Noel Ramírez Sánchez
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Warren Buffett dice que la primera regla de un inversionista es no perder dinero y la segunda es nunca olvidar la primera.  Por eso Buffett siempre ha seguido el principio del “margen de seguridad”, que es uno de los conceptos fundamentales que aprendió del creador de las finanzas corporativas, Ben Graham.  Y por eso también siempre ha seguido el principio de que precio y valor son dos cosas distintas, ya que el mercado no siempre actúa racionalmente, sino que muchas veces está eufórico y otras totalmente deprimido y sin razón alguna.

Por otro lado, es importante recordar que la primera obligación de la junta directiva de una empresa y de su dirección superior es crear valor para la empresa y especialmente para sus accionistas, ya que ni siquiera la filantropía tiene sentido cuando no se ha creado valor a nivel de la actividad empresarial.

Desafortunadamente y con mucha frecuencia los directores y la alta dirección empresarial no solo no saben si están creando valor con sus decisiones, sino que no saben cómo podrían crearlo.

Como usted sabe, el valor en una empresa se crea aumentando el flujo de beneficios que se derivan de la actividad empresarial, pero sin aumentar el capital invertido; reduciendo el capital invertido sin afectar el flujo de beneficios; o reduciendo el riesgo de la actividad empresarial, lo cual le lleva a reducir el costo del capital invertido y por lo tanto la tasa de descuento con que traerá a valor presente el flujo de los beneficios.

Como usted también lo sabe, para operacionalizar estos principios podemos recurrir a la formula du-pont, que nos dice que el rendimiento del capital invertido es igual al margen de utilidad multiplicado por la rotación de los activos; donde el margen de utilidades depende de las variables contenidas en el estado de pérdidas y ganancias y la rotación depende de las variables contenidas en el balance.  Y como ya lo hemos mencionado, normalmente las juntas directivas y la dirección superior solo se preocupan del margen y pasan por alto la rotación.

Por estas razones, hoy hemos querido recordar con usted tres principios que son fundamentales para la creación del valor.

Primero, una empresa excelente no es necesariamente una inversión excelente y una empresa con rendimientos deficiente no es necesariamente una mala inversión.  Por ejemplo, una empresa puede estar produciendo un rendimiento sobre el capital invertido del 20 por ciento anual, ya que posee grandes ventajas competitivas, pero si usted se encapricha y paga por ella el doble o el triple de su valor intrínseco, el rendimiento se reducirá a la mitad o a la tercera parte.  Por otro lado, la empresa puede estar produciendo rendimientos muy poco satisfactorios debido a debilidades internas que usted tiene la capacidad de superar, en cuyo caso si usted la logra adquirir a un precio que sea consistente con la situación actual, su beneficio futuro podría ser enorme.  Recordemos que las empresas no tienen el mismo valor para todo comprador potencial, por lo que los precios van desde el precio justo de mercado hasta el precio que un inversionista estratégico está dispuesto a pagar para adquirir las sinergias que solo él podría desarrollar.  Pero si usted es un comprador potencial, nunca abuse de este concepto, ya que las sinergias en el papel muy pocas veces se llegan a materializar.

Segundo, el crecimiento por sí mismo no es fuente de creación de valor y por el contrario el mismo ha sido una de las causas más comunes de destrucción de valor.  Como dice Michael Porter, esta es una de las causas más comunes para destruir estrategias empresariales que originalmente fueron sumamente exitosas.  En este sentido, le recomiendo leer su artículo “What is strategy?”.  Este riesgo es especialmente importante en el caso de fusiones y adquisiciones que, además del crecimiento, procuran la diversificación. Para que el crecimiento cree valor para la empresa y los accionistas y no solo beneficie a la Dirección Superior, se necesita que el mismo tenga un rendimiento superior al costo marginal del capital invertido. En caso contrario, el crecimiento estará destruyendo valor.  Por lo tanto, el crecimiento basado en economías de escala, o en participación de mercado, o en la mera diversificación, si no cumplen con la regla mencionada, es mejor evitarlo. 

Tercero, el palanqueo, es decir el financiamiento que no proviene de las utilidades retenidas, por sí mismo tampoco es fuente de creación de valor.  Sin embargo, tampoco debemos caer en el argumento simplista de “¿por qué voy a endeudarme y tener que pagarle de mis ganancias intereses al banco?”. El palanqueo cuando tiene un costo inferior al rendimiento que obtenemos al invertirlo es fuente de creación de valor.  El ejemplo más sencillo es el de un banco, donde el rendimiento sobre el capital es igual al rendimiento sobre los activos (roa) multiplicado por el palanqueo (activos/capital) y donde el roa anda entre el valor de 1 y 2 por ciento y el palanqueo anda entre 10 y 12 veces el capital, por lo que el rendimiento sobre el capital de los accionistas anda entre el 10 y el 20 por ciento. Sin embargo, cada vez que aumentamos el porcentaje del endeudamiento, aumentamos el riesgo del flujo de los beneficios para acreedores y accionistas, y por lo tanto, aumentamos el costo de dicho palanqueo. Y para concluir, si el costo del palanqueo es superior al rendimiento que vamos a obtener, en lugar de crear valor, lo estaremos destruyendo. 

nramirezs50@hotmail.com

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