Germán Retana, profesor de liderazgo de INCAE Business School.
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Algunos responden sin que les hayan terminado de preguntar, juzgan sin escuchar o sin comprender los hechos; la exigen, pero no la ofrecen; a veces, la tienen hacia los demás, pero no hacia sí mismos. Otros, con ella alcanzan victorias y sin ella fracasan. Para Plutarco, es más poderosa que la fuerza. ¿Es la paciencia una de sus virtudes?

Toda empresa, equipo o persona está expuesta a adversidades, a injusticias y a trabas externas e incomprensibles. Todos nos enfrentamos a situaciones que desafían nuestra tolerancia y ecuanimidad ante las decisiones aberrantes y obstinadas de quienes hacen complicado lo sencillo. La burocracia paralizante y sus procesos absurdos también se suman a esta maraña de circunstancias que obligan a echar mano de la paciencia, como medio para transitar entre ellas y salir airosos.Germán Retana.

En la gestión de uno mismo, esta virtud conduce a la serenidad para discernir con más sabiduría, para  reaccionar sin amargura ni precipitación. Tener conciencia de los principios que se protegen permite estar sosegado aun en momentos de turbulencia, porque se confía en que, al final de la tormenta, prevalecerán la verdad y la justicia. Esta inteligencia emocional conlleva, algunas veces, a "engullir el  orgullo”; algo que es bueno, pues no engorda, dice un refrán.

La paciencia es hermana de la perseverancia. Y cuando se unen,  no hay rendición ni pereza; la meta prevalece intacta y el éxito se explica con una dosis de trabajo superior a la del promedio. Juntas ayudan a luchar, en el ámbito deportivo, hasta el minuto final;  a sentarse y a repensar las estrategias, en el empresarial.

En la gestión de las relaciones, esta cualidad faculta a pasar por alto las ofensas, la mala intención, el chisme y otras acciones inconcebibles, que fácilmente provocarían resentimientos y abrirían heridas emocionales. La paciencia permite comprender con magnanimidad las bajezas ajenas y continuar la marcha, evitar el ensañamiento y el deseo de venganza. Propicia que los otros se sientan escuchados, considerados y tolerados, que prosperen. “La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces”, reza un proverbio persa.

En la gestión del equipo, los líderes pacientes mantienen el rumbo hacia buen puerto. No esperan perfección en el desempeño de sus miembros, más bien, trabajan sin cesar en el fortalecimiento de sus capacidades. No confunden paciencia con pasividad; son proactivos y permanecen enfocados en la consecución de sus objetivos. Así, poco a poco, ven llegar los frutos del esfuerzo supremo.

Las personas pacientes son silenciosas ante sus logros, aun cuando estos no les sean reconocidos. Les basta el aplauso de su conciencia, no se cargan de emociones dañinas; no pierden su entereza por nimiedades, pero tienen temperamento fuerte y coraje para reconocer, tal como les advierte Edmund Burke, que “Hay un momento límite en el que la paciencia deja de ser una virtud”.

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