Noel Ramírez Sánchez / Doctor en Derecho y Economía
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Hace más de dos décadas conocí a Óscar Arias, cuando aceptó una invitación que le hice para que, al inicio de su primer gobierno, se reuniera con líderes del sector empresarial y laboral para escuchar sus inquietudes sobre la situación y perspectivas de la economía nacional y que ellos escucharan la visión que él tenía para el futuro del país.  En su intervención, Arias dijo que gobernar era educar, convencer y escoger, ya que los recursos eran siempre limitados.  Y siempre he creído que, en el corto plazo, gobernar es administrar los recursos de que dispone el Estado y para hacerlo adecuadamente, es fundamental establecer claramente las prioridades que serán atendidas.  Y por eso, los economistas creemos que la ley del presupuesto nacional es la ley más importante que el Poder Legislativo aprueba cada año. Por otro lado, cuando vivía en Costa Rica, con frecuencia escuchaba que el presidente José Figueres Ferrer, tres veces presidente de ese país, siempre decía que el mejor ministro de Hacienda era un buen precio del café en el mercado internacional.  En su época, el café era la columna vertebral de la economía nacional.Noel Ramírez.

Sin embargo, el problema se presenta cuando el precio de nuestras exportaciones se cae en los mercados internacionales o cuando el flujo de cooperación externa se reduce.  Y en esos casos lo que necesitamos es que el ministro de Hacienda le presente al presidente de la República las distintas opciones de política económica que se pueden seguir y las consecuencias de cada una de ellas, tanto en el corto como en el largo plazo. Con respecto a este aspecto, debemos recordar que en el corto plazo siempre habrá ganadores y perdedores, costos y beneficios y que lo importante es el resultado en el largo plazo, lo cual es muy difícil de aceptar para ciertos políticos.

Sin embargo, el mayor error sería creer que lo mejor es no actuar, olvidándonos que al no actuar, también estamos tomando una decisión y que el costo será infinitamente mayor.

¿Qué se debe hacer cuando nos enfrentamos a este tipo de situaciones?

Como siempre hemos dicho, la respuesta dependerá de la ideología política de la persona encargada de tomar esta decisión, que en este caso, por la seriedad de la misma, correspondenderá al presidente de la República.  Y como siempre lo hemos dicho, en ese momento es necesario evitar la presencia de personas que desconocen el tema y les gusta ganar puntos ante el presidente de la República, ya que pueden crear una crisis innecesaria. Se los digo por experiencia personal.  

Pues bien, dada mi concepción de cómo funciona la economía y cómo actúan los agentes económicos, lo que yo haría para enfrentar el corto plazo sería lo siguiente:

Primero, tratar de recuperar el flujo de cooperación externa o recurrir a otras fuentes de endeudamiento externo.

Segundo, recurrir al endeudamiento interno, colocando títulos en el mercado local a tasas de interés que sean atractivas a los potenciales inversionistas.  Con esto se dará respuesta a la brecha de recursos del sector público, pero se podrían limitar los recursos al sector privado.
Tercero, recortar el gasto público de tipo corriente del cual políticamente sea más fácil de prescindir, pero como ya lo hemos dicho, es más fácil cancelar un nuevo proyecto de inversión que todavía no beneficia a persona alguna. Sin embargo, si hay gasto público que no tiene razón de ser, esta opción pasaría a ser la segunda.

Cuarto, si tengo suficientes reservas internacionales, recurrir a ellas pero sin abusar de las mismas, para no crear incertidumbre en el mercado cambiario.

Quinto, recurrir a medidas que generen una mayor recaudación fiscal y sexto, nunca recurría a la emisión inorgánica que provocaría inflación y la devaluación de la moneda, ya sea en el mercado oficial o en el mercado libre.

Al final, cada uno de nosotros tendrá su propio orden de prioridades y lo más probable es que la respuesta sea una mezcla de todas las opciones que hemos mencionado, aunque naturalmente que con un distinto peso individual para cada una de ellas.  Además, el orden que decidamos escoger dependerá de nuestros propios intereses; pero lo peor sería hacer nada y continuar como si nada ha ocurrido, ya que en ese caso, primero se agotarían las reservas internacionales y luego se provocaría la inflación y la devaluación, situaciones que, afortunadamente, con poquísimas excepciones han sido erradicadas del panorama económico de la gran mayoría de las economías del mundo entero.  

Por eso es que Óscar Arias decía que gobernar es escoger y educar; ya que después de tomar la decisión, tenés que explicársela a los agentes económicos, para que la misma tenga mayores posibilidades de éxito. 

nramirezs50@hotmail.com

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