de Legislación de Nicaragua – 1871- elaborado por Jesús de la Rocha.

LAS RESTRICCIONES

La prohibición del cultivo y la venta libre del tabaco era estricto en cada departamento, tal como lo establecía el acuerdo del 11 de diciembre de 1868, sugerido entonces por el prefecto de Nueva Segovia, que tenía su sede en la ciudad de Ocotal.

“4.- Del primero de enero en adelante la venta libre de tabaco queda absolutamente prohibida; i los señores gobernadores de policía perseguirán el abuso conforme a las leyes de la materia.

5.-Dichos agentes cuidarán también de arrancar todos los plantíos de tabaco cuyos dueños no se hubieren presentado ante ellos a llenar el requisito que establece el artículo segundo del acuerdo de 19 de setiembre referido”, se observa en el Suplemento del Libro Octavo de Código de Legislación de Nicaragua.

El origen de Jalapa

La primera referencia histórica de la existencia de Jalapa −que en la etimología náhuatl se deriva de xali, arena; atl, agua; pan, adverbio de lugar: “lugar de agua arenosa”−, aparece en 1603, cuando el presidente de la Audiencia, Alonso Criado de Castilla, envió al general Alonso Cáceres y Guzmán con la orden de que la provincia de Nicaragua le diera 50 indios de socorro para la jornada de conquista y reducción de los indios xicaques de Taguzgalpa. Jalapa pertenecía a la provincia de Tologalpa (Libro Nueva Segovia, 1945, escrito por Celia Guillén de Herrera).

Otra referencia antigua de este lugar figura en la relación de fray Fernando Espino, primer sacerdote de Nicaragua y nativo de Ciudad Nueva Segovia, quien desde Guatemala llegó a Jalapa en 1637, a predicarle a los indios xicaques en su lengua, y narró el encuentro mítico con uno de los aborígenes. El religioso era hijo de una mujer de esa tribu y de un colonizador español.

En esta misma jurisdicción, según documentos históricos del municipio, existió Villa de El Espíritu Santo, fundada por el capitán Gabriel de Rojas en año de 1531.

Actualmente el municipio tiene una superficie de 685.9 kilómetros cuadrados, de los que casi 200 son de tierras planas, y alberga una población estimada en 67,362 habitantes, según proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide).

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