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Tras la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial ha quedado la percepción de que las principales economías del mundo tendrán una recuperación lenta.

El economista y expresidente del Banco Central de Nicaragua, Noel Ramírez, señala que a eso se suma la creciente influencia de movimientos políticos en algunos países europeos que plantean como solución “gastar más, aunque se destruya la estabilidad macroeconómica”.

En esta entrevista, Ramírez opina sobre cómo debe prepararse Nicaragua ante posibles giros de la economía global. “La agenda económica debería concentrarse en continuar mejorando la calidad del gasto público”, enfatiza.

¿Cuál es la perspectiva económica mundial?

Las expectativas son de un crecimiento lento y desigual. El crecimiento será especialmente lento en Estados Unidos, Europa y América Latina, con la excepción de Centroamérica que seguirá creciendo a tasas similares. Por otro lado, China seguirá creciendo a tasas muy buenas, aunque menores que las tasas que había venido experimentando, lo cual podría incidir en los precios y volúmenes de nuestras exportaciones tradicionales. Esto ya todos lo sabemos. Sin embargo, lo importante es tener presente que no será fácil cambiar este panorama mundial, al menos en el corto plazo, debido a que los instrumentos tradicionales de política fiscal y monetaria se han venido agotando a nivel de la mayoría de las economías más grandes y desarrolladas del mundo.

¿Por ejemplo?

En el campo de la política monetaria los bancos centrales han agotado la posibilidad de seguir estimulando sus economías por medio de reducciones en las tasas de interés, ya que en la mayoría de los casos, las tasas se encuentran muy cercanas a cero. En el caso de los Estados Unidos y su Reserva Federal, es decir su banco central, ya llevamos tiempo escuchando incluso que ha llegado el momento de subir las tasas y no se deciden a ello por temor a perjudicar la lenta recuperación que su economía está experimentando. Declaraciones similares escuchamos del Banco Central Europeo. Las posibilidades de estímulos por el lado fiscal también se han venido agotando, al menos por el lado del gasto público que políticamente es el más visible. Esto se debe a los programas de estímulo que muchas de las economías más grandes del mundo tuvieron que poner en práctica para enfrentar la crisis económica mundial que dio inicio en el 2007 y 2008, consecuencia de la crisis financiera causada por el mal manejo de los créditos hipotecarios en la mayoría de las economías más desarrolladas.

¿Cuáles fueron los resultados?

Los niveles de endeudamiento de estas economías han crecido sustancialmente, y por lo tanto, los márgenes para continuar estimulando sus economías por medio de un mayor gasto público y un mayor endeudamiento, son sumamente limitados. Sin embargo, en algunas todavía seguimos escuchando propuestas de reducciones de impuestos para estimular sus economías, argumentando que dichas reducciones estimulan el crecimiento económico y la recaudación fiscal. No estamos hablando de aquellos casos sencillos donde deseamos estimular el crecimiento de una economía que tiene altas tasas de interés y bajos niveles de endeudamiento. Si ese fuera el caso, la solución sería fácil, ya que bastaría con reducir las tasas de interés y aumentar el gasto público, aumentando el endeudamiento, al menos en el corto plazo.

Desafortunadamente todavía no conocemos una economía interplanetaria que nos pueda ofrecer una “iniciativa HIPC” para todos los países de la tierra y especialmente para los países más ricos y endeudados del mundo. Además, tendríamos que buscarle otro nombre a esta iniciativa.

¿Entonces, qué se puede hacer para acelerar el crecimiento económico mundial?

Lo que no debemos hacer es abandonar la estabilidad macroeconómica creyendo que existe un conflicto entre esta y el crecimiento acelerado, porque entonces, en lugar de tener una lenta recuperación, tendríamos inflación y estancamiento económico. Este conflicto no existe y más bien la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria para el crecimiento económico.

Lo preocupante es que en ciertos países europeos están creciendo movimientos políticos que creen que existe este conflicto y que la solución es gastar más, aunque se destruya la estabilidad macroeconómica. Tampoco debemos recurrir al proteccionismo, elevando los aranceles a las importaciones y recurriendo a las devaluaciones recíprocas, que a nuestro juicio también vendrían a poner en peligro la recuperación de la economía mundial. Creo que la crisis reciente y la lenta recuperación con muy poco efecto en el empleo, porque supuestamente somos más eficientes, ha elevado los cuestionamientos a la globalización, pero debemos tener mucho cuidado.

¿Cuáles serían las salidas?

Creo que la salida está en mantener la estabilidad macroeconómica, fortalecer el comercio internacional, mantener tasas de cambio competitivas y realizar las reformas estructurales que harán a estas economías más competitivas en los mercados internacionales. Las que realicen su tarea en ese sentido, serán las que acelerarán su crecimiento económico. Las reformas estructurales naturalmente dependerán de cada caso, ya que en algunos será la educación y la tecnología; en otros la infraestructura, y en otros podrían ser, más que los niveles, las estructuras de gastos e impuestos. La conclusión principal es que las soluciones fáciles de reducir las tasas de interés y elevar el gasto público y el endeudamiento, prácticamente se han agotado.

Ante ese escenario mundial ¿cuál debería ser la agenda económica de Nicaragua?

En nuestro caso, donde las perspectivas son que la región y nosotros seguiremos creciendo a más del 4 por ciento, en términos generales lo fundamental es continuar manteniendo la estabilidad macroeconómica, conservar los niveles de cooperación internacional, mantener o incrementar la inversión privada extranjera y continuar con una política cambiaria realista y competitiva, es decir, con una tasa de cambio que no se vaya a sobrevaluar, que no abarate artificialmente el costo de la divisa. Ya más específicamente, la agenda económica debería concentrarse en continuar mejorando la calidad del gasto público, cuidando el crecimiento del gasto corriente y focalizando los subsidios, para que estos lleguen a los sectores que verdaderamente los necesitan. Continuar fortaleciendo la recaudación fiscal, pero en este tema debemos ser muy cuidadosos, ya que siempre lo que se recomienda es ampliar la base tributaria y reducir las exoneraciones fiscales, para reducir otras tasas o para disponer de más recursos y con lo cual todos en principio estamos de acuerdo. Sin embargo, cuando la exoneración es un subsidio legítimo, solo debemos asegurarnos que sea focalizado; y cuando es una compensación a costos de producción locales que no son competitivos, debemos ser muy cuidadosos, ya que podemos matar a la “gallina de los huevos de oro”. Por otro lado, debemos seguir trabajando en modernizar la matriz de la generación de energía eléctrica, para que las tarifas cada día sean más competitivas. Finalmente, creo que es muy importante continuar abordando integralmente al sistema de Seguridad Social y es mejor hacerlo desde ahora, y no cuando ya tengamos el problema encima. Recordemos que Noé, por consejos del mejor asesor de la humanidad, empezó a construir el arca mucho antes de que empezara a llover. Si en realidad, al final el panorama internacional no llegara a ser tan bueno como quisiéramos, con mayor razón debemos prepararnos mejor.

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