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El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), una organización de la Naciones Unidas, ejecutará un nuevo proyecto en Nicaragua, de US$20.5 millones. Se enfoca en el corredor seco del país y beneficiaría a unas 30,000 familias, explica Ladislao Rubio.

¿Cuántos proyectos está ejecutando el FIDA en Nicaragua?

En este momento tenemos dos proyectos en operación en Nicaragua. Normalmente, el FIDA tiene en Nicaragua tres intervenciones simultáneamente, con distintos grados de madurez. El año pasado cerró un proyecto, Procaval. Toda nuestra cartera está en el Mefcca (Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa). El interés fundamental (de ese proyecto) era cómo incluir a los pequeños productores en la dinámica comercial que las organizaciones, principalmente las cooperativas, quieren. Tratamos de trabajar con cooperativas consolidadas. Ese proyecto cerró y estamos en la fase final de evaluación, y los primeros indicios nos indican que fue muy interesante. Los otros dos proyectos que están activos en este momento son: Por un lado, uno que fue aprobado hace dos años atrás, el Nicadapta, que a partir de la experiencia del Procaval centró el tema del cambio climático en café y cacao. A partir de un análisis del CIAT (Centro Internacional para la Agricultura Tropical), que decía que en uno de los escenarios el café iba a tener mayores limitaciones a bajas alturas y que había una necesidad importante de diversificación. El cultivo que de alguna manera no rompe la dinámica del café y que se presenta como una alternativa es el cacao, y además Nicaragua produce un excelente cacao y tiene excelentes condiciones para producirlo.

¿Cuál es el otro proyecto activo?

Es Nicaribe. Para nosotros fue una deuda que teníamos, porque nunca habíamos tenido una intervención en la Costa Caribe. Este proyecto, que ya está en su etapa final fue diseñado alrededor de unos seis años atrás. Fue diseñado y pensado en conjunto con el Consejo de Desarrollo de la Costa Caribe. El proyecto surgió en un momento en que era importante fortalecer las organizaciones territoriales. Este proyecto fue madurando y actualmente están teniendo cada vez más importancia los roles que juegan los gobiernos regionales. Entonces hubo un proceso de vinculación entre las instituciones nacionales, regionales y territoriales, para poder operar. Tenemos buenas expectativas de que deje buenas enseñanzas.

¿Cuánto se está invirtiendo en estos dos proyectos?

Aproximadamente US$50 millones, como inversión global. Nosotros tenemos un desembolso aproximado por año de entre cuatro y seis millones de dólares. Más o menos ese es el flujo de desembolso para Nicaragua. Ese es el desembolso del FIDA, pero tenemos otro socio muy importante, además del gobierno, que es el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Tenemos una sociedad antigua y trabajamos muy bien con ellos, y generamos una cartera de inversión bastante interesante. En total, entre los dos, tenemos una inversión de unos US$100 millones, que no es poco para el tema de desarrollo rural.

¿Cuáles son los resultados concretos que tendrían en el desarrollo rural?

Los resultados concretos también obedecen a tendencias generales. Si un proyecto tiene buenos resultados, pero el contexto es negativo, algo está pasando. Lo que nosotros vemos es que estos proyectos están aportando de alguna manera a lo que está pasando en general. Y lo que está pasando en general es que la pobreza rural está disminuyendo. Eso lo señalan todas las estadísticas. En los proyectos de integración de la cadena de valor, de los enlaces productivos, fundamentalmente (el resultado) está en la capacidad de mejorar sus tecnologías de producción y su capacidad de vender. Y eso está implicando la mejora de sus ingresos. Si bien, cuando nosotros diseñamos originalmente el proyecto Procaval, que ya cerró, el tema del cambio climático no tenía la fuerza conceptual ni ambiental, aunque ya se veía. Y fuimos aprendiendo mucho de eso. Y quizás lo más importante es que estamos aprendiendo, para los nuevos proyectos, es entender mucho más de lo que está haciendo la gente en este momento. ¿Por qué decimos esto? El cambio climático fundamentalmente lo que está provocando es que no sabemos muy bien qué hacer. Ese es un poco el dilema. Sabemos e intuimos que lo que hacíamos antes probablemente nos sirva para el futuro. Sin embargo, la gente está haciendo cosas y fundamentalmente lo que están haciendo los pequeños agricultores es diversificar sus fuentes de ingresos. Valorizan mucho más las distintas fuentes de ingreso. 

No valorizan solo la producción agropecuaria, sino también lo que ganan afuera, el pequeño negocio, invierten para que el hijo vaya a estudiar y en distintos niveles de educación. Es una inversión que hacen las familias y sobre esa base es que pensamos que debe estar el desarrollo rural, donde los recursos naturales son frágiles y el cambio climático afecta más. Hay que apostar por brindar más información y conocimiento. En ese sentido, entendemos que no es solo un tema de mejoramiento de recursos naturales. Tenemos que pensar que, más que la resiliencia de los recursos naturales al cambio climático, está la resiliencia de las familias, la capacidad de soportar los choques y recuperarse de ellos. Ese concepto es a nivel de familia, no solo de los recursos naturales. Ese es un poco el enfoque relevante. Cuando pensamos en la familia, además de pensar en ingresos, tenemos que pensar en la calidad de la dieta. Nosotros le estamos dando mucha importancia en que parte de los conceptos de resiliencia y capacidad de adaptarse tiene que ver con lo que la gente consume, con la calidad de lo que están consumiendo. Esa trilogía de vincular ingresos, adaptación al cambio climático y nutrición de calidad nos parecen claves.

Me contaba que el FIDA tiene un nuevo proyecto en el país que aborda esos tres aspectos. ¿En qué consiste?

Como el país nos pidió que nos centráramos en el Corredor Seco, vamos a estar en 37 municipios con el interés de avanzar. Este proyecto tiene como nombre corto Nicavida, porque apostamos un poco a la vida. Es un proyecto que apunta, justamente centrado en las familias, a apoyar las estrategias de las familias, que están haciendo a partir de los instrumentos que ya tienen para implementar proyectos. El Gobierno, a través del Mefcca, ha desarrollado distintos modelos. Consideramos que el bono productivo fue una experiencia muy positiva, igual que (el programa) Crissol. 

O sea, pensar en la lógica de que no es una cuestión nada más de regalar el dinero, sino que la gente entienda que es necesario pagarlo, me parece clave. Entonces, este proyecto busca invertir en bienes públicos, para que la familia esté mejor y que la lógica privada facilite el acceso a servicios financieros.

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¿En qué etapa está este proyecto?

El ministro de Finanzas, don Iván Acosta, estuvo en el FIDA visitando al presidente Kanayo Nwanze, en septiembre de 2015. En septiembre de este año fue aprobado este proyecto. Para nosotros fue un tiempo récord. Ya fue aprobado y va a ser firmado en estos días. La firma es un momento importante que permite la entrada al congreso nacional para su aprobación. Lo que nos dicen es que tenemos la esperanza de que antes de fin de año este proyecto esté en ejecución. Para nosotros es un tiempo récord. Quiero decir una cosa más. Este proyecto se enmarca además en el esfuerzo que está haciendo el Gobierno, coordinado por el Ministerio de Hacienda, de la estrategia para el Corredor Seco. Y es un elemento clave.

¿De cuánto será la inversión?

El financiamiento de este proyecto por parte de FIDA es de US$20.5 millones. Este financiamiento se va más que duplicar probablemente, pero ahora está en su fase de aprobación. El financiamiento FIDA ya aprobado es de más de US$20 millones y esperamos atender a unas 30,000 familias del Corredor Seco.

¿Cuáles serán las acciones que se desarrollarán en el sector seco?

El principal capital que tiene Nicaragua es la capacidad de organizarse y al nivel del sector rural siempre ha sido algo muy importante. La capacidad de organizarse ha permitido disminuir los enormes costos de transacción que tiene la producción en pequeña escala. A través de acuerdos entre el Gobierno y organizaciones de productores se identifican las oportunidades para poder invertir y fundamentalmente se da un proceso de búsqueda de nuevos rubros, porque frijol y maíz solamente en el Corredor Seco seguramente está deteriorando más los recursos naturales. La ganadería aparece como una buena alternativa, pero también otros frutales. El Corredor Seco en teoría ofrece las mejores condiciones para producir, porque permite también el riego. La cuestión es que hay que invertir en eso y para poder invertir en riego hay que tener mercado. También pensamos que es muy importante promover actividades no agrícolas. El recurso natural está muy debilitado y seguir presionando ese recurso natural no parece bueno. Entonces se trata de promover, sobre todo para los jóvenes y mujeres, pequeños negocios, pequeños servicios que puedan ofrecer en el sector rural. Asimismo, nos parece muy importante capacitar a las personas para que puedan insertarse en el mercado de trabajo, con mejores condiciones. Eso es muy importante porque es una segunda alternativa para las familias rurales. Las familias trabajan las fincas, tienen sus pequeños negocios en la medida de lo posible, pero también trabajan. Venden su fuerza de trabajo. Ese elemento nos parece clave no desconocerlo. 

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¿Cómo se desarrollará el aspecto del riego?

Pensamos que la instalación de sistemas de riego tiene que estar dentro del proyecto, pero el riego es un insumo tecnológico más. No es el determinante. Primero hay que entender el mercado, el producto, y saber si esa inversión realmente nos va a aportar un beneficio. Lo que sucede muchas veces es que instalamos un insumo tecnológico sin saber todavía el mercado que tenemos. No queremos que el riego sea un resultado. El resultado será que las familias mejoren sus ingresos y su capacidad de adaptarse al cambio climático. Para mejorar sus ingresos es muy importante que accedan a mercados y si en la medida que acceden es importante innovar en procesos y tecnologías se dará el paso. Pero la tecnología, o sea el riego, no puede ser el resultado.

¿Qué es el FIDA?

El Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA) es una agencia de las Naciones Unidas especializada en créditos a los gobiernos para atender el tema de la pobreza rural, explica Ladislao Rubio.

El FIDA, con sede en Roma, Italia, complementa a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Rubio, de nacionalidad uruguaya, es economista agrícola y ha trabajado durante 16 años en el FIDA.

 

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