Germán Retana
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Cuando el líder del equipo o uno de sus miembros acepta -lo exprese o no- que se equivocó y luego rectifica, el premio a su valentía y a su honestidad será influir positivamente en los demás. Y si además tiene el coraje de reconocer sus dudas y que las otras personas tenían razón, su liderazgo será aún mayor.

Un pequeño cambio de parte de quienes ostentan el poder se traducirá  en significativos resultados. Para superponer  los intereses del equipo a los propios y dar el paso sin intransigencias,  solo se necesita de una buena dosis de humildad.

Una persona sensata actúa conforme a sus valores, a sus más íntimas y buenas convicciones; pero si pierde la sensatez, pierde la esencia de sí misma. Así lo plantea el autor espiritual Eckhart Tolle, para quien  ”Cuando pierdes contacto con la quietud interior, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo”.  Entonces,  la sabiduría radica en no perder la conexión de las conductas visibles con la esencia más profunda, de cuya unión deriva una mejor versión de  líderes y compañeros al servicio de una organización.

En un equipo, cuando en ese contacto consigo mismo se descubren -a conciencia-  comportamientos incongruentes, la razón será evidente: una ruptura entre la realidad interior  y la exterior. Las relaciones son forzadas, la imposición sustituye al carisma, la sinceridad se encubre por temor a expresar  las discrepancias.

Reconocer errores y debilidades,  asumir consecuencias y rectificar engrandece a la persona; además, abre las puertas de la voluntad de los miembros de la organización. Solicitar consejos, escuchar -incluso a quienes adversan planteamientos- y sopesar diversos  puntos de vista  enriquece el criterio propio.

Ambicionar ser el monopolio de la verdad se convierte en el boleto hacia el  destierro del corazón del equipo; nadie desea estar cerca de alguien que se considera mejor que todos juntos. La soledad es la residencia de quienes se declaran infalibles y dueños de la verdad absoluta.

Todos poseemos alguna cuota de poder, pero nadie la totalidad. “Cuando combino el poder de la confianza en mí mismo con motivos puros, poco es lo que no puedo lograr. Si utilizo este poder con sabiduría en beneficio de todos aquellos con quienes me cruzo, puedo confiar en que siempre tendré lo que necesito”, expresa Dadi Janki. El liderazgo inspirador normalmente es ejercido por personas auténticas, que corrigen a tiempo decisiones destinadas a encubrir los errores, a disfrazar las debilidades propias y el temor de parecer vulnerables.

Mientras más se confía en otros, más vulnerable se es; todo puede suceder. Pero cuando no se confía ni en sí mismo ni en los demás, nada sucede; pues se es intrascendente. ¿Cree usted que aceptar la vulnerabilidad lo fortalece?

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