Eduardo Duque- Estrada Ortiz - Economista
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La política económica de cada país se refiere al número de reglas, leyes, acuerdos y demás instrumentos con los que el gobierno le da cuerpo a su modelo económico en el corto, mediano y largo plazo. Estas pueden incluir políticas de tipo de cambio, políticas comerciales, políticas laborales, fiscales y monetarias en general, las cuales tiene como objetivo promover el crecimiento económico, la estabilidad de precios y el empleo.

Asimismo, cuando una economía entra en recesión, tanto la política monetaria como la fiscal son utilizadas para tratar de “reanimarla”. Por tanto, al llegar la crisis del 2008, el gobierno de Estados Unidos echó mano de ambos instrumentos para hacer frente a la desaceleración. Según el Informe Final de la Comisión Nacional sobre las causas de la crisis, esta tuvo sus raíces en “fallas generalizadas en la regulación financiera y la supervisión… que probaron ser devastadoras para la estabilidad de los mercados financieros de la nación”.

En el período comprendido entre el 2007 y el 2013 cerraron un total 836 de bancos en los EE.UU., reduciéndose la cantidad bancos comerciales a 5,260. El crédito se detuvo. Como resultado la economía americana pasó de crecer 1.8% (PIB) en el  2007 a decrecer -0.3% en el 2008 y -2.8% en el 2009.

El gobierno reaccionó, igual que el resto del mundo desarrollado, aumentando el gasto público (en 24%) e inyectando US$204.7 billones a los bancos más grandes (to big to fail) para proteger los depósitos del público, además de capitalizar US$495 billones en empresas financieras no bancarias como Fannie Mae, Freddy Mac, AIG, etc.

Por su parte, la Reserva Federal compró más de US$4.5 trillones en activos financieros como bonos del Tesoro y activos respaldados por hipotecas subprime. La llamada política de “flexibilización cuantitativa” (quantitative easing), cuya intención era estimular la economía mediante inmensas compras de activos financieros, la mayoría deuda gubernamental, inyectando dinero a fondos de pensiones, bancos, compañías de seguros y demás, ha propiciando tasas de interés de largo plazo históricamente bajas.

En consecuencia, la economía americana ha reaccionado creciendo alrededor del 2% desde 2012 en adelante, reduciendo el nivel de desempleo del 10% en octubre del 2010 al 4.9% en junio del presente año, con una saludable tasa de inflación anual de 1.1% a agosto.
Entonces, ¿ha tenido éxito la política fiscal y monetaria expansiva del gobierno americano? Entre 1950 y el año 2000 el crecimiento promedio de la economía americana fue de 3.5% anual, lo que ha llevado al Wall Street Journal a llamar “crecimiento esclerótico” al desempeño del PIB de los últimos años, el cual se proyecta en menos del 2% para el 2017.

Este crecimiento bien moderado ha ocurrido a pesar de una política monetaria expansiva que duró 6 años, complementada con un aumento considerable en el gasto público. El mayor gasto generó un salto en el déficit fiscal, pasando de US$160 billones en el 2007 a US$1.4 trillones en el 2009, y aunque se ha venido reduciendo, ha propiciado una deuda pública que hoy alcanza los US$19.5 trillones de dólares, que con relación al PIB (105%) representa el nivel de endeudamiento más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Cómo afecta este alto endeudamiento al futuro crecimiento? Cuando llegue el 20 de enero del 2017 el próximo presidente de los EE.UU., se encontrará con muy poca capacidad de maniobra porque las tasas no se pueden bajar más y el endeudamiento limita severamente la disponibilidad de utilizar el gasto para empujar el crecimiento.

El presupuesto federal utiliza el 63% del ingreso en seguridad social, el 21% en defensa y el 6.6% en pago de intereses, dejando poco espacio para gasto de capital, y el déficit proyectado para el 2016 sigue siendo un alto US$620 billones. Para Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, ambos profesores de políticas públicas de la Universidad de Harvard, cuando los países exceden un nivel de endeudamiento del 90% de su PIB, las tasas de crecimiento se desmejoran en un 1%.

Las proyecciones más conservadoras pronostican que el endeudamiento del gobierno federal continuará aumentando hasta llegar a US$29 trillones en el 2026, lo que compaginado con tasas de crecimiento del PIB mediocres vislumbra un futuro gris.

Como ven, el gobierno americano tiene mucho de que preocuparse en el futuro cercano; dudo, por eso, que la mancillada democracia nicaragüense sea parte de sus desvelos.

Septiembre de 2016.

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