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Para muchos, Masaya es sinónimo de dulce debido a que este departamento conserva la fabricación de la mayoría de cajetas tradicionales en nuestro país.

Esta agroindustria representa el 6% de la actividad productiva de la Ciudad de las Flores y genera 208 empleos.

El olor a coco, canela, clavo y chapa de olor son irresistibles en las instalaciones donde funciona Dulcería El Carmen, situada en el kilómetro 29 ½ carretera Masaya.

Su propietaria, doña María del Carmen Calero, supervisa a cada uno de sus trabajadores, porque considera importante mantener la consistencia y la calidad en su producto, que se deshace en el paladar de cada cliente.

Actualmente, cuenta con un puesto de venta en su vivienda, abastece los supermercados La Colonia, La Unión y tiene un quiosco en Plaza Inter y Multicentro Las Américas. Esta fábrica de dulces genera 18 empleos permanentes.

“Esta empresa cumplirá 26 años y nunca imaginé que iba a llegar hasta donde me encuentro, porque cuando empecé con el negocio tenía cinco hijos, no teníamos dónde vivir, vivíamos de lo poco de lo que ganaba mi esposo, q.e.p.d.”, rememoró la emprende-dora de los manjares.

Esfuerzo

La empresaria reconoce que no tenía tiempo para ir a estudiar, pero a veces medio recibía clases, porque las monjas se interesaron para que aprendiera a leer y a escribir fuera del horario que ellas tenían para dar clases al estudiantado.

Luego con su esposo decidió revender cajetas en el mercado municipal “Ernesto Fernández”, pero la vida era dura porque salían a las 2:00 a.m. y regresaban a su casa a las 9:00 p.m.

Su marido viajaba a León, de donde traía garrobos y leña, las que vendían en Masaya, pero esa vida les cansó, por lo que se le ocurrió la idea de preparar cajetas de coco y mandar a sus hijas a vender.

A este esfuerzo se sumaron las amigas de sus hijas, quienes pidieron ventas y el número de vendedoras aumentó a ocho. La cajeta de coco las vendían en la parada de buses, en las afueras de los bancos, en la Estación del Ferrocarril, en los parques, en la Alcaldía y fue de esa manera que surgieron.

Para ese entonces ya hacía piñonate de coco, de papaya, cajeta rosada y con las ganancias compraban el coco, azúcar, leña, porque en ese tiempo no tenían las máquinas industriales que tienen ahora, pagaban a las vendedoras

Poco a poco fue construyendo su vivienda y en su momento ahí tenía la fábrica, pero realizó un préstamo de US$18,000 y logró comprar una propiedad donde ahora funciona el negocio.

“Logré independizar la casa de la fábrica y ahora me quedan dos abonos y ya estoy libre, porque me dieron la oportunidad de solicitar un préstamo para poder uno anterior”, señaló la empresaria.

El área de tributación de la Alcaldía de Masaya tiene registrado 21 contribuyentes que se dedican a la fabricación de dulces, quienes están de forma general y no por categoría.

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