Noel Ramírez Sánchez / Doctor en Derecho y Economía
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Cuando usted conversa con empresarios que se encuentran en sus etapas iniciales, con frecuencia los escucha decir que están luchando por alcanzar “el punto de equilibrio”.  Lo mismo ocurre al nadador que está teniendo problemas y está desesperado por alcanzar la costa.  En ese momento, si no sabes lo que estás haciendo, darás lo que te pidan por alcanzar la costa.Noel Ramírez.

Y como usted lo sabe, el “punto de equilibrio” se alcanza cuando los ingresos totales llegan a ser iguales a los costos totales, es decir, los costos variables y los costos fijos.  A partir de este punto el negocio empieza a generar utilidades.

Por lo tanto, el “punto de equilibrio” se alcanzará más rápidamente mientras la contribución unitaria, es decir, el precio del producto menos sus costos variables sea mayor y mientras los costos fijos del negocio sean menores.

Por lo tanto, nos encontramos ante un dilema interesante.  Por un lado, mientras los costos fijos sean más elevados, más difícil será alcanzar el “punto de equilibrio”; sin embargo, mientras más bajos sean los costos fijos, más fácil será la entrada de nuevas empresas que vendrán a competir con nosotros y a reducirnos  los márgenes operativos que obteníamos en nuestra actividad empresarial.

Para hacerle frente a este dilema, es importante recordar a Michael Porter y su esquema de análisis industrial, “ventaja competitiva”, donde las barreras de entrada, por ejemplo los elevados costos fijos, son solo una de las fuerzas que determinan que tan atractiva es una industria para invertir en ella.  Por lo tanto, si después de realizar nuestro análisis industrial llegamos a la conclusión que vale la pena realizar la nueva inversión, a pesar de los altos costos fijos en que tendremos que incurrir, procedamos a realizarla.  En caso contrario, sepamos decir “no”.

Por otro lado, mientras más capital invirtamos en el negocio, menos endeudamiento necesitaremos y por lo tanto, los costos financieros de naturaleza fija serán menores, lo cual nos facilitará alcanzar más rápidamente el “punto de equilibrio”.  Recordemos que el servicio de la deuda (amortizaciones más intereses) es un gasto fijo que debemos satisfacer, independientemente del nivel de utilidades de la empresa.  En cambio, el retorno a nuestro capital invertido es un gasto residual y por lo tanto variable, ya que si no hay utilidades no hay retorno a nuestra inversión.

Sin embargo, mientras más capital tengamos que invertir, más nos estaremos arriesgando y más se nos dificultará iniciar el negocio que deseamos comenzar.

Para hacerle frente a este otro dilema, recordemos los principios de las finanzas corporativas en el sentido que para crear valor para el inversionista, el rendimiento de la inversión debe ser superior al costo del capital invertido y para justificar el endeudamiento, el rendimiento del proyecto a ser financiado con dicho endeudamiento debe ser superior al costo del mismo, correctamente calculado, es decir, después de tomar en cuenta el “escudo fiscal” que obtenemos del pago por los intereses, ya que los mismos constituyen un gasto deducible del ingreso gravable.

Por otro lado, con respecto al costo del capital invertido, recordemos que esta es la tasa de rendimiento que exigimos de una inversión, tomando en cuenta inversiones de naturaleza similar y el riesgo que vamos a asumir. A mayor riesgo, mayor rendimiento requerido de parte del potencial inversionista.  Sin embargo, no olvidemos el concepto de Ben Graham, el “margen de seguridad”, que nos permite aumentar el rendimiento reduciendo el riesgo, al no pagar más de lo que debemos pagar y preferiblemente, pagando menos de lo que vale el negocio, porque el mismo se encuentra subvaluado.

Por lo tanto, la reflexión principal es que si bien es cierto es deseable dedicarse a un negocio donde rápidamente se puede alcanzar el “punto de equilibrio”, la decisión de inversión no se debe basar únicamente en este criterio, ya que la misma tendria una visión de muy corto plazo.  

Usted necesita tener una visión más amplia para que no le pase lo que según Warren Buffett le pasó a un estudiante de la escuela de negocios de una de las mejores universidades del mundo.  El joven era brillante y vivía de una beca muy limitada.  Una noche en un bar conoció a un obrero que trabajaba en la industria de la construcción y tenía un excelente salario (creo que en esa época era 10 dólares por hora).  El estudiante para salir de sus limitaciones y después de rogarle al obrero toda la noche, realizó una fusión con el obrero de la construcción, donde las acciones se distribuirían mitad y mitad y los beneficios, a ser distribuidos de por vida, serían los ingresos del estudiante, que en ese momento eran casi inexistentes y los ingresos del obrero de la construcción, que en ese momento, en términos relativos, eran excelentes.  Esa noche el estudiante no pudo dormir de la felicidad que sentía por el negocio que había realizado, pero dos décadas después tampoco podía dormir por la misma causa, ya que lo habían nombrado presidente de uno de los bancos más grandes de su país.  Ahora el obrero, ya retirado de la industria de la construcción, estaba feliz y tampoco podía dormir.  

Para que no le pase esto a usted, pase por Hispamer o por El Nuevo Diario y adquiera “reflexiones para la alta dirección empresarial”.  nramirezs50@hotmail.com

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